Del Nido y Compañía, rectifiquen, sí o sí




A Santiago Coca, maestro de periodistas y deportistas

Concluye la temporada liguera 2011-2012, conociéndose ya a estas alturas varias realidades: que el merengue cotiza este tiempo mejor que la butifarra, aunque curiosamente cierto sector de la afición blanca y una parte considerable de los aficionados al mundo del fútbol sigan prefiriendo la estética y las maneras culés que las que gastan el clan portugués y quien les da potestad ejecutiva. Algún día se le caerá la máscara a quien da fumata blanca con cara de no haber roto un plato con tal de que sus compromisos financieros y empresariales, vía entidad deportiva, salgan adelante.
Por cierto que cierto sector de la prensa afín refleja ese sentido de la desmesura que en otro coliseo de enorme solera y sapiencia hace tiempo que se desató: las Ventas y las polémicas del Tendido 7. Eso en el fondo muestra una realidad más dura y que es necesario observar, analizar y curar: el estrés con el que se vive en el Madrid de nuestros amores.  ¡Cómo no se van a equivocar o dejarse equivocar políticos, financieros, sindicalistas y demás, si todos tienen prisas por conquistar Madrid! Es curioso, porque unos y otros se quejan de los dogmas de la monarquía y de la Iglesia, y unos y otros se han revelado más dogmáticos que los propios dogmas.

Porque a pesar de todo, Madrid es una ciudad para ser querida y atendida. Y que se haya hecho inabarcable para la persona en los últimos cincuenta años, no quita que siga siendo deliciosa si te abstraes de la velocidad sin sentido que en ella se aplica como cultura estándar y te decides a recorrerla con la magia que tenía otro 7 capaz de parar el tiempo en el área o en sus inmediaciones. Entonces nos encontraremos con ese Madrid de la excelencia, que nos gana porque siempre nos guiña el ojo para que volvamos y lo haremos, que van desde el Paseo de la Castellana a la carretera de Andalucía. Pero ni ese Madrid ni nosotros tendremos prisas por ganar cómo sea, y por el camino nos pararemos a tertuliar en la Residencia de Estudiantes, en la Fundación Ortega Marañón, en la Casa Museo de Sorolla, en la Casa de Lope de Vega, en el Retiro o rendiremos homenaje a Larra en el Museo Romántico antes de tomarnos una Mahou o unos vinos por las tabernas del Rastro o Malasaña.

Y si queremos paladear la calidad excelente de la historia y la naturaleza, tomemos sin prisas ni atascos sus caminos para llegar al Escorial, Aranjuez, la Sierra del Guadarrama o Alcalá de Henares, y dejémonos llevar allí por el ritmo de la vida sabia como el que aplican ese bonachón salmantino que se alió con zapatones y sus muchachos para hacer del fútbol arte y gloria universal. Porque ellos dos más todo un cuerpo técnico desde hace años prefirieron sembrar con paciencia, constancia y amor a unos valores de siempre para tiempo después recoger los laureles que las categorías inferiores -las más laureadas de Europa y tanto como las de Argentina o Brasil- venían alcanzando desde los años ochenta. Fueron como los primeros españoles que desde las montañas cántabras regresaron a sus tierras del Sur Ibérico respetando a los ejércitos y pueblos vencidos, y permitiendo la convivencia sana intercultural, interreligiosa e interétnica. Rechazando la ayuda libertina, injusta y de rapiña de otros reyes europeos de otras partes de Europa. ¿A qué nos suena esto hoy sin ser ni Merkel ni Sarkozy rey ni reina? Para desde el Sur Peninsular llevar los límites terrestres más allá de Finisterre y descubrir tierras desconocidas. Por cierto, que algo así va a necesitar el Racing de Santander, una refundación a partir de sus sanos principios hoy ocultos, para regresar a la Primera División después del desaguisado de las últimas campañas. La fiel afición cántabra lo merece.  

Y vamos al toro sureño que ya avisa desde que lo anuncian en el frontispicio de la zona de chiqueros a los sones de una cornetilla, que no son precisamente los acordes y la letra de la armoniosa, pasional y atrayente música del Arrebato. Ahora que quedan dos jornadas para terminar la competición liguera, porque la europea terminó para el Sevilla en la primera eliminatoria allá por el mes de agosto de 2011, y la del Rey tras una intensa eliminatoria con los ché en enero, y el ridículo se ha consumado. En palabras del Sí o ,un fracaso de temporada”.
 Pero, ¿por qué se ha fracasado? ¿Por qué se ha hecho el ridículo? Ya nos avisaban nuestros filósofos que más importantes que las respuestas son las preguntas. Los errores vienen de lejos. Ya lo avisamos en otros artículos que hemos ido dejando por el camino en estos últimos años. Todo empezó a torcerse en el tránsito de diciembre de 2009 a enero de 2010. Entonces, el Sevilla andaba tercero en la clasificación a escasos puntos de los gigantes del fútbol nacional y europeo, clasificado como primero de su grupo de la Liga de Campeones –le esperaba el CSKA de Moscú en los octavos de final-, y clasificado para jugar las rondas decisivas de la Copa del Rey. Por cierto, que esa temporada acabó siendo 4º clasificado de la Liga tras un gol extraordinario de un canterano sobre la bocina en Almería, Campeón de la Copa del Rey tras dar cuenta del Atlético de Madrid recién proclamado Campeón de la Uefa Europa League, y quedó apeado de la Liga de Campeones en octavos por el CSKA de Moscú cuando lo tenía todo a favor.

