La sencillez de la mezquita




La sencillez de aquella mezquita en pleno espacio urbano ayudaba a concentrar la conversación cercana y profunda a los tres hombres. Limpieza, paredes blancas que relucen, un pequeño mueble al fondo en el frente con los libros sagrados islámicos. En la pared del oeste un mobiliario modesto para acoger al equipo de música. El té, echo con mimo extraordinario, quedaba impregnado en los cielos de los paladares. En el suelo, esterillas limpias distribuidas a lo largo de toda la sala para fomentar el diálogo, la meditación, el rezo o la liturgia. Un reloj digital anunciando el día del año, las horas. 

Cuando llegó se encontraba el imán acompañado de un amigo, compartiendo la palabra. Les saludó y se sentó invitado a la casa de ellos, y de cualquier persona que quiera acercarse. Eran las preocupaciones que está viviendo la gente, las sociedades, de diferentes países -de todo el Mundo- lo que motivó el encuentro. Cada uno podía tener o no sus creencias religiosas, opciones legítimas de cada ser humano, pero el encuentro venía motivado por esa realidad cotidiana que estamos viviendo desde Sevilla a Helsinki, desde Casablanca a Nueva York, desde Tokio a Ciudad de El Cabo. La crisis socioeconómica fruto de una debacle en muchas instituciones y comunidades de valores y compromisos les hizo encontrarse en aquel lugar con el encanto de la humildad y la relajación.

Mucho silencio se necesita, requiere cada persona, cada ciudadan@, comunidad, país, para percatarse de los asuntos decisivos de la vida, de las trayectorias humanas. Descubrir el sentido de la existencia propia. Hallar los métodos y las actitudes para construir con el otro, con los grupos y las comunidades. Establecer nuevas maneras más justas, democráticas, de acceder y repartir los recursos de todo tipo. 

Entre aquellas cuatro paredes se podía sentir que los estereotipos que siglos de falta de convivencia habían establecido, o décadas de falsas imágenes lanzadas por la ignorancia o los maniqueos intereses de unos pocos, tenían que ser superados. Somos personas, tenemos que convivir, aprendamos a hacerlo superando atavismos del pasado y compartiendo un día a día para tod@s.
Para concluir, nuestros respetos a la familia de Steve Jobs y de Apple.

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