Andalucía y sus gentes




Inauguramos hoy esta nueva serie de artículos que vamos a dedicar a Andalucía y sus gentes, como reza en este primer encabezamiento. Su periodicidad es abierta y comprometida al hecho de querer llevar a cabo este proyecto, y dentro de nuestras circunstancias los iremos publicando. Surgió del interés por España y Occidente, y de la realidad de ser andaluz. Y ha ido tomando cuerpo la idea durante ya dos décadas, hasta que el pasado mes de octubre en un paseo por la Sierra Sur de Sevilla, junto al amigo Manuel Real Gracia, él terminó de prender la mecha para que la misma vea la luz. Empezando por ese poeta e intelectual, de estirpe agrícola y ganadera, que es Manolo, seguidor de otro pastor alicantino de renombre universal, y continuando en todos vosotros y vosotras, os dedicamos este espacio de sentimiento y reflexión que brota sobre esta tierra y desde ella. 
Andalucía tiene nueve letras en su nombre y ocho provincias en su cuerpo. La suma de cada una de ellas conduce a su condición de región. Como otras tierras de España no se ha visto librada en el pasado reciente, especialmente a partir de finales del siglo diecinueve, de esa lacra que fueron los provincianismos. Al incurrir en ese error, cayó en minusvalorar, en tirar arena sobre sí misma, porque está claro que juntas las ocho son y serán más. Sin embargo, esa realidad que incluso hoy tiene su residuo, no ha sido así a lo largo de sus más de tres mil años de historia. Incluso podemos afirmar que entre sus hombres y mujeres hubieron, hay y habrán, personas que miran con altura y profundidad de miras. Para quienes ser andaluz o andaluza es una manera, un estilo, una filosofía de vida que encuentra su sentido, su proyección, dentro de su realidad española, europea, occidental y, como dijo comprometidamente Blas Infante, compartiendo con el resto de pueblos.
Resulta muy significativo, que salvo algún incidente más anecdótico que de importancia real, Andalucía y sus gentes nunca han puesto en solfa la unidad de España. Haber nacido en Andalucía implica sentirse de nacionalidad española. Querer vivir como tal. Pero de cualquier manera, no. Tampoco, salvo rancios ultraconservadores o de la ultra izquierda que ondean las dos banderas, una la vigente constitucional y otra la antigua republicana, raro será ver a un andaluz recurrir a excesivos actos de ondear la insignia nacional. Eso no quita para que en eventos nacionales, la saque de su arcón y la muestre, para luego hacerla descansar nuevamente y por un periodo largo. De esa contribución impagable a la vertebración de España, en estos tiempos que proceden de la transición autonómica y la descentralización regional de nuestro Estado, la primera pregunta que os lanzo es: cuánto vale en Producto Interior Bruto esa colaboración en la vertebración del país. Consecuencia de ésa, son estas otras: cuánto aporta cada andaluz a la Renta per cápita nacional por no cuestionar lo que históricamente es una realidad construida por generaciones de mujeres y hombres.

Frente a las reivindicaciones regionalistas de otras partes de España, azuzadas como ya vamos sabiendo por grupos de interés minoritarios en esas regiones, que nunca por la mayoría de sus maravillosas ciudadanías, cuánto aporta la concordia, la paz social y mediática andaluza a la riqueza española. Estas cualidades que ofrece Andalucía a través de su opinión pública también la aportan los aragoneses, los extremeños, los castellanos de ambas comunidades, murcianos, cántabros, riojanos, canarios, asturianos, valencianos, madrileños (salvo aquellos que azuzan mediáticamente los particularismos), los baleares, y las dos ciudades autónomas.
Ser andaluza implica haber convivido desde tiempos de nuestros antepasados con culturas y pueblos de diversa procedencia, culturas de vida, creencias o no religiosas. Andalucía, como es obvio, es zona de tránsito entre África, Europa, Asia y América. Como sabemos, unos osados partieron desde ella para descubrir que la Tierra no tenía tierras finitas, sino que iban bastante más allá de lo que otros pueblos imaginaron y dieron por hecho incuestionable. Precisamente, entre esos osados había gentes de múltiples partes de España, lo que consolida esa visión integradora que desde Andalucía se practica de manera secular.
El fin de semana pasado se celebraba en el popular barrio sevillano de Los Pajaritos el Primer encuentro de pueblos de África. Después de unas dos décadas de convivencia de las gentes africanas que vinieron a hacer sus vidas a Andalucía, por fin un grupo de ellos de diversas nacionalidades tomaban la iniciativa junto a españoles de compartir un día de confraternización. Como señalaba un africano que se siente andaluz, y que responde al nombre de Miguel Ángel, ser andaluz es querer vivir de una determinada manera de vida, respetando tus orígenes y proyectando tu programa de vida. Ser andaluz implica vivir entre pueblos, entre fronteras, entendiendo que ser diferente es buscar aquello que nos une. Darnos cuenta de qué podemos compartir. Por eso la mujer andaluza ve el Mediterráneo o el Atlántico como puntos de navegación a los que recurrir para encontrarse con sus amigos de África, Asia o América.

Hoy en este día de comienzos del mes once del año 11 del tercer milenio, echamos esta serie andaluza de proyección global a la aventura. Junto a vosotros y a vosotras será posible con la ayuda de todos de que vayamos compartiendo experiencias y recorriendo mapas personales.

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