El efecto seductor del “todo lleno”




Hacia 1929, Ortega inició una serie de artículos ensayísticos en el diario El Sol, que recopilaría dando unidad a la obra, con el más que conocido título de La rebelión de las masas. Destacaba nuestro filósofo cómo se estaba gestando y desarrollando el fenómeno de las aglomeraciones. Años después, Julián Marías advertiría que será a partir de los años cincuenta en adelante cuando el hecho social de las aglomeraciones adquiriría la vigencia que Ortega descubrió con su lúcida mirada.
Ha transcurrido casi un siglo de aquellas palabras y de los argumentos que Ortega ofrecía, y ese hecho social se ha consolidado. Entre las múltiples consecuencias que las aglomeraciones vienen teniendo están la sobreexplotación de los recursos naturales de los que disponemos, de los recursos que fabricamos o de los servicios que prestamos. Ahora bien, ¿qué efectos erróneos o perjudiciales tienen las aglomeraciones de nuestro tiempo? ¿Cómo podemos ir poco a poco, sin prisas, ir superando las aglomeraciones? ¿Qué modelos de vida alternativos podemos ofrecer frente a las aglomeraciones?
Las cuestiones una vez más son decisivas porque nos permiten acotar y elegir los asuntos importantes, aquellos que tienen honda gravedad y repercusión sobre la vida de las personas, de los grupos, de las sociedades e instituciones. En el párrafo anterior, hemos recurrido a una expresión de manera plenamente intencionada; sin prisas. Una realidad claramente inherente a las aglomeraciones son las prisas. La gente va de un lugar a otro demasiado de prisa; están las aglomeraciones urbanas en las vías públicas.

En las ciudades más pobladas del mundo, también es fácil observar las aglomeraciones en los transportes, sobre todo en las horas punta. En esta imagen podemos corroborar el hecho en una estación de metro de Bilbao, que siendo una gran ciudad tampoco llega a los niveles de población de Madrid o Barcelona, de Londres o Río de Janeiro, de Pekín o Nueva York. 

Y entre las aglomeraciones urbanas y las aglomeraciones en los medios de transporte, también hallamos las aglomeraciones en las zonas dedicadas a los establecimientos de compras. En nuestro tiempo, este hecho último está acaeciendo en lugares tan dispares como los grandes centros comerciales, las zonas de tiendas en los cascos históricos de las ciudades sobre todo europeas, o en los supermercados y en las tiendas de toda la vida cuando llega el fin de semana. Y este último acontecimiento, si que nos resulta relevante, porque desde los centros comerciales hasta en tiendas de toda la vida en los barrios se producen las prisas sin sentido. Y una de las consecuencias de esas aglomeraciones a las horas de comprar además de las prisas malas consejeras son el estrés y la ansiedad.

Esas realidades, que tú, que nosotros, podemos apreciar a diario, especialmente en las citadas horas punta y en los fines de semana de horario comercial o de servicios, están teniendo unas importantes consecuencias para la vida de las personas, para las relaciones de pareja y de amistad, para las relaciones familiares, para la vida social, … Y llegado a este punto, nos vemos en la obligación sincera de hacernos nuevas preguntas, ¿realmente nos merece la pena vivir así? ¿Es esa la vida que queremos hacer? ¿Cómo podemos superar los inconvenientes y errores de ese paradigma vital para la persona y la ciudadanía?
Esas aglomeraciones ya apuntadas desde los tiempos de Ortega y Marías, hoy en día también se producen en los acontecimientos culturales. Son las que podemos llamar aglomeraciones culturales. Entre ellas están los grandes espectáculos como el fútbol, los conciertos de los grupos más reconocidos comercialmente, y otros hechos. Aquí un botón de muestra a través de la fotografía que adjuntamos.

Ahora bien, como ya sabéis los lectores que leéis y participáis en este blog, aquí en el Rick´s Café, somos amigos de la perspectiva alegre y positiva. Por ello que tengamos aquí tendencia a proponer lo positivo que también ocurre a nuestro alrededor, o en aquello de lo que participamos con nuestros proyectos vitales cotidianos.
Pero realmente, cuando visitamos las tierras de España o de otros países, o a través de la comunicación con personas bien informadas de otros lugares, el hecho de las aglomeraciones culturales no solamente se está produciendo hoy en día en las ciudades más populosas. Por efecto contagio, ese modelo se está importando desde hace tiempo también a ciertos sectores oficiales de la cultura en los municipios de tamaño medio y pequeño. Y nuevamente aparecen nuestras amigas las preguntas: ¿por qué están ocurriendo en esos espacios humanos y urbanos? ¿Quiénes los promueven y por qué?
Y hete aquí, que el sabio gallo canta, una vez más, canta.

Y qué nos canta, te preguntarás tú, inteligente lectora. La canción “del ombliguismo”. Su letra no es nueva, sus intérpretes algunos, los más rancios, sí. Pero como los gremlins, os acordáis cuando se metían en agua, se reproducen. Por tanto, tienen discípulos y descendientes de nueva generación. La partitura del ombliguismo también es vetusta. De hecho, Ortega también la captó y mostró en un libro anterior al que apuntamos al iniciar este artículo. Ortega lo reflejó en su España invertebrada, que vio la luz editorial allá por el año de 1921. En todo ombliguismo hay una base excesiva de egoísmo. Décadas después, Marías, en su ya también muy apuntada en este blog España inteligible: Razón histórica de las Españas, nos mostraría el método orteguiano mejorado y completado, e incluso matizando algunas observaciones a su amigo y maestro.
Para ir concluyendo, diremos que hoy en día, para superar los fenómenos del ombliguismo, de las aglomeraciones, de las prisas, del estrés y la ansiedad, desde Shangai a Sao Paulo, desde Lepe a Yepes, es necesario que las personas y los grupos aprendamos a dejar de actuar y vivir como compartimentos estancos. Nuestra vida y nuestro tiempo nos exigen, en el noble sentido del verbo exigir, que sea posible conciliar la visión de una obra de teatro, la presentación de una antología poética colectiva, o el estreno de una ópera. Será menester que los municipios y los munícipes, los ciudadanos y los gestores públicos y privados, dejemos de mirarnos tanto el ombligo para ser eso que originariamente somos o tenemos que ser, personas.



Comentarios

  1. A mí también me produce asombro el carácter quasi-profético de "La rebelión de las masas". Tiene una vigencia desbordante.
    Un abrazo.

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  2. Aún recuerdo el día que la adquirí. Fue en una librería de toda la vida de Moncloa. Luego tuve otra "cuasi profecía", estaba esperando el bus delante de la cafetaría Galaxia. Sentí, sin haber entrado allí ni conocer lo que había pasado, que aquella cafetería tenía algo que contarnos. Un año y pico después, supe en un curso de historia sobre la transición política, que allí se reunían los golpistas del 23 F.
    La siguiente revelación vino de la mano de aquella edición de La rebelión de las masas, la edición de Espasa Calpe llevaba un prólogo de Don Julián. Cuando fui leyendo prólogo y obra sentí que aquellas eran dos almas gemelas. Luego fui conociendo y entendiendo todo lo demás entre ellos.
    Lo hablábamos el día de la presentación en Málaga, con Gaspar Garrote, Ortega lo clavó. Ojalá él y otras personas nos acompañen en la resurrección de los hijos muertos.
    Un abrazo

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