El cielo gira, cine auténtico



En la noche de ayer, el espacio cinematográfico que presenta Cayetana Guillén Cuervo en La 2 de TVE, nos obsequiaba con el regalo de la película española El cielo gira. Este film del año 2004 y estrenado en 2005, con numerosos premios de la crítica nacional e internacional, es un canto a la vida y al cine vividos con autenticidad. Todo el equipo humano que dirige y coordina la cineasta Mercedes Álvarez -quedémosno con su nombre porque son los que acaban echando raíces clásicas-, con muy pocos medios logran una obra de arte cinematográfica. Y es aquí donde comienzan a surgir las preguntas y las reflexiones. ¿Cómo es posible hacer cine del bueno, dicho en expresión popular Cinco jota, con pocos recursos económicos, tecnológicos y humanos? 

Ya saben Ustedes que en este blog tenemos querencia por las preguntas, y que a partir de ellas a veces incluso somos capaces de arrojar alguna luz con sus respuestas. Pero primero las cuestiones. Al escuchar y observar la tertulia posterior a la emisión de la cinta entre la presentadora, la propia directora Mercedes Álvarez, el crítico cinematográfico Miguel Marías, y el escritor y guionista Julio Llamazares,  hallamos nuevos matices que nos ayudan a responder a esa cuestión y a otras. 

Se llama haber desarrollado una vocación y, por tanto, sensibilidad y talento para el cine tanto la citada directora como el resto del equipo. Pero junto a esa ilusión que es la vocación en cualquier campo profesional o humano, son necesarias otras cualidades. Y está claro que entre ese grupo humano se encuentran. Está el compromiso hacia cada miembro del equipo, saber trabajar con los compañeros y que el talento y la sensibilidad se pongan al servicio de una causa común. Y me pregunto yo ignorante e inocente, ¿a dónde estarán mirando desde Bruselas a Madrid, desde Pekín a Washington los especuladores y consentidores de los tiempos que vivimos? Como le decía el inolvidable Humprey Bogart a Lauren Bacall, rubia sílbame si lo sabes. 

Esas cualidades y actitudes exigen esfuerzo, constancia. Supone haber aprendido con buenos maestros (empleo este término en su forma neutra, que les recuerdo a los puristas de un bando y de otro -¡el poema de Machado tan presente!- que existe en español y engloba al masculino y al femenino). Y una voz de mujer, la directora; y unos cuadros de un pintor en su estudio pintando, Pello Azketa; y unos 17 hombres y mujeres que viven en Aldeaseñor -provincia de Soria- haciendo de actores y actrices. Ellos que nunca habían estado en una escuela de actores, que no se habían subido a las tablas de un escenario para interpretar, allí dándonos dos lecciones magistrales: una, cómo convertirse sin afanes vanidosos, en intérpretes porque un equipo humano de profesionales del cine han sabido llegar hasta ellos. Dos, cómo ser auténticos con la vida que libremente hace décadas decidieron llevar. Tan coherentes, sencillos y honestos son, que hacen de la sabiduría ejemplo cotidiano. Se enfrentan a los problemas con sentido común, espontaneidad y compromiso. No echan de menos ni las mansiones construidas por burbujas inmobiliarias y financieras; ni a princesas del pueblo ni a reyes cazando; tampoco a los partidos políticos ni a los políticos nacionales que mandan a sus lacayos a pegar carteles para pedirles el voto y luego si te vi, como en la foto de las Azores, no nos acordemos ni tú ni yo ni el otro de lo que pasó en Londres, Madrid o Nueva York. Pero la diferencia es que esos hombres y esas mujeres, y el excelente equipo de rodaje, sí que nos enseñan lo que es tener memoria histórica, memoria para la vida. Por eso acogen a un pastor marroquí y a su familia en su seno, demostrando lo que fue la autentica convivencia de las Tres culturas en la Edad Media y en el Renacimiento. 

Ahora para terminar, os dejamos con un enlace a una secuencia de la película El cielo gira.

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