Necedades del sistema judicial



Un ciudadano recibe una notificación judicial a media mañana reclamándole un importe de 108 euros concerniente a 2004. La agente judicial que le hace llegar el documento administrativo jurídico, adoptando competencias que no tiene asumidas, le dice que si no abona el pago de la citada cantidad, se ve expuesto a la posibilidad de ser encarcelado. Cuando el hombre se detiene a leer el documento observa que se le da de plazo una audiencia para hacer frente al mismo. Consulta con un catedrático de Derecho Romano quien le hace saber que en tiempos de la Roma clásica, una audiencia era el tiempo que transcurría entre la salida del sol y su puesta. Pero que en nuestro tiempo, esa figura jurídica aducida en el documento no tiene cabida, ni se puede emplear técnicamente. ¿Qué nos lleva a pensar todo ello?
Primero, que la persona que ha redactado el mismo muestra una incompetencia digna de ser mostrada desde un libro de anecdotario sobre el sistema judicial, hasta las aulas de la universidad para aprender de errores ajenos. Pasando por las tribunas de los medios de comunicación para mostrar la incompetencia del funcionario o funcionaria de turno que la ha cometido. Un error multiplicado por dos, ya que como anunciábamos en el párrafo anterior, la funcionaria encargada de hacerle llegar la misiva le ha amenazado con la vía carcelaria si no cumple con ese pago. Esto último ya es más grave por un doble motivo; primero, la asunción de competencias y responsabilidades que no le pertenecen. Segundo, una amenaza que está fuera de todo comportamiento cívico, profesional y humano. Una actuación que desgraciadamente es más habitual de lo normal y de lo aconsejable cuando cualquier ciudadan@ se acerca a ciertos burócratas. ¿Qué hacemos con est@s personajes? Porque cuando se les va a ell@s a reclamar, sin embargo, asumen aquella vieja virtud que Mariano José de Larra tanto difundió del vuelva usted mañana.
¿Qué se esconde tras este paradigma de comportamientos y actuaciones? Además de la necedad e incompetencia denunciada, libre de escrúpulos, una muestra más de la vorágine en que las administraciones públicas de este país han entrado, azuzadas por los partidos políticos gobernantes, con el fin de intentar recaudar dinero por cualquier vía. Otra cuestión es que lo consigan. Ni el miedo, ni la ignorancia, forman parte ya del abecedario de la ciudadanía española como para dejarse amedrentar por los espíritus de chuchos hambrientos que polític@s y ciertos funcionari@s al servicio de aquell@s practican. Por cierto, empleado el término chucho con todo el respeto y cariño hacia los nobles canes, bastante más inteligentes y humanos que l@s pendej@s denunciados. Este ejemplo nos refleja otra carencia en la que ha caído este país y otros del entorno occidental, la nula separación de los poderes y de las instituciones democráticas. Vayan el legislativo, el judicial y el ejecutivo cada uno por su camino establecido en la Constitución y en su ordenamiento jurídico, y prevalezcan la soberanía popular y la dignidad humana por encima de todo.

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