Viernes de claroscuros



A creyentes de cualquier religión y a no creyentes

Se escuchaba un pajarillo cantar durante la madrugada, Madrugá en el sur de Europa. Ha encontrado esa ave concreta su lugar en el mundo desde que la primavera comenzó a asomar por esta parte del mundo incluso antes de que las calendas matemáticas y geofísicas dieran por inaugurada su versión de 2012. En mitad del silencio, que preside la noche, no se escuchan ni los motores de los camiones de la limpieza, ni el de los coches de los seducidos por las barras noctámbulas, ni el de las furgonetas de los comerciantes de los barrios que han ido a abastecerse a los mercados centrales para abastecernos a nosotros.

Ha dejado de llover durante unas horas, y el pajarillo a eso de las tres de la Madrugá se ha puesto a cantar. Canta, canta, nos canta. Y conforme avanzan los segundos, los minutos, su música va de menos a más hasta interpretar un concierto que emociona a quien se deja admirar y atrapar por la sencillez y sensibilidad de su canto. Hace unos días unos hermanos suyos, dos gorriones, posados sobre la copa de un naranjo florido, picaban las hojas de azahar que el árbol les ofrecía. Un azahar ungüento para cualquier persona que tenga una preocupación, un problema o una dolencia. 

Hace más de un siglo, habían hombres y mujeres a quienes les dolía su España. Supieron ver lo que les faltaba, no supieron ver con total nitidez lo que tenía. ¿Qué ocurre hoy? La gente, ciertos políticos, sindicalistas, financieros y otros, se dejan arrastrar por esa dicotomía. Una sugerencia, lean con goce y sin prisas, con holgura, los capítulos que Julián Marías dedicó al último tercio del siglo diecinueve y los primeros veinte años del siglo veinte en su España inteligible. Es curioso y sintomático porque en ellos incluso rectifica cuando y donde tiene que hacerlo a su amigo y maestro Ortega. Revelador y sugerente. He ahí parte de ese 5% que le escuchamos decir a quienes seguíamos sus cursos sobre Europa en el Conde Duque. Decía, después de hacer muchos balances durante décadas, que Ortega había acertado en un 95% de lo que había dicho y escrito. ¿Cómo será el mundo si la mayoría de las personas acertáramos en un 95% de nuestras decisiones y las hiciéramos converger en pro de unas causas comunes?

Tal vez será más hermoso, próspero y más justo, como el canto de ese parajillo que nos lo regalaba cuando la luna llena presidía la noche y el sol desde la distancia iba creciendo; para él las egolatrías ni las vanidades importaban. Si así fuera, otros gallos nos cantarían. Llegan ecos desde Francia de un político que se vuelve populista cada vez que asoman elecciones. De figura parecida al inspector Crussoe de la Pantera Rosa y, por tanto, menos inteligente que aquella, refleja el carácter de ciertos deportistas de su país quejosos de que ya no suena la Marsellesa con tanta frecuencia como otroras tiempos. Bello himno la Marsella, ¡verdad Bogart! No tiene letra el himno de la roja y gualda, pero sí hombres y mujeres de diferentes disciplinas que lo hacen sonar con su trabajo comprometido y honesto allá por donde van. Y cuando hermanos y hermanas de Centro América y Sudamérica, logran sacar adelante sus proyectos, la España ibérica se tiene que sentir plenificada. 
No sustituyamos las miopes conductas de las regiones intraeuropeas por nuevos neonacionalismos ni en tiempos de comicios ni en ningún otro. Ni ahora ni nunca, menos aún en estos tiempos en los que desde otros países no occidentales los derechos de la persona, los derechos civiles y sociales no se respetan porque casi nunca lo hicieron, y eso hoy más que nunca tiene gran repercusión desde niños hasta ancianos de Occidente. La excelencia es aquí, en Manila y en Alaska, venga de donde venga y la interprete quien la interprete. 

Cantaba el pajarillo, y políticos en el poder recibían la adulación en balcón principal para ver salir esa Esperanza que llora por la muerte del Hijo y sonríe por la Resurrección de Aquel. Y aquellos estadistas que reciben la condescendencia de los medios afines y de los que controlan, para gozar y cumplir con la otra Esperanza de la Madrugá, se deleitaban horas después en otro balcón con nombre de campana. 
¿Cuándo harán ellos y ellas que canten las campanas de las inversiones imprescindibles para la educación, la sanidad, la administración competente, las pymes y las cooperativas? Firmó un zapatero una Agenda con el beneplácito de uno que dice que no se va a rajar con la aplicación de las reformas, y ambos contaron con el aval de rancios partidos regionalistas del norte y noreste de España. Agenda Europea 2020. ¿Cuándo a diferencia del pajarillo que cumple con su bello hacer y cantar, van a hacer ustedes que cumplan los bancos franceses, alemanes y chinos? 

Mientras no lo hagan, no serán dignos de ser representantes de la soberanía nacional. Y para ustedes no cantará el gallo de la resurrección. No serán Pilatos ni Claudia Prócula; serán Herodes, Caifás y Dalila.  

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