Encontrar la alegría en la sencillez



En la última semana, casi toda la Península Ibérica se ha visto cruzada por un frente anticiclónico que ha llegado desde el Sáhara. Ese fenómeno meteorológico ha provocado una subida de las temperaturas, tanto de las máximas como de las mínimas. Lo peor de la subida de las temperaturas es cuando lo hacen las mínimas, superando los veinte grados, y además ese aumento se produce de manera continuada y reiterada durante varios días, como ha sido el caso que hemos vivido en estos siete días. Las consecuencias las hemos notado sobre todo en las regiones más al sur de la Península. Se ve obligado uno a poner el aire acondicionado con lo cual es más probable que la nariz, los ojos y la garganta se sequen. Además, tener cerradas las ventanas de los edificios -desde el centro de trabajo al hogar- acrecienta una sensación que vamos a representar con la expresión enlatados como sardinas. Estar tantas horas con ventanas cerradas y persianas echadas, mientras se trabaja o se dedica la persona a cualquier actividad, acrecienta esa sensación de estar encerrada. Esa emoción aumenta si la persona realiza una actividad creativa que exige mucha concentración, tener la mente y el ánimo despejados y activos, porque consumimos más energías de nuestro organismo. 

Y no solamente las personas nos resentimos cuando eso ocurre. Esta mañana, cuando aún se notaba la brisa fresca del amanecer, hemos observado un hecho curioso: después de varios días sin escuchar el canto de los pájaros, aquel ha vuelto a aparecer. De pronto, aún despertándonos, nos hemos realizado una pregunta. Por qué está ocurriendo esto. La intuición y la memoria biográfica nos han llevado a recordar que hacía varias jornadas que aquel melodioso, alegre y vital canto de las aves había desaparecido. Entonces hemos caído en la cuenta de que ellas, durante estos siete días, habían también desaparecido de nuestro entorno cotidiano. Habían huido de la calor sofocante y buscado refugio en otros sitios que les resultaba más grato. 

El canto de esos pájaros no tenía la finura de otros albores del día. Sin embargo, ¡era tan grato escucharles! que pronto caímos en la cuenta de que hasta los mejores músicos y las más excelsas orquestas trabajan y ensayan hasta afinarse. Los pájaros estaban ensayando de manera particular y colectiva para reencontrar ese punto de afinamiento extraordinario que habían mostrado en muchas otras jornadas desde que el mes de marzo comenzó a anunciar la primavera. 

Pensemos, revivamos y sintamos de nuevo los cantos de cada ave y del grupo. Por qué, preguntaréis vosotros. Para sentir la alegría cotidiana de estar vivos. Hace años, gozando de la majestuosidad de las sencillas dependencias del Conde Duque de Madrid, escuchábamos a Julián Marías hablar de Europa; la de las personas y los pueblos; la Europa de los grupos y de las sociedades; la Europa de las ciudades y de los países. Decía Don Julián que la historia europea se había alumbrado gracias a la capacidad de cada uno de sus miembros de aprender un instrumento y ponerlo al servicio del resto de la orquesta. Comparaba a Europa con una gran orquesta. También nos advertía él de que esa Europa real era muy distinta de la Europa oficial (la que interpretan sobre actuando o dejándolo de hacer mirando para otro lado los burócratas y los políticos). La primera es la que hay que sacar adelante y darla a valer; la segunda es la que hay que poner en su sitio y exigirle responsabilidades. Lo estamos viendo en estos años desde que se desató la crisis de todo tipo que asola al mundo desde hace ya más de un lustro. No tengamos miedo a equivocarnos, cuando se cometa el error, pidamos disculpas y rectifiquemos. Pero seamos como esos pájaros que vuelan hasta encontrar su lugar en el mundo. Y debatamos, extrayendo las preguntas importantes, acerca de por qué nos está ocurriendo esto y qué podemos hacer para superarlo. Tal vez será entonces, cuando las primas de riesgo no nos preocupen en demasía, ni tampoco si gobierna este o aquel partido político. Porque tal vez será entonces cuando cada persona empiece a ser capaz de vivir sin ataduras a cadenas en las que no cree o por las que se dejó atar -hipotecas desmesuradas; trabajos sin vocación o empleos basuras; amores o amistades de quita y pon; ciudades sin alma e inabarcables para el ser humano y la ciudadanía...-

Tal vez entonces, la persona, que soñó volar como los pájaros, e inventó el pájaro técnico y tecnológico del avión, dé un paso en la conquista de esa vivencia que es ser libre y respetar la libertad del otro. Incluso tal vez entonces, cuando llegue la hora del último vuelo, porque todos lo haremos, hayamos aprendido de los buenos pájaros a compartir ese trance con las personas queridas. 


Os dejamos con la obra musical de Pau Casals El canto de los pájaros. 

Comentarios

  1. Así sea. Claro que, para volar, hay que estar dispuesto a arriesgar y no hacer pie. ¿Seremos capaces?
    Un abrazo.

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  2. Buenos días Rafael; me imagino que estáis dando los últimos retoques al libro de cuentos o apunto de tenerlo en vuestras manos salidos de la imprenta. Va a ser una alegría para todos, sobre todo para tus dos pequeñas. Un abrazo.

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