¿Qué Europa y Mundo queremos construir?



En los últimos días, hemos podido saborear la lectura de varios artículos magníficos, escritos por varias personas, acerca de nuestro tiempo. Sus respectivas lecturas nos han ayudado a seguir meditando alrededor de lo que cada persona, familia, grupo, sociedad y los Estados estamos viviendo. El primer aldabonazo lo ponía el escritor y pensador Francesco de Nigris con esta reflexión. En ella, como podéis leer, se hacía con mesura una crítica constructiva al papel exagerado que demasiados periodistas, medios de comunicación y otros agentes sociales están realizando de esta época. Al leerle, se nos vienen a la memoria actitudes y comportamientos que ya observábamos en la prensa desde principios de los años noventa del pasado siglo. A este respecto, un iluminador ensayo del sociólogo Alain Minc: La borrachera democrática, nos hacía detenernos ante una realidad que ya entonces estaba cobrando demasiado protagonismo. Señalaba Minc que los medios de comunicación habían dejado su papel como analistas y supervisores de los tres poderes clásicos de las democracias representativas, el llamado metafóricamente Cuarto Poder, para equivocada y tristemente convertirse en el Quinto Poder. Ese nuevo rol y protagonismo de ciertos periodistas y medios de comunicación era consecuencia de que estaban judicializando con sus publicaciones y sus no publicaciones -ojo a esto, que no es menos importante-, la vida pública. Por tanto, estaban judicializando a través de las páginas de los diarios, los micrófonos de las emisoras radiofónicas y las pantallas televisivas, la vida de las personas, de las sociedades, de los países. 



Sigamos con nuestras lecturas y nuestras meditaciones compartidas. Días después, Andrés Ortega Klein -nieto de José Ortega y Gasset- nos hacía pararnos ante la realidad española, europea y mundial. Es la familia Ortega, desde hace más de un siglo, enamorada de la construcción europea, evidentemente cada miembro con sus matices, pero en lo principal  y decisivo están de acuerdo. Europa ha de ser una Europa de las personas, contando con ellas. Exigiéndoles, en el noble sentido del verbo exigir, a las personas. Su participación, sus proyectos de vida, sus modos de dialogar y discutir hasta ser capaces de consensuar sus maneras de vivir y convivir con sus semejantes. Eso es la vida en grupo, en sociedad, a