Aprendamos de la historia




A mi padre, a mi madre, a mujeres y hombres que trabajaron y trabajan en El Barranco

Hace unos años, durante la última venta del año 2008, la de la madrugada del 30 de diciembre, un mayorista de pescados y mariscos, Nicasio Fernández, me preguntó ¿qué iba a pasar con la crisis y cómo íbamos a salir? Había ido con el amigo Tato a que él conociera cómo se desarrollaba una jornada en el Barranco, manera de llamar históricamente a la Unidad Central de compra y venta de pescados y mariscos dentro de Mercasevilla. Recuerdo que, nada más aparcar el coche de Tato, y encontrándonos en uno de los muelles de carga y descarga, observando cómo los trabajadores y transportistas procedían a esas tareas, apareció Ángel Carmona. Como cualquier noche, desde su juventud, cuando optó por cambiar la aguja y la tijera de la sastrería, estaba pendiente a las partidas que recibía de uno de sus proveedores de los puertos de la mar. Al verme, sorprendido, espetó, ¿qué haces aquí hijo? Y con espontaneidad le respondí aquí he venido con el amigo Tato a que conozca el Barranco. 

Debían ser entorno a las tres de la madrugada cuando aquello ocurrió. Estuvimos dando una primera vuelta por la nave de pescados y mariscos y, a continuación, fuimos un ratito a conocer ese proceso en las naves de frutas y verduras. Antes de que comenzara la venta, como cada mañana a las cinco, regresamos al Barranco y me uní a mi padre, a Pepe y a Paco aquella jornada, y dejamos a Tato a su aire. 
La noche se desarrolló con las características propias de una jornada así; era el último día de trabajo del año, y con dificultades, siempre hay dificultades en ese mundo profesional y laboral, como en todos, se salió adelante con cierta alegría. El pueblo español desde hace siglos ha sido tan inteligente y sensible que con muy poco ha sido capaz de hacer mucho. Y esto no solo lo afirma quien ahora estas líneas escribe, sino que alguien con una capacidad sapiencial de leer fuentes documentales y de saber interpretarlas, como Don Julián Marías, así nos lo demuestra en su clásica, genial y fuente donde habremos de beber España inteligible: Razón histórica de las Españas. 

Y ahora dicho lo dicho, vuelvo a la vivencia y a la pregunta que me lanzó el amigo y compañero Nicasio Fernández. Por cierto, cuestión que no es ni de Nicasio ni mía, sino de todos nosotros. Y ahora voy a dar un salto en la historia, de cuando ni Nicasio ni yo habíamos nacido, y hombres y mujeres se hicieron durante largo tiempo una pregunta de la gravedad de esta. Eran los tiempos de la España previa a la Constitución democrática de 1978, los años de la dictadura anterior. ¡Qué mal e injustamente lo estaban pasando los hombres, las familias, de aquellos mayoristas, minoristas, trabajadores, exportadores de pescados y mariscos!, que tres de ellos con el respaldo de todo ese grupo humano, fueron a lo que ellos llaman desde entonces la Casa Blanca. Encabezaron esa representación de todos aquellos hombres y mujeres, Pepe Luna, Pepe Mejías y Manolo Carmona. E insistimos en un detalle, en una circunstancia, porque tiene hondo significado. No tenían el gusto de conocer a más de uno ni de dos de aquel grupo humano, pero sabían que, como en la genial obra de Lope de Vega Fuenteovejuna, iban todos y todas a una. 



Simplemente, ahora os recuerdo lo qué ocurrió tras aquella reunión para los que la vivisteis, para los que hemos recibido esa historia por fuentes bien documentadas, o simplemente para todas aquellas personas que hoy queráis escucharla y transmitirla. Aquel equivocado gestor de la Casa Blanca y mala persona, que había sido puesto en aquel lugar por quien había delegado en él, fue destituido. A partir de ahí, ganarse la vida siguió siendo complicado, como siempre lo fue desde hace milenios, pero la sonrisa, la coherencia, el trabajo bien hecho, los bienes y la decencia afloraron haciendo que la libertad, el compromiso y la solidaridad se compartieran, se redistribuyeran. 

Señoras y señores, para no cansarles ni aburrirles, volviendo al principio de esta meditación, a la pregunta que Nicasio Fernández nos lanzó aquella madrugada, cuando aún el amigo Fortu compartía momentos con nosotros en esta vida, y al amigo Iñaki le teníamos muy presente; voy a lanzaros una sugerencia: los Mercedes vienen y van. Los fajos de billetes en pesetas o en euros, se ganan, se ahorran, se invierten o se pierden. Los trajes o los zapatos de tacón se terminan por romper por los usos. Ahora bien, esto no es cuestión ni de izquierdas ni de derechas, y todas las personas tenemos lado izquierdo y lado diestro. Esto no es cuestión de creencias religiosas o no creer o dudar, aunque la ilusión, la esperanza y la resilencia, tengan que ser compañeras del viaje; esto es cuestión de ser personas y de hacer como en Fuenteovejuna. Y hoy la Casa Blanca está en Bruselas y la hoja de ruta a la que se comprometieron los 27 Estados, las entidades financieras y los burócratas se llama Agenda 2020. 

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