Frente a los dualismos, frescura y coherencia



Como estamos sintiendo, el calor se ha apoderado de la Península Ibérica. El aire que llega del desierto del Sahara se hace notar, en Canarias con la calima, en Andalucía con el Levante, y así sucesivamente. Es normal, es verano. Por eso, ayer, cuando en España se celebraba el triunfo de la selección de fútbol sobre nuestra vecina y hermana Portugal, el aire fresco comenzó a llegar; la mayoría de la ciudadanía celebró también la entrada de aire fresco. Parece que el Poniente, el aire fresco que llega desde las aguas del Atlántico comenzaba a ganarle terreno a la aridez y a las masas de aire caliente.
El genial Aristóteles en su obra Ética a Nicómaco ya nos avisaba de cómo el tiempo también influye en la vida de las personas y de los pueblos. Estos griegos clásicos ya se percataban de eso tan importante que es mirar alrededor de la vida. Por tanto, hemos de estar contentos de que Ortega y otros estudiosos españoles de diversas áreas hombres y mujeres– se fueran becados a universidades alemanas y de otros países a hacer sus estudios de post licenciatura. Nos recordaba Ortega en sus Cartas de un joven español la extraordinaria calidad de las bibliotecas alemanas de aquella época –primera década del siglo XX– que contaban con ejemplares en las lenguas originales. Como nos recordaba a un pequeño grupo de doctorado y maestría José Luis Molinuevo en 1999, esa fue una de las razones vitales que llevó a Ortega a su ampliación de estudios a Alemania.
Hoy, podemos dar gracias a Ortega y a esas personas que hicieron ese esfuerzo noble, herculano, por las generaciones de entonces y de ahora. Podemos citar, entre otros, a María Zambrano, María Araujo, María de Maeztu, Julián Marías, Dolores Franco, Francisco Ayala. Poder leer, analizar, estudiar y sacar aprendizajes de aquellos textos en sus lenguas originales, posibilitó a Ortega y a sus discípulos de la Escuela de Madrid –que tiene continuadores por Europa y América, cuando menos–, formarse una mirada propia. Aquella que empieza por el ya conocido yo soy yo y mis circunstancias, y si no las salvo a ellas no me salvo yo.
Además nos posibilitó a todos contar con estos textos en excelentes traducciones al español, y que se generase una Filosofía para la Vida en lengua castellana. ¿Hay quién de más?

La vida, la tuya, la mía, la de todos, se ha complicado sobremanera en los últimos años. Nada nuevo bajo el Sol ni la Luna. De eso ya sabían mucho hasta nuestros antepasados griegos y si tienen ustedes dudas, pregúntenle a Sócrates. Entonces no había prensa ni medios de comunicación audiovisuales, pero las informaciones, contra informaciones y propagandas también a su manera se difundían. Recordamos cuando éramos niños que nos hablaban de Esparta, Atenas, Mileto, … Y cada una de esas ciudades tenían sus características propias, algunas se compartían costumbres o creencias comunes– y otras no –ideas en las que se disentían–.
Hoy muchos siglos después, Europa, la de las personas, la de los niños que tienen que ir a la escuela, tiene problemas graves. Tampoco nada nuevo en esta Tierra europea ni en el resto del planeta. La Europa de los mil euristas, de los desempleados, de los trabajadores con sobre carga de responsabilidades, asume cada mañana una faena ciclópea. Ya inventaron nuestros tatarabuelos griegos sus imágenes, símbolos y narraciones para dejarnos constancia de ello. ¡Gracias por advertirnos!
La Europa de los pequeños autónomos y sus modestas y laboriosas plantillas de profesionales también tiene un toro de miura o de Mileto que torear cada jornada. Pero es que en el resto del mundo, la mayoría de las denominadas PYMES también tienen enormes dificultades que solventar cada veinticuatro horas. Y resulta que son las PYMES de aquí y de allá las principales sostenedoras del trabajo, de la redistribución de los recursos monetarios y demás. Nos recordaba Andrés Ortega Klein recientemente que si había un Doctor para Europa, que se mantuviera con su equipo pendiente de ella.
D. Andrés, su abuelo que tanto sabía de toreros y del mundo del toro, nos puede decir: ¡y figuras del toreo para esta Europa, chiquillos! De eso bien sabían él y Cossío, entre otros.
Ayer por la tarde, en esa hora previa al comienzo del partido de nuestras queridas España y Portugal –Estados, pueblos y personas de la UE y europeos–, un periodista caminaba por el entorno del Parlamento de Andalucía. Allí llevaban concentrados desde las cinco de la tarde, personal del mundo sanitario y de los medios de comunicación manifestándose por los recortes que afectan a sus bolsillos y a las condiciones de trabajo. ¿Qué no llevamos visto desde finales de 2007 en Grecia, Portugal, Islandia, Irlanda, Estados Unidos, Israel, …? La suma de países sigue; Sr. Lector, Sra. Lectora, la puede ampliar usted. Por cierto, que el edificio del Parlamento de Andalucía fue antes Hospital. ¡Ay, qué curiosa es la historia! Y ha sido desde centro privado para el público necesitado –una fundación de la época de los mecenas en el siglo XVI– hasta ser centro sanitario público en los años previos a la transición democrática cuando se cierra para tal uso.
Esos hombres y esas mujeres que estaban manifestándose precisamente no estaban en la playa tomando el Sol, y ya os podéis imaginar el calor que hacía allá ayer.
Ya nos lo advertía el amigo estadounidense Harold Raley, la mala y la errónea política se han apoderado de todas las circunstancias de las personas y de los pueblos desde los años setenta en adelante. El error tiene solución, rectificar se llama. La mala también, exigir responsabilidades a los corruptos. Por cierto, que empleando una expresión que ya usé en mi tesis doctoral es necesario estar ojo avizor. Durante los años de bonanza en Occidente o, al menos, en parte de Occidente, había motivos para manifestarse, para reflexionar personal y colectivamente. Y luego de esa meditación, para consensuar un programa de acciones democráticas y llevarlas a cabo. ¿Por qué no se hizo? Maquiavelo, D. Nicolás, lo explica en El Príncipe. Pero abuelo, si el florentino vivió entre los siglos XV y XVI.
Sí, nieta, y Sócrates vivió entre los siglos V-IV a. C.
Creo que ahora empiezo a entenderlo, de aquella calima de la Grecia de Sócrates al levante de Maquiavelo. Y de oca en oca, calor sofocante en el siglo XXI.  

Comentarios

  1. Muy bueno, Manuel. Desde luego el primer paso para desenredar la madeja es hacer lo que tú haces: ¡tener memoria histórica!

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  2. Me alegro de que te haya gustado. Por cierto, a ver si los "Hijos muertos" resucitan. Ayer gocé de la tarde con el amigo José María Prieto y me hablaba de Javier Franco, el hermano de Doña Lola. Fueron muy amigos y mantenían el contacto posteriormente. Ojalá nuestro sherpa más cualquier otra alma sea capaz de abrirles el espíritu colectivo. Un abrazo.

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