¿Cuál fue la primera palabra?




Y todo, cuenta la historia, comenzó con la palabra. ¿Cómo sería esa primera palabra? ¿Ese primer sonido que emitió una Persona? ¿A quién iba dirigido? ¿Sobre qué trató aquella primera conversación? Preguntas y más preguntas. Ya nos avisaba Julián Marías que más importante que las respuestas eran las preguntas, ya que a través de esas podíamos ir centrando nuestra atención en los asuntos decisivos sobre la vida. La tuya, la mía, la nuestra. Es curioso, mientras os escribo, me percato de que a través de un artículo periodístico estoy poniendo en juego materias y métodos de aprendizaje que son milenarios: la Filosofía, la Filología, la Comunicación, la Religión o Ciencias del Espíritu, la Sociología.

Y dónde se emitió aquel primer sonido. ¿Fue en un único lugar, o fue simultáneamente en varios? En estas cuestiones ya nos acompañan la Geografía y la Cartografía. Mujeres y hombres desde hace milenios hemos viajado de un lugar a otro. ¿Y qué buscaban a través de aquellos viajes? La narrativa entorno a los mismos es fecunda y larga. Se nos vienen a la memoria ahora La Odisea, El Diario de Cristóbal Colón, El Quijote, Siddartha, Poeta en Nueva York, Los Estados Unidos en escorzo, Ulises, Recuerdos y olvidos... Seguramente a quienes leáis esto se os ocurran otros libros, y en sus páginas viajar con sus personajes, sus tramas, por las calles y los espacios que sus escritores nos narraban. Por eso qué importante son las buenas libreras y los buenos editores, impresores y distribuidores. 

Y surge ahí la imaginación de quien lee. Esa mujer con su biografía que se sienta en su butaca, su silla o su sillón y se pone a disfrutar de la obra elegida. Tal vez le acompaña un café, una infusión o un vaso de agua. La luz del Sol o la de una lámpara que con suma elegancia un día halló y llevó hasta su casa. ¡Ay, el placer de la lectura en ese rincón del hogar! Nos saluda ahí la vocación lectora. Y tras una buena lectura, esa dama coge el teléfono o el chat, o sale a la calle, y se cita con otra persona, a quien llama amiga, para tertuliar sobre el libro que ambas leen en esa etapa de sus vidas. La tertulia, de Occidente, donde hombres y mujeres iban y venían formando una orquesta en la que no había distingo por sexo, edad, religión, ideas políticas o situación económica... Anoche, cuando veíamos un nuevo capítulo de la serie Imprescindibles, dedicado a la figura de Don Gregorio Marañón y Posadillo, saboreamos nuevamente el gozo de verle junto a su amigo Ortega. Por cierto, que ni Marañón ni Ortega eran dos ni eran cuatro, por aquello del Ortega y Gasset; y del Marañón y Posadillo. Es que ambos caballeros tenían madres; damas españolas. 


Y para ir terminando y no aburriros más, me pregunto y os pregunto, qué sexo tendría la primera palabra. A mí, con espontaneidad, modestia y una pizca de aquello; la verdad no es cuestión que me preocupe. Ni tampoco que si fuera femenina me sonrojase. Por ser hombre, cuestión biológica, otra ciencia por cierto, que no controlé, por ello no debiera ocuparme. Se me ocurre y ahora sí, una: amor. Esta os propongo y os regalo. Dime tú cuál te gusta y pregúntale a otra persona.  

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