El niño de la bicicleta, una película imprescindible




Esta historia con varias microhistorias en sí misma es una joya de la filmoteca reciente, que con el paso del tiempo se convertirá en un clásico. La labor de los profesionales del cine francés de una época para acá está haciéndolo crecer. Eso es fruto en parte de haber pasado de los planos detalle, lentos, de las décadas de los cincuenta a principios de los ochenta, a asumir los ritmos narrativos de España o de Estados Unidos que van de la mano del día a día de las personas. Ese paso adelante además permite que las secuencias que requieren un temple, una cadencia distinta, también aparezcan en sus cintas cinematográficas, lo cual hace que los espectadores y las espectadoras puedan atrapar esos instantes de emociones, de acción o de meditación con mayor deleite. Y eso ocurre en esta obra que estamos reseñando.
El asunto que se trata, como consecuencia de ser una realidad de este siglo, ya viene siendo abordado por las Bellas Artes en sus diversas modalidades. Lo que hace diferente a este trabajo del equipo de los cineastas Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne  es cómo tejen las vivencias de cada uno de los personajes que la componen para mostrar la veracidad y autenticidad de cada biografía y relación interpersonal. El chaval ha nacido fruto de una de esas parejas que solamente comparten las ideas más frívolas de la juventud y ha provocado un embarazo para el que no están preparados. La madre perdió la vida. El padre se desentiende totalmente del muchacho. Para él su hijo es claramente un error del pasado del que no quiere ni acordarse. El chiquillo, en cambio, busca desesperadamente ese amor del que carece de sus progenitores. Todos sus esfuerzos son en baldío, llegando incluso a cometer un delito de pequeño robo con la única pretensión noble de tener el cariño paterno. La secuencia en la que su padre biológico rechaza el dinero, y le pide que huya y salga de su trayectoria, es antológica. Vemos en ella reflejada esa frase tan veraz y eterna que dice el amor ni se compra ni se vende…
El dolor, las equivocaciones, el equipo de artistas, de filmación y producción, las convierten en un canto de ilusión, de esperanzas. El lado dramático que tiene el mundo de los orfelinatos es superado a través de las familias de acogida. En el caso del protagonista principal, por la dedicación llena de amor, de nobleza, de altura y profundidad de miras, de la hermosa peluquera que le recoge cada fin de semana. En la narración, en la trama de El niño de la bicicleta, se pone en cuestión con sensibilidad y talento los paradigmas de familia a los que estamos acostumbrados. Ella, soltera con novio, llegado un momento decide romper con su pareja porque aquel le exige elegir entre él o el muchacho en adopción. Ella en un gesto de valentía y honestidad decide que quiere ser madre y que su ex vuelva si tiene que hacerlo.
Pero también El niño de la bicicleta cuestiona dónde está el daño y quiénes son los corresponsables de las dificultades que los niños y las niñas huérfanos o abandonados tienen que afrontar, ya que son sujetos que por su carencia afectiva y por la falta de una familia que les marque los límites y las responsabilidades de los actos propios, pueden caer en el mundo de la delincuencia. Y nuevamente aquí, guionistas, directores, actores, nos vuelven a hacer un guiño de reflexión serena y lúcida para mostrarnos que la avaricia de ciertos pequeños comerciantes de esta época es constitutiva de delito. Ese tipo de empresario y de mundo familiar que solamente piensa en las posesiones, en las propiedades, en el dinero, en las cosas, y que ha dejado a un lado la enseñanza, la educación de su hijo. Ese que ha roto a su manera las relaciones afectivas con su pareja o con los amigos, o con el amor hacia una labor filantrópica o placentera.
El niño de la bicicleta una fábula de nuestro tiempo contada con la trama de una novela mediante los recursos del cinematógrafo. Os sentiréis cuando os sentéis en una sala de cine que ha merecido la pena ir a verla…

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