¿Y qué ocurrió entre medio y después de todo ello? Pues que desde la Presidencia del Consejo de Administración, desde los medios de comunicación institucionales y desde cierto sector de la afición, se dio fuerte y flojo al entrenador en el cargo de puertas para afuera dejando a jugadores, a otros cargos ejecutivos de la dirección deportiva y del consejo de administración, y también de la cantera, libres de rosita. El muñeco era el entrenador de turno. Entonces, los más de ocho lesionados que el primer equipo tuvo durante más de cinco meses no eran razones obvias ni justas. Tampoco lo era el desgaste emocional y físico que los jugadores que habían logrado los éxitos –algunos ya como David o Javi Navarro fuera de la práctica del fútbol profesional-, habían tenido y empezaban a mostrar su desgaste. Por cierto, desgaste que ha mostrado con la honradez y coherencia que le caracteriza Guardiola cuando la semana pasada nos anunciaba su hasta otro momento. Tampoco podía el cuerpo técnico escudarse en que la dirección deportiva había pasado de unos años de una excepcional gestión deportiva, alabada con razón en todo el mundo, a una cada vez más deficiente gestión de la misma. Los casos de los Romaric, Konko, Zokora, Chevanton, Boulahrouz, entre otros, por su falta de profesionalidad y de compromiso hacia el club que les contrató y hacia sus compañeros lo demuestran. Ya nos anunciaban los viejos capitanes Javi Navarro y David a quien antes nos referíamos, que por algo la experiencia es un grado, que una parte importante de los logros del Sevilla había radicado en el equilibrio humano del vestuario. Por cierto, bastante alejado ese ambiente del que reina para desgracia de la institución como hechos recientes han mostrado en el que hasta el mejor arroz se ha pasado.

Y en toda esa realidad, la que en los tiempos de bonanza y de gloria se presentaba como la mejor cantera de España y una de las mejores del mundo, se comenzó a descuidar tanto por parte del Consejo de Administración como de los entrenadores que desde que se fue el de Arahal, apenas miraron para abajo salvo en cuestión de extrema necesidad. Y lo curioso es que por entonces, entre 2008 y 2009, el primer equipo juvenil del Sevilla, se alzó consecutivamente con las Copas del Rey de su categoría, un hito no solo en la historia del Club sino también un logro que hacía mucho tiempo que no se lograba en España por otra entidad futbolística. Ahí están los Dani Jiménez, Cala, Campaña, Luis Alberto, Salva, Bernardo, Luna o Rodri. ¿Por qué no terminan de asentarse esos jugadores en el primer equipo como futbolistas de primer nivel? ¿Qué ha pasado o está pasando por el camino? Pablo Blanco, responsable de la cantera, habrá de dar cuenta de ello. Él que desde finales de los ochenta observó que los canteranos andaluces lograban hasta juveniles mejores resultados que los norteños, algo habrá de decir. Entonces Blanco se dio cuenta de que los norteños hasta esa edad estaban más preocupados por vivir como chavales. Pero que a partir de esa edad se daban cuenta de que querían vivir de aquello y se cuidaban. Tal vez ahí radica parte de los logros del actual Bilbao o del Barcelona. Y la referencia a los juveniles tampoco en estas líneas es casual. Porque esta tarde a partir de las seis, los juveniles del Sevilla van a jugar la Final de la Liga de Campeones de España frente a los del Real Club Deportivo Español de Barcelona. Ojalá queden campeones, pero si son subcampeones, no pasa nada. Una prueba más de que están al máximo nivel de su generación. Y la semana que viene tendrán la oportunidad de conquistar la Copa del Rey de la categoría; comenzarán la eliminatoria de octavos frente al Valencia.
¿También van a dejar pasar esta generación magnífica sin que triunfen en el primer equipo y se consolide realmente como un club de cantera del máximo nivel continental? Responsables incluidos los propios futbolistas y sus entornos habrá si eso acaeciese.

Para ir terminando, una cosa es la austeridad para cuadrar balances –necesaria por otra parte cuando es menester-, muy propia de economistas neoconservadores, y otra bien distinta saber administrar con intuición y lucidez los fondos propios. Porque si con valentía e inteligencia un ejecutivo quitó razones a su Señor Padre y a sus partidarios de la necesidad de vender el estadio para sufragar la ruinosa deuda, tanto no apostar un poco por ciertos jugadores en lugar de por los malos profesionales ya dichos o por ciertas pequeñas inversiones, también han lastrado la gestión de la institución.   
Así que una vez más, aprendamos de la historia para remediar sus equívocos y consolidar sus logros. 

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