Ser persona y convivir


A Esther, Pedro, José Antonio, Daniel, Quino, Rafael y Gaspar



Hay días en los que esto de escribir se torna más complicado que de costumbre. Entonces es mejor ni tan siquiera lanzarse a poner una letra sobre otra formando una palabra. Recientemente recordábamos a Mingote a través de un magnífico reportaje de los compañeros de Informe Semanal. Él aplicaba a sus dibujos lo que a escritores magistrales les hemos escuchado decir acerca de la vocación y del oficio de la escritura: ¡qué la inspiración o las musas me cojan trabajando! Esa realidad se puede aplicar a cualquier actividad humana; la de ser padre o madre; la de ser amigo; o compañero en el trabajo. Y evidentemente como nos recordaba el maestro Ortega, no es tarea sencilla cualquiera de las enunciadas o cualquier otra a las que os dediquéis las personas que nos honrreis con la lectura.

En esta tarde primaveral de abril de viernes, en este rincón occidental de España, he hallado la inspiración en las palabras de la vida de una musa morena en cuya tierra paró un marinero con su gente antes de partir hacia tierras desconocidas; y en los escritos de Rafael Hidalgo y Gáspar Garrote. Es curioso porque este último para hablarnos de las diferencias, convergencias, encuentros y desencuentros en el mundo de la filología, nos hablaba de objetos reales, objetos imaginarios y objetos verbales. Nos alertaba, en el sentido de poner el acento, la indicación en lo más importante, que los objetos reales y los objetos imaginarios son más que los objetos verbales. Claro que, cuando he cruzado la lectura del artículo de Gaspar con el de Rafael, se me ha encendido la bombilla de la sensibilidad. He sentido algo así, alentado por mi musa personal, a lo que debió sentir aquel griego hace muchos siglos cuando espetó eureka. 

Decía el maestro Julián Marías, pueden comprobarlo en su profunda y humana obra, que los sonidos extraños le hacían poner en duda la idoneidad o no de una palabra. Eso de que al oírla, eso de que al escucharla, le sonara mal, le hacía seguir buscando otro sonido, otro fonema, otro continente, para esbozar la idea, la reflexión, en definitiva, la vivencia que pretendía transmitir. Ahora, permítanme la acotación dentro de este texto que les estoy escribiendo, para referirme a la sensibilidad, al talento, a la humanidad extraordinaria de una maestra de la Filología como Dolores Franco, quien debió de poner en más de una y de dos ocasiones la finura para que aquel filósofo hallase la palabra o la expresión que perseguía con ilusión, constancia y autenticidad. Aquella que después regalarnos a cualquier persona dispuesta a escucharles. He empleado conscientemente la palabra escucharles (a él y a Lolita) y cierro ahora sí la acotación. 

¿Y por qué se preguntarían y actuarían así, busca que te busca, Don Julián y Doña Lola tras esa palabra o esa expresión? Tal vez porque en su sonido, en su deliciosa y sensible manera de decir resida su gracia. Bien distinto es ser graciosa, caer en gracia que hacerse el gracioso. Y si hallamos la gracia, posiblemente lleguemos a las almas a las cuales honradamente pretendemos llegar. Y esto bien vale para entablar un sano diálogo, para afrontar un enriquecedor debate, para pedir una disculpa o bien para aceptar un error ajeno. 

Y leyendo a Rafael, y cruzando reflexiones con las de Gaspar, he caído en una cuenta que os traslado ya para no cansaros. Y lo hago en forma de preguntas ¿tal vez nuestra crisis resida en que la gente, las personas, tienen hoy en día demasiados objetos reales y anhelen más objetos imaginarios, en lugar de comunicarse entre sí? ¿Tal vez demasiados Seat 600 deseando convertir en Mercedes de última gama? ¿Y no nos paramos a hablar con el chiquillo, con la amada o con el abuelo?






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