Lo que no conté...n




... en la Historia de San Michelle, de Axel Munthe, representa la Europa de las ciudades en sus barrios más humildes del primer tercio del siglo XX. La mayor parte de los escenarios representan la lucha por la vida y sus dificultades para sacarla adelante que las mujeres y los hombres de aquel tiempo tuvieron que hacer. Un aroma de solidaridad y de dignidad hay entre la mayor parte de sus personajes. Es precisamente esa capacidad y ese talante para asumir las circunstancias vitales y hacerles frente lo que atrapa a quien lee esta obra. Da igual que el médico cronista de cada relato o capítulo, el alter ego de Munthe, nos vaya radiografiando a un modesto organista quien con su leal perrillo va a diario a ganarse el pan con sus canciones y su nobleza; que se detenga frente a la crueldad que representa un rentista propietario de una casa de vecinos; o intime con una familia que está viendo como se marcha a la otra vida su bebé; Munthe nos regala una prosa llena de sencillez y vivencias.

Munthe como los Galdós, Martín Santos o Víctor Hugo, entre otros, retrata a las personas, a los grupos y a las sociedades de su tiempo. Nos acerca la historia a través de sus personajes, de sus tramas, de sus escenarios. Hace que la literatura se convierta, una vez más, en cronista comprometida, real y a la que hay que recurrir para conocer una época. Podemos imaginarnos a Munthe, sentado en su escritorio, frente a su máquina de escribir, tecleando cada letra y palabra que le dictan su mente, su ánimo, su sensibilidad y memoria. Munthe tira de su extraordinario bagaje como médico de su tiempo para hacernos llegar las vicisitudes que tenían que afrontar los sanitarios de aquellos años cuando tenían que atender a sus pacientes. Eran unas décadas en las que en Europa aún se desconocían las ventajas de la Seguridad Social. Y, sin embargo, entonces como ahora, los sanitarios se topaban día a día con las estreches propias de los recursos para ejercer su vocación y poder atender desde una pequeña dolencia de una persona hasta otra que se estaba debatiendo contra la muerte.

Munthe nos recuerda que la inmigración y, por tanto, la comunidad inmigrante es una antigua realidad europea y mundial. Desde que las personas viajan hace varios milenios, y si no que se lo pregunten a Ulises y sus compañeros griegos, los inmigrantes son una realidad y una circunstancia de la vida personal, grupal y social. Ver, a través del pincel de la máquina de escribir de Munthe, a los inmigrantes italianos nos recuerda a otra obra cumbre de la literatura, Marco. Un ayer, el de la Europa y los europeos que tuvieron que emigrar preferentemente a América tras los felices años veinte y el crac bursátil del 29. Resulta curioso, porque aquel mundo, que se hizo presente en nuestra niñez a finales de los años setenta del siglo pasado, a través de las aventuras en dibujos animados del personaje literario, nuevamente cobran protagonismo desde finales del siglo pasado con la inmigración de sudamericanos, africanos y asiáticos a Europa y otros puntos del planeta. Felices años veinte; felices años de las burbujas inmobiliarias, financieras y punto.com. 
Dolorosos años posteriores al crac del 29; dolorosos años 2007 - 2012.

Ya lo dijo un clásico, el que no recuerda la historia y su historia, está condenado a repetirla. Así que para que el día siga siendo no solo claro por la luz del sol veraniego que nos entra por nuestro mirador, y resplandezca el turquesa del cielo, recuerda la letra pequeña de las tarjetas de crédito, de las hipotecas, de los fondos de inversión. Haz memoria cuando un político o un sindicalista te viene a vender palabras llenas de acciones de humo. No te dejes atrapar por la falacia de un cuerpo hecho con cirugía. 


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