Sombras de Papel, toma II


Al conocer al cineasta Domingo Doreste, estamos descubriendo a alguien apasionado por el cine sobre épocas de la historia. Sus ojos y sus palabras transmiten la pasión y la locura por personajes reales y ficticios, por las diferencias sociales que se produjeron en otros tiempos, por los vestuarios y los escenarios que han marcado una época y han dejado su huella sobre los que vinieron posteriormente. En la mesa del Salón Auditorio, nos llaman la atención una serie de elementos a caballo entre el último tercio del siglo XVIII y el primero del siglo diecinueve.



Un farolillo de metal en tono gris marfil nos indica cómo se alumbraban las mujeres y los hombres de aquel tiempo para leer un libro, mantener una agradable tertulia cuando la luz de la luna estaba presente, o cuando los amantes se iban a la alcoba a versar sobre el amor y el deseo. 
Unos zapatos de mujer de tacón sobre piel de fondo negra decorado con artísticos dibujos en varios colores nos hablan de la fantasía de los maestros zapateros de aquel tiempo, quienes conservaban un talante artesanal en sus creaciones para dar gusto a los apetitos de las damas de la alta burguesía o de la nobleza. Como pueden comprobar nuestros lectores, la literatura, la pasión, la lujuria y la moda, dándose la mano entonces como ahora. ¿Y aún no hemos aprendido como para que se esté produciendo una crisis como la vivida? 

Ojalá, como somos españoles, salgamos adelante conservando, no solo intactos sino fortalecidos, el talento y la sensibilidad para vivir con alegría, con vocaciones y compromisos. Es en esta segunda parte donde radica la clave. Dominada y fortalecida ella, España desde Canarias a Cantabria, desde Badajoz a Baleares, emergerá floreciente. Ya nos recordaba Julián Marías en su imprescindible España inteligible: Razón histórica de las Españas, que cuando la denominada Armada invencible fue derrotada, la armada que la sustituyó dispuso de aún más y mejores recursos. ¿Por qué este detalle es apenas conocido? La envidia extranjera, a modo de propaganda maliciosa, se encargó de tapar la realidad de la España de entonces. ¿Nos vamos a seguir dejando engañar por agencias de calificación avariciosas, políticos que comen de sus manos, sindicalistas afines, y por aquellos medios de comunicación que les hacen el juego? 

Nos habla Doreste y todo el elenco de mujeres y hombres que forman parte de Sombras de Papel, que entre finales de la centuria del XVIII y principios de la del XIX, las diferencias sociales eran tan abismales que era inimaginable que alguien del pueblo llano soñara con alcanzar una subida en el escalafón social. Por cierto, otra falacia histórica determinista que se fue a pique y esa sí que fue vencible en la segunda mitad del siglo XX. Parte de la raíz frondosa y sana de las democracias occidentales radica precisamente en ello. ¿Por qué tanta obsesión obtusa y miope por hacerlas derrocar? 
En el periodo histórico que nos relata Sombras de Papel, hubo un español de Aragón, Goya, que soñaba con ser pintor de cámara del rey y de la alta nobleza. Y a fe que lo logró. Ahora bien a cambio hubo de perder lo más valioso que tenía: vivir a su manera. Les recomendamos el genial ensayo de Ortega, Goya, para que ustedes lo comprueben. No fueron ni la Guerra contra los franceses por la invasión napoleónica, ni la sordera, ni ningún encargo, lo que hizo que Goya pasara de retratar y reproducir la alegría de la gente de su tiempo a sus pinturas tenebristas. Fue dejar de disfrutar de una copa de vino con su amigo Zapater, de escuchar cantar a las tiranas (las cantantes de la época) en las tabernas, o de una buena comida lo que le llevó a desechar la vida de palacio y a pintar su serie conocida como Pinturas negras

Por ello y a modo de meditación para hoy, aprendamos de Goya, de Sombras de papel y mientras sale el Sol por Gran Canaria o por cualquier rincón de la Península, disfruten del goce de la vida. Háganlo viendo balbucear a una nieta, leyendo un buen libro -ese que pasa a la historia como clásico-, haciendo senderismo por el Roque de los Muchachos o comiendo un rancho canario. 

Comentarios

Entradas populares