De 1812 a 2012, lecciones del ayer para el mañana


La lluvia se ha hecho presente durante toda la mañana y parte del mediodía en el suroeste de España. Por momentos ha arreciado, haciéndose más intensa cuando ha soplado el viento de costado desde el suroeste hacia el nordeste. Curioso este fenómeno o no tanto cuando las borrascas se forman con fuerza en el Golfo de Cádiz y sopla el viento de Levante. Hablando de Cádiz, de la que últimamente hablamos con frecuencia por el Bicentenario de La Pepa y por el recorte a los derechos personales y ciudadanos que los europeos y americanos estamos sintiendo en los últimos años, nuevos paralelismos podemos hallar con aquel tiempo y este nuestro. Sobre todo si nos paramos a observar y analizar con detalle lo que ha ocurrido con empresas españolas en dos países hermanos, en dos de las Españas de América, como los definió Julián Marías. 

Primero fue la nacionalización por decretazo de la filial argentina de Repsol. Luego, ha ocurrido la nacionalización por imposición del ejecutivo boliviano de la filial en su país de Red Eléctrica Española. Tengamos presente que en 1816, los criollos argentinos decidieron independizarse del gobierno absolutista de Fernando VII. En 1825, se produce la independencia de Bolivia. En los acontecimientos de nuestro presente, toca ahora dejar que por las vías de la diplomacia económica empresarial junto a las vías jurídicas y políticas se produzca la negociación en ambos asuntos para ver cómo se terminan saldando. Habrá que apreciar con tranquilidad, mesura e hilar fino para valorar las consecuencias reales que ambos acontecimientos van a tener sobre las citadas compañías; sobre las relaciones entre España, Argentina y Bolivia; sobre las relaciones entre Europa y América. En función de cómo se desarrollen las negociaciones, los acuerdos o los desacuerdos, tanto el mundo occidental como el resto del mundo se van a ver influidos con mayor o menor gravedad. Estamos en un momento de la Historia en el que el Derecho Internacional Público y Privado se está rehaciendo. Y, por tanto, nos exigen los acontecimientos, lo que se está haciendo y no haciendo, que sea claro, lo más humano posible y se aplique respetando los acuerdos establecidos. Y he aquí donde va a tener que hacerse un ejercicio comprometido y responsable de la aplicación del mismo. Y, sobre todo, para que tenga vigencia y sea respetado por todas las partes e instituciones implicadas, desde las personas hasta los Estados, será imprescindible que desde el ciudadano en edad de estar escolarizado hasta la abuela que disfruta de esa etapa de su vida, desde la pequeña empresa y mediana empresa hasta las multinacionales, desde los tres poderes clásicos a los medios de comunicación, vayan aprendiendo y asimilando unas nuevas maneras de relacionarse y de tratarse que respeten los tratados y acuerdos consensuados, en los que primen valores cotidianos como la honradez, la humildad, o el respeto a la palabra dada.

Cuando los países hermanos de las Españas americanas se independizaron tras la vuelta al trono de Fernando VII, dado que los criollos (hijos e hijas de españoles de la Península Ibérica y de hijos e hijas de indios) se negaban a continuar con las maneras y los contenidos absolutistas de Fernando VII y su corte, se tomó aquel fenómeno como una afrenta y como una separación de dos mundos que juntos realmente formaban uno a partir del respeto de sus singularidades. Unas singularidades que habían sido capaces de crear una unidad de costumbres y hábitos comunes que enriquecieron a ambas. Por poner dos ejemplos sencillos, pensemos en que de América trajimos el café o el chocolate. Y desde la España peninsular los exportamos al resto de Europa y del mundo, principalmente a Asia, generando unos hábitos alimenticios, sociales y económicos que enriquecieron a las partes implicadas. Un enriquecimiento que fue más allá de la redistribución del trabajo, del dinero o de las posesiones. Permitió ampliar el horizonte de la vida de las personas y sociedades ya que fomentaron el arte de la tertulia, de conversar sobre cualquier asunto de la vida. Y alrededor de la tertulia se impulsaron las bellas artes, las relaciones interpersonales e intergeneracionales. Las sociedades y los pueblos se hicieron más flexibles, menos rígidos. 


De Europa a América llevamos entre otros inventos y productos, el carro y la patata. Hoy en día, si estamos en Canarias, saboreamos de las papas arrugas con mojo. Si estamos en Galicia, saboreamos las patatas acompañando al pulpo. Las patatas dados sus aportes vitamínicos y su sabor ha ayudado a superar el hambre. Por tanto, Europa contribuyó con su siembra a que en América el tubérculo se convirtiera en un fruto con el que afrontar eso tan necesario como es la buena alimentación. Entorno a la patata, artistas como Van Gogh entre otros, se han parado a contemplarla para mostrar su valía como fruto y para mostrarnos cómo se tejían las relaciones personales, interpersonales y sociales alrededor de ella.


¿Qué lecciones podemos extraer del ayer para el mañana, de 1812 a 2012? Es normal que Argentina y Chile quieran explotar sus reservas energéticas. Ahora bien, es necesario que las inversiones de las empresas y entidades de la España Peninsular, que suponen personas con una profunda formación, con una sólida experiencia, que implican inversiones en procesos de transformación y en procesos técnicos y tecnológicos, sean recompensados. E implica que los derechos de los trabajadores y de sus familias sean respetados. Si esos tres países son capaces de ponerse de acuerdo, el interés común será el que prevalezca. Tengamos presente que España dispone en territorio de la Península Ibérica, de importantes yacimientos de energías renovables (agua, viento, sol, …) y que cuenta con personal humano y procedimientos técnicos y tecnológicos para convertirlas en frutos para sí misma y para terceros. Ya la experiencia nos ha mostrado, y ahí están los desastres como el de Chernóbil o el del Chapapote en Galicia, que la contaminación cuando se produce en un punto limítrofe del Planeta, éste repercute sobre varios países y deja sus huellas para los demás. Por ello, desde aquí invocamos a la necesidad de debatir, de dialogar, de ceder cada una de las partes implicadas en pro del beneficio de todos.  

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