Pinceladas sobre la Eurocopa




Nos encontramos ante la primera semana de competición de la Eurocopa de fútbol, que se anda celebrando en un país europeo y de la Unión Europea, Polonia, y en otro europeo, Ucrania. Por cierto, que mientras Polonia desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial, con la ocupación nazi, vivió entre dictaduras -primero, la ilegal e injusta nazi; y luego la ocupación soviética y de sus títeres-, a partir de la caída del Muro de Berlín en 1989, comenzó su transición hacia la democracia representativa. Desde 2004 es miembro de la Unión Europea.
En el caso de Ucrania, vive inmersa en un régimen oligárquico y despótico desde hace ya casi un siglo. Primero fue la dictadura soviética la que detentó el poder a través del Politburó desde 1917 a 1989. Un año después, en 1990, a pesar de recuperar el estatus de país libre y de auto proclamarse como una democracia, la realidad diaria de unos años para acá muestra que a pesar de la oposición de la mayoría de los ucranianos y de importantes entidades del país, una minoría tiene las riendas del poder. De hecho, en los últimos meses hemos visto la presión de la Unión Europea hacia Ucrania y la celebración en su territorio de la Eurocopa. Y es que el gas, el petróleo, el desmantelamiento de las mafias allá, son temas muy candentes de la agenda política europea. 

Resulta sintomática la celebración de grandes acontecimientos deportivos en países que recientemente vienen de procesos de superación de una dictadura hacia el establecimiento de una democracia representativa. No solo son los casos presentes de Polonia o Ucrania, recordemos el supuesto de España en 1982 y su Mundial. O las Olimpiadas en Corea del Sur en 1988, estando como realidad opuesta la dictadura de Corea del Norte como telón de fondo aquellos días. Es obvio afirmar que la inversión en grandes infraestructuras y en proyectos empresariales o de otro tipo vienen de la mano de procesos políticos y sociales que garanticen la libertad, la seguridad y la estabilidad. Hoy, una vez más, un economista de corte humanista, Finn Kydland, nos lo recuerda
Dentro de dos años, veremos a Brasil presentar su mundial futbolístico y los progresos logrados en las últimas décadas a la luz de un parlamentarismo democrático y sufragista. Por supuesto, también habremos de seguir poniendo la mirada sobre los abusos y las corruptelas que se hayan cometido o se puedan cometer, y el reparto de la riqueza para que los niños de las favelas sean cada día menos y con perspectivas de salida a su marginación. No será hasta entonces cuando el proclamado Orden y progreso de la bandera brasileña empiece realmente a cobrar vigencia. 

Estáis comprobando que estamos hablando sobre la vida y los pueblos, con el telón de fondo del deporte. Bueno, pues ahora vamos a dar un pase de una banda a otra, cambiando la orientación de la pelota, como hacen los excelentes mediocampistas del hoy y del ayer: Xavi, Pirlo, Alonso, Schuster, Renato, ... para hablar del balompié que estamos viendo. De los partidos celebrados hasta la fecha, por la calidad futbolística; esto es, ocasiones creadas, disposición táctica de los equipos, afán de victoria, intensidad en el juego y capacidad competitiva, han destacado el España - Italia; el Ucrania - Suecia; el Rusia - Polonia; el Rusia - República Checa. Y las primeras partes del Francia - Inglaterra; del República Checa - Grecia; y del Irlanda - Croacia. En esos partidos, han habido jugadas, detalles técnicos y tácticos, deseos de ganar y constancia de tal manera que cualquier espectador ha podido disfrutar contemplándolos. 



Hemos podido observar y escuchar también a través de las retransmisiones de los encuentros, una serie de rasgos que definen a las realizaciones de los espectáculos deportivos de nuestro tiempo. Vamos a citar varios ejemplos; las vistas cenitales cuando los dos futbolistas van a poner la pelota en juego desde el punto del centro del campo. Las despedidas amistosas de los jugadores de ambos equipos cuando finaliza el encuentro y se intercambian saludos entre ellos y el grupo arbitral. Las imágenes panorámicas de los estadios que nos muestran como la arquitectura de los estadios en el siglo veintiuno tienden a ser espirales alargadas en los puntos cardinales norte y sur, con cubiertas que cubren todas las zonas de los recintos deportivos. O los planos detalles de los aficionados -ellos y ellas- en las gradas. Por cierto, esto último una especie de pasarela civil improvisada para mostrar los rasgos característicos de la lozanía y de la belleza según cada país. Y todo ello en tecnología alta definición y 3-D que tanto nos recuerdan a los cada vez más trabajos videojuegos de ordenadores, consolas, ...  

Para ir rematando la jugada del artículo, diremos que los comentarios, salvo los que realizan plumas periodísticas de gran calidad, son muy similares y coincidentes en las retransmisiones de unos países y de otros. Y las absurdas polémicas y las miradas miopes se refrendan en la prensa de los equipos nacionales en competición. Aquí una muestra. Por eso, antes de marcar el gol periodístico y futbolero, un aviso a navegantes, si el partido es aburrido no dude en levantarse de su butaca y disfrutar de otra vivencia con su pareja o un amigo. Y si realmente merece la pena, con independencia del resultado del encuentro de su selección, paladee un rato de buen fútbol. Y ojalá los que suelen estar en los palcos de los estadios también tomen nota de la diferencia entre cómo hacen las cosas y asumen sus responsabilidades los buenos futbolistas y entrenadores de aquellos que no.

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