A raíz de la censura




Sobrepasa el reloj las diez de esta noche ya casi primaveral. Suenan los acordes de la sintonía En la nube de Radio 3. Por cierto, os recomiendo este programa, incluso para los que tenéis chiquillos en edad de ser amamantados; la música que suelen poner puede ayudarles a caer rendidos para alegría de padres y madres. En ocasiones, es posible escuchar a autores y periodistas de este equipo leer cuentos. Bueno a lo que iba; me ha inspirado este artículo otro del amigo y maestro Gaspar Garrote


Para quien no le conozcáis os comentaré que es filólogo de los buenos, de esos que te meten el veneno del buen periodismo y de la buena literatura cuando tiene el estudiante la suerte de tenerlo como profesor universitario. A quien le escribe le llevó a Ortega y a Julián Marías, lo segundo por la suerte del escritor de comprar una edición de La rebelión de las masas cuyo estudio prólogo era de Don Julián. Lo que no nos dio a muchos estudiantes el COU de principios de los noventa, el estudio del mayor filósofo español de todos los tiempos junto a Marías, nos lo dio la clase de Estructura del lenguaje con Gaspar. Nos decía entonces, entre otras perlas de su irónico verbo que al Nobel nunca le dieron un Borges. En la España de los primeros quince años de la transición democrática, resultaba que había centros educativos a los que no les daba tiempo llegar a Ortega, ni a la Escuela de Madrid... Curiosa paradoja, o no tanto, porque con Ortega y sus discípulos los españoles y las españolas no solamente volvieron a filosofar para la vida, sino que también reinterpretaron los autores y las escuelas filosóficas desde la Grecia Clásica gracias a que Ortega se marchó a estudiar su posgrado de doctorado a Alemania. Entonces, las bibliotecas alemanas disponían de las mejores ediciones en sus lenguas originales del pensamiento occidental. Y encima en sus aulas y facultades había filósofos de primer rango. Os lanzo una propuesta, coged cualquier buena edición de los Diálogos de Platón, o de la Ética a Nicomaco, entre muchas otras obras decisivas, y si son ediciones antiguas, comprobaréis que los traductores son compañeros o compañeras y discípulos de Ortega. 

Cuando Ortega falleció, allá en 1955, Franco y sus colaboradores más acérrimos dieron la orden a los periódicos y medios de la época de que las notas sobre el fallecimiento y las pompas fúnebres fueran frías y no elogiosas. Pretendían hasta limitar el tamaño. Como Don Julián Marías nos narra en el primer volumen de su autobiografía, Una vida presente, aquello no fue posible. El Abc de la época le dedicó su portada y bastantes artículos. Pero es que a nivel internacional, la prensa libre occidental le dio una cobertura informativa extraordinaria. En la foto que os adjunto podéis ver como miles de personas acompañaron al féretro durante su discurrir. Es increíble, pero cierto, hoy la gente se reúne en aglomeraciones -término de Ortega- para conciertos, eventos deportivos... En plena dictadura, y en ella no regalaban precisamente flores a quienes disentían, miles de personas acompañando al filósofo en  su último paseo en esta vida. 

Pero es que si leemos y releemos con detenimiento la incipiente, magistral y fecundísima obra de Don Julián Marías en aquellos años, ojo, estamos hablando de los años cuarenta y cincuenta (ahí están Ortega: circunstancia y vocación, Historia de la filosofía; Ensayos de convivencia, Aquí y ahora, o Los Estados Unidos en escorzo) observamos la finura, la sensibilidad, la agudeza y el tacto para superar la censura. Como él nos recordaba, todo lo que dije y escribí lo pensaba. Por ello, cuando llegó la transición, cuya figura fue determinante, y ciertos políticos españoles y sus altavoces mediáticos se obstinaron en lanzar mensajes como "a España no la va a conocer ni la madre que la parió", Marías nos alertaba de las consecuencias de palabras y actitudes como la apuntada. Y una vez más, su espíritu libre, responsable y comprometido acertó. Es la ventaja de hacer las renuncias obligatorias para ser la persona una misma, ajena a las ignorancias o a las maldades que otros lanzan con propósitos populistas.

En nuestro tiempo, los periodistas y cualquier ciudadano, hombre o mujer, tiene un compromiso hacía sí mismo y sus semejantes: pensar con libertad y responsabilidad para vivir sabiendo a qué atenernos. Son tiempos de dificultad, pero es precisamente en estos tiempos en los que toca nadar frente a naufragios reales o espectrales para salir a flote viviendo en libertad, construyendo una convivencia libre y solidaria. 

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