El escritor Martínez Belchí reseña Volver a amar (La catarsis)






Acabo de leer tu novela y me ha parecido muy interesante. Me da la impresión de que la figura de Pablo es en buena medida autobiográfica: si no me equivoco, has tenido que vivir alguna historia semejante a la que describes entre él y Claudia. Por mi parte, también he tenido al menos una experiencia muy amarga en este sentido: un error fatal en la elección de pareja, del que tardé demasiado en darme cuenta y que no corregí tan pronto como habría debido. En fin, el mundo del amor es muy complicado.

Por otra parte, es claro que tu novela  tiene también un alcance generacional: creo que muchos lectores podrán sentirse identificados con el proceso que atraviesa el protagonista desde que rompe con Claudia hasta que vuelve a sentirse en condiciones de iniciar una relación amorosa. Me parece que la figura del "amante amigo" (o "amigo con derecho a roce"; mis alumnos del instituto la llaman, crudamente, "follamigo") se encuentra hoy bastante en auge. En fin, el tema daría para muchas observaciones sobre la confusión entre lo sentimental y lo sexual propia de nuestra época, así como de la crisis espiritual y antropológica que hoy padecemos.

Está bien el decálogo de Pablo acerca de la etapa de  transición del desamor al amor. Pablo tiene que elegir y exponerse de nuevo, por tanto, a la posibilidad de equivocarse. En esta tesitura, muchos de nuestros contemporáneos optan por hacer algún tipo de "elección a prueba", con reservas secretas, parcial, timorata, de algún modo "posmoderna", en vez de apostar a fondo y con valentía por una mujer. En fin, es el signo de nuestra época, llena de "relaciones" -frágiles, pasajeras-, pero con pocos matrimonios dignos de tal nombre, de los de "hasta que la muerte nos separe".

Y una cosa más, por cierto: me parece que uno de los personajes de tu libro podría ser el germen de una futura novela. Me refiero a Rafa, el barman de Flaherty que estudia Sociología. Creo que este personaje, a caballo entre los mundos de la Universidad y de la calle y la sociedad sevillanas, podría convertirse en el eje de una novela que efectuase un sugestivo retrato de tipos humanos y costumbres de la España actual. El mundillo universitario y el microcosmos de un bar de moda creo que podrían dar mucho de sí; y, además, ahí podrías desarrollar tu vena humorística, sarcástica, irónica, que sale a relucir en algunos diálogos de tu novela. En fin, yo te doy esta idea, a ver lo que a ti te parece.

Hasta aquí digamos que "lo positivo"; pero en tu libro creo que también hay aspectos que se pueden mejorar. Por ejemplo, me parece que el personaje de María no está suficientemente desarrollado: aparece de una manera que, a mi modo de ver, resulta demasiado fugaz. Y en cuanto al estilo, dos cosas: por un lado, está claro que dominas un vocabulario amplísimo y que te mueves en él con soltura; pero, por otra parte, repites demasiadas veces ciertas palabras y expresiones (me vienen a la mente ahora mismo "fémina", "palpar", "cúmulo", "matiz", "trayectoria vital" o "espetar"; y hay otras más) y en otras ocasiones los términos que eliges no me han parecido los más apropiados en el contexto de una frase determinada. Yo, que también me dedico a esto de escribir, intento tener siempre presente lo difícil que es dominar el arte del estilo, y lo fácil que resulta caer en muletillas, clichés y malas elecciones sintácticas o léxicas.

¿Sabes una cosa que hago casi todos los días desde hace muchos años? Pues me leo y subrayo un par de páginas del diccionario, en un esfuerzo por empaparme de un castellano puro y correcto. Lo artístico vendrá después; pero, antes, es preciso escribir de una manera limpia y precisa: como Ortega, como Marías, como Gregorio Marañón, como tantos otros de nuestros grandes clásicos. El estudio diario del diccionario y la lectura asidua de los clásicos españoles me parecen la mejor manera de aprender a escribir como Dios manda. Por mi parte, no creo haberlo conseguido todavía: al menos, no tan bien como me gustaría a mí.

Creo, Manuel, que tienes madera de novelista. 

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