Primeras pinceladas sobre Julián Marías: retrato de un filósofo enamorado



A Rafael, Francesco y Manuel Real

Es mediodía de un domingo de invierno que hoy se nos ha presentado silencioso como son los domingos en esta parte de España y en este barrio sevillano, en el que la niebla brumosa hace que el frío se sienta y el sol se esconda hasta que posiblemente aparezca en la tarde para que hombres y mujeres, y niñas y abuelos salgan a buscarlo y gozarlo. 

Después de una semana de intenso trabajo entorno a la escritura de la  nueva novela, a la que puse punto y final de un nuevo capítulo antes de que llegara el reloj a las cuatro y media de la tarde de ayer, el cuerpo y el ánimo fatigados por el vocacional esfuerzo pedían para hoy descanso. Y así lo estamos haciendo para que la mente se relaje; el cuerpo, especialmente los huesos cóccix y sacro, descanse de sus agujetas; y el alma comparta sensibilidades cercanas. Sin embargo, después de desayunar, de atender a unos tíos que han venido a ver a la pequeña Lucía -mi sobrina-, he subido a hojear la prensa. He encendido el ordenador y al mirar a la derecha me he topado con el libro de Rafael Hidalgo, Julián Marías: Retrato de un filósofo enamorado. Rialp. 

Anoche este ejemplar salió de mi maletín de trabajo junto a una carpeta con el capítulo de un libro sobre las perspectivas del mundo sanitario en el que tengo la alegría de participar junto a la buena gente y al excelente equipo de profesionales de la Organización Colegial Médica de  Aragón. Pareció decirme aquí estoy esperándote. Gocé de su primera lectura a primeros del pasado noviembre. Y este ensayo se goza desde su sencilla y elegante cubierta, clara como la vida de Don Julián. Su título es poético, evoca, tiene ese soniquete de lo dicho con sencillez y bellas palabras. Nos detenemos a apreciar su lomo y en su parte inferior observamos el símbolo, una flor, de Ediciones RIALP. Curioso, sintomático ese detalle; una flor para una obra que desde su título nos dice bien a las claras que se biografía a alguien que vivió enamorado, enamorándose. Porque Don Julián vivió haciendo, pensando, amando, compartiendo... 

Sigamos con los detalles, ¡cuántas emociones y vivencias encierra esta bella obra de Rafael! y no hemos llegado ni tan siquiera a su primera página. Porque Rafael Hidalgo desde sus tiempos de universitario sintió esa atracción irremediable que siente el discípulo hacia el maestro. ¡Cuántas vocaciones ha despertado para la vida el bueno de Don Julián! Y ahí está esperando a que personas de cualquier edad y rincón del planeta se acerque a su biografía y a su obra, a su mundo más íntimo, para conocerle y, sobre todo, para que quien le lea pueda hacer realidad ese viejo adagio griego conocerse mejor a sí mismo. Y desde ese conocimiento ir haciendo la vida propia, la personal.  

¡Y la foto de la cubierta! Esa en la que vemos a Don Julián con su mirada serena, meditabunda, llena de sensibilidad en sus tiempos en la tan querida Facultad de Filosofía y Letras. Como él y sus compañeros y compañeras de aquella generación nos mostraron, la mejor de su tiempo en Europa, y hoy podemos decir sin temor a errar, la mejor de Occidente en aquellas calendas. Y cuando el torso de Don Julián está a punto de llegar al estómago, allí donde la parte final de su corbata se insinúa, apreciamos el sello de la Universidad. Es la foto de su ficha universitaria. Como lectores, como editores vocacionales y profesionales, nuestra gratitud a su hijo Álvaro Marías Franco y a su amigo y discípulo Francesco de Nigris por esa imagen, por otras que acompañan al libro y por su colaboración humana a Rafael. 

Y en el anverso y en el reverso de la cubierta, tres palabras claves: enamorado, mujer, Lolita. No se puede entender a Don Julián sin la mujer de su vida. Como él nos dijo; ahí está su autobiografía Una vida presente, entre tres volúmenes, él hizo una obra, libros. Ella hizo personas, cinco hijos. Aunque cuando leemos y reelemos ese ensayo novelado de sí mismo, vamos cayendo en la cuenta de que fue hijo, hermano, amigo, discípulo, español, occidental, filósofo... 

Seguiremos hablando en otros artículos de este libro de Rafael Hidalgo, porque como los buenos textos ganan con el tiempo. Poco a poco será ese clásico que todo sincero y auténtico escritor imagina para su vida. Un servidor, con la venia de vosotr@s, va a continuar con su  segunda lectura en este mediodía de domingo. Disfrutad de la jornada con aquellos con quienes la compartáis.   

Comentarios

Publicar un comentario

Os animo a que comentéis los artículos y que entre tod@s hagamos de este blog un lugar de encuentro y debate serio y participativo, siempre respetándonos. Propón temas sobre los que escribir.

Entradas populares