Síntomas de recuperación



Se comienzan a percibir señales de mejoría económica en las calles; empresas de construcción afrontan la rehabilitación de fachadas de bloques. Otras se encargan de hacer las obras necesarias para montar ascensores en aquellas edificaciones más antiguas que carecían de ellos. Se aprecian viviendas que sus nuevos propietarios les realizan reformas. En el sector de los hostales y hoteles, también se están realizando mejoras para adaptarlos a las nuevas demandas, a los nuevos tiempos.
Si nos detenemos a observar la realidad de la hostelería, vemos como durante buena parte del día, las cafeterías, los bares, los restaurantes, comienzan a mostrar detalles de que están recuperando los niveles de ventas que tenían antes de desencadenarse la crisis hace casi cuatro años. En un país como España, este sector económico siempre nos transmite señales muy valiosas, si son estudiadas con rigor del estado de la microeconomía del país, con importante influencia a nivel macroeconómico tanto por los sectores a los que da servicios como por el significativo volumen de profesionales a los que da empleo.
Ya en la primera quincena de este mes, datos oficiales confirmaban que el pasado recién concluido, era el cuarto mejor de la serie histórica del turismo en España. Pero esa llamativa información tiene visos de completarse con mejores perspectivas, ya que en la jornada de hoy, el propio sector puede superar esas previsiones certeras iniciales, y convertirse en el mejor de la historia. Junto a la tradición turística nacional, otros factores internacionales han repercutido a favor de esa realidad: la mejora aunque no aún vigorosa de la economía mundial; la inestabilidad sociopolítica del norte de África como consecuencia de la caída de dictaduras como la de Mubarak en Egipto o la de Gadafi en Libia.
Sin embargo, frente a esos signos de mejoría, para que tanto en el entorno español como a nivel mundial, realmente podamos alegrarnos de haber iniciado una nueva etapa de desarrollo socioeconómico, son necesarios dar respuesta a una serie de cuestiones decisivas: ¿Cómo se va a repartir la nueva riqueza que se vaya generando? ¿Se van a acabar con los desfases injustos de sueldos entre accionistas, ejecutivos respecto a los técnicos? La juventud que vaya finalizando su principal etapa formativa y se quiera incorporar a la actividad productiva, ¿van a tener que seguir sufriendo situaciones de becarios mal pagados, o sueldos mil euristas? ¿Va a ser posible erradicar con la cultura de las envidias a nivel profesional entre los miembros de una compañía o entre empresas del mismo sector? Si a todo ello le sumamos, la necesidad imperiosa de conciliar la prosperidad económica y social con un buen uso de los recursos naturales, y con el respeto al medio ambiente, mientras no demos una respuesta comprometida a todas esas disyuntivas, realmente no estaremos abriendo una nueva fase de una democracia justa y humana mundial.  

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