El artículo, primero seducir





A los amantes de la particularidad y a quienes le atrae la generalidad
Escribir un artículo, como todo en la vida, exige un esfuerzo, una constancia. Se convierte en arte cuando el articulista fruto de su vocación y constancia, de su capacidad de mirar a la vida y a la gente que pasa por delante de él, lo practica y practica, y ¡ay Jesús, Jesús!, tanto, tanto gusta, que quienes le leen le proclaman artista. Incluso cuando al articulista pasa a mejor vida, o eso dicen los que aún no se fueron de ésta, llega a ser tomado como ejemplo por las nuevas generaciones de periodistas y lectoras, y su obra comienza a ser estudiada en manuales, cursos, tesis y demás. Incluso para entonces, hasta el más osado de sus envidiosos colegas plumillas, tras mucho rechinarle los dientes y tras haberse mal curado su úlcera de estómago, acaba reconociéndole su magisterio. En el fondo, siguiendo el ejemplo del personaje de Tiñoso en la serie Érase una vez la vida, aquel nunca dejo de admirarle en el modus operandi que emplea el envidiador. 
Ser subjetivo en el artículo como dicen los sagaces lectores no solo forma parte de la norma y de la lógica, sino que es propio de quien elige ser personal, ya sea en su condición sexuada de hombre o mujer. Porque perdone su Vuecencia, por algo prefirió La maja que la retratara desnuda y vestida el pincel de Goya a que lo hiciera el de otro no tan diestro pintor. Porque convendrán ustedes que no es lo mismo que te retrate con su muñeca, sus yemas y su talento Don Francisco o Don Pablo –en homenaje a Málaga y su gente-, a que lo haga un objeto inanimado. Porque esa es la gran falacia en la que incurren los generalistas, pensar que se es objetivo, brillante y la voz de la verdad, extrapolando las cualidades y los atributos de un hombre o de una mujer a un instrumento. ¡No generalistas, no! No es igual tomarse un vino de los labios de la amada mirando al Mediterráneo a su paso por Andalucía, que emborracharse con jugo aguado de la vid en vaso de plástico y contemplando un basurero.
Y para ir concluyendo, el retratista, que diga articulista, tanto monta, monta tanto, por cuanto Picasso gozó viendo escribir a Alberti, y el poeta y dramaturgo disfrutó en el estudio del pintor, si el amigo lector es interesante, cítese con el periodista. Entre tapita y tapita, vislumbrará el cronista si quien deambula entre lo general y lo particular, es personaje de primera o de la contra del periódico, o tiene un perfil de un pasaje novelesco, o ¡quién sabe!, si como Alonso Quijano es digno de la más alta aventura novelada que conocieron los tiempos.    

Comentarios

Entradas populares