Axel Munthe, un clásico actual (I)


Este escritor sueco, nació en 1857. Por tanto, pertenece a la generación que va desde el año 1850 a 1864, incluyendo las personas nacidas en ambos años. Miembros de su generación fueron, entre otros, Stevenson (La isla del tesoro); Oscar Wilde (El retrato de Dorian Gray); Natorp (La religión dentro de los límites de la humanidad); Chejov (La gaviota); Freud (La interpretación de los sueños); Planck (formula su teoría cuántica); Emilia Pardo Bazán (Los pazos de Ulloa); Menéndez Pelayo (Historia de los heterodoxos españoles).
Su formación y actividad principal fue la Medicina, hasta que después de la publicación de su obra La historia de San Michele, dado el éxito de crítica y público, compatibilizará sus vocaciones clínicas con la literaria. Años después, escribirá Lo que no conté en la historia de San Michele. Y, precisamente, vamos a reseñar esta novela que consta estructuralmente de catorce capítulos, y que además cuenta con un prólogo de unas seis páginas que escribió Munthe para explicarnos los motivos que le llevaron a escribirla. Es ésta una costumbre que por cierto se ha perdido en nuestro tiempo, que el propio autor explicite en un prólogo los estímulos y las razones que le llevan a afrontar la escritura de un texto. Ya se sabe, cuestión de estilos de edición de cada época. Ahora bien, es obvio, que aunque en ocasiones suponga navegar a contra corriente de modas, de estilos de edición e incluso de la costumbre lectora, romper con lo establecido supone un soplo de aire fresco necesario, sobre todo, cuando se hace con el magisterio que alcanza Axel Munthe.
Pero no solamente Munthe escribió el reseñado Prólogo, sino que también el último capítulo lo titula A modo de prefacio, lo que nos recuerda a los Epílogos. Sin embargo, en el mismo Munthe nos sorprende, por cierto, algo muy importante cuando se trata de poner cierre a cualquier obra.

Esta novela apareció en Estocolmo en 1929, y no vería la luz en español hasta 1935, en plena Segunda República y en vísperas de la … Resulta curioso que editoriales españolas señeras de la época, caso de Revista de Occidente o Espasa Calpe, entre otras, no dieran el paso previamente a la traducción y publicación de la misma antes. Sobre todo, teniendo presente que su precedente, la ya apuntada Historia de San Michele, fue un éxito literario y de ventas. Llegado a este punto, dejamos en aire, por si algún lector e investigador bien informado conoce los por qué, tardó tanto tiempo en editarse en nuestra lengua. Más aún cuando, por ejemplo, la obra filosófica de Martin Heidegger Ser y tiempo, publicada en 1927, saldría incluso publicada en español –por unos meses- antes que en la editorial alemana que la editó en su edición original. En este sentido, recordaba Julián Marías ese hecho, ya que fue precisamente él quien la tradujo a nuestra lengua. Por cierto, que hemos de decir, que posiblemente la más completa escuela de traductores de la época fue la española. Los hombres y las mujeres que se venían formando en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central –luego Complutense-, hicieron una labor de traducción y edición extraordinaria. Cualquier persona lectora que se precie, cuando coge un libro de cualquier disciplina, y se detiene a observar la calidad lingüística y literaria de la traducción, puede sentir la alegría de estar ante alguien que dominaba no solamente la lengua extranjera, sino también la propia y el contenido traducido. Lo que supone cazar tres pájaros de un tiro. ¿Hay alguien hoy que dé más, siendo capaz de incluso mejorar el propio refrán cazar dos pájaros de un tiro? Sin caer en la cuenta, o al menos sin pretenderlo de antemano, acabamos incluso de hacer una chicuelina a todo un mito de nuestro refranero. Es una de las ventajas, entre otras muchas, de aplicar a diario el pensamiento a partir de la Filosofía de la Razón Vital.
La edición que manejamos es de 1942, de Ediciones de la Gacela, con sedes en Madrid y Barcelona. Como se apunta en el reverso de la página de la Portadilla, la traducción es de Alfonso Nadal y las ilustraciones de José Narro. En la parte inferior de la citada edición, se indica Única traducción española autorizada. Ese detalle muestra un hecho que antes comentábamos respecto a otro matiz de edición; de un tiempo a esta parte, en la página de Créditos estamos acostumbrados a leer y ver el símbolo del copyright ©.
Como verán, apenas hemos entrado en el contenido, vamos a interactuar con nuestra comunidad lectora para proponerles si seguir o no con una segunda parte de esta reseña literaria. Por cierto, costumbre muy ibérica desde los tiempos del gran filósofo español en las páginas del diario El Sol. Antes de despedirnos, esperando vuestra participación, solo diremos que esta edición de hace setenta años tiene el tacto propio de los libros encuadernados en piel, con ilustración grabada en su cubierta con papel del metal tan preciado desde el descubrimiento de América, y con el mismo tipo de grabado usado para el título de la obra y el autor en el lomo.
Lo dicho, se abre el tiempo de la interacción con vosotros. 

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