De lo personal a lo social




Cuando Ortega está escribiendo su primer libro, Meditaciones del Quijote, que fue publicado por la editorial de la Institución Libre de Enseñanza, de su querido amigo Francisco Giner de los Ríos, dirá que el árbol que tengo delante no me impida ver el bosque. Esa frase como otra en la que él se sitúa introduciendo al lector desde la herradura del bosque de El Escorial, llevan implícitas circunstancias que no podemos dejar de explicar y de fecunda relevancia. Evidentemente, Ortega mientras escribe esa obra está viviendo en El Escorial. Y por eso nos sitúa ante el panorama en el que vive y contempla como los buenos escritores siendo consciente de la necesidad de atraer a quien le lee a través de una narración que le pegue el pellizco. Lo que busca es la interacción y el diálogo con quien le lee, con quien le escucha. Su posición es personal, como la de cualquier hombre y mujer de cualquier tiempo; ahora bien es consciente de que su mirada no se ha de centrar en una sola realidad o posibilidad a partir de lo real, sino que tiene que atender a todas las circunstancias. Por eso desarrollará una nueva visión sobre el perspectivismo. 

En poco menos de dos años se celebrará el primer centenario de la publicación de ese ensayo, que supuso la presentación al público, a la ciudadanía, a la sociedad, de su pensamiento y acción. Curiosamente, ese año, 2014, también tendrá lugar el primer centenario del nacimiento de su amigo y discípulo Julián Marías. Transcurrido ese tiempo, en este en el que estamos viviendo en día de llegada de la primavera, en el que el sol reluce en cielo celeste y el viento frío se deja notar -muy propios esos vaivenes meteorológicos de la estación en la que estamos entrando-; buena parte de España, de Iberoamérica y de Occidente no son aún conscientes de la riqueza y fecundidad de la Filosofía de la Razón Vital para la Persona. Es cierto que sus obras han sido editadas y leídas por millones de personas en muchos países y continentes, pero requieren ser asimiladas y puestas en acción para que toda la potencialidad que ya encierran y las que podamos ir aportando las nuevas generaciones, tomen vigencia personal, interpersonal, colectiva. Como ellos remarcaron, no es una filosofía acabada, está haciéndose con realidades y posibilidades ya logradas. Que de lo más personal y local, una persona; hasta lo más social y global, las sociedades del mundo, prenda y eche raíces fértiles. 

Vemos desde hace año y medio, como hombres y mujeres hablan, debaten, discuten, se manifiestan frente a los errores y las injusticias de nuestro tiempo. Eso es interesante, valioso, liberador, ya que implica que la persona y la gente están tomando conciencia de lo que están viviendo. Ahora bien, dados esos primeros pasos valiosos, en los que desde personas concretas a colectivos sociales están mostrando su repulsa a los egoísmos, las avaricias y las corruptelas, antes de pretender establecer nuevas normas o vigencias colectivas, se haga un riguroso, libre y comprometido ejercicio de los errores propios y colectivos. Desde luego invocar a lo que fue Rusia desde 1917 a hoy, no es modelo libre ni respetuoso con los derechos civiles ni democráticos. Vayan a las ciudades rusas y pregunten a un grupo de personas por sus vidas aquellos años. Es sintomática la serie de manifestaciones que desde hace tiempo vienen realizando desde personas concretas a colectivos sociales en ese país rechazando tanto el régimen aquel como el actual gobernante. ¿No son suficientemente esclarecedores esos comportamientos? 
Si conocen a alguna persona que haya nacido en países bajo la influencia del Pacto de Varsovia aquellos años, pregúntenles. Desde hace unas dos décadas en España hay rumanos, búlgaros, estonios... a quienes se les puede preguntar. 

Antes de pasar de lo personal e interpersonal hasta lo político, es necesario e imprescindible que haya un proceso creativo coherente, honrado y comprometido de lo que se quiere hacer y cómo llevarlo a cabo. Y que a cualquier hijo de vecino o colectivo que asuma un proyecto valioso desde el compromiso y la responsabilidad, se le dé la oportunidad de llevarlo a cabo, dándole los recursos para ello, a cambio de que asuma sus responsabilidades y después revierta sobre su sociedad u otra. Mientras esto no ocurra, y no hay que tener prisas normalmente malas consejeras, no se podrá dar el paso de lo social a lo político. Hacerlo será cometer un error innecesario y con tristes consecuencias que se pueden evitar. 

Es mediodía, se escucha el motor de una motocicleta, el sonido de una máquina cortadora que un trabajador usa, el sonido de alguna ave de fondo. Antes de hacer posible cualquier proyecto, miremos con sinceridad y dejando atrás los prejuicios, las posiciones grupales. Solo así será posible recomponer la filosofía del consenso.  


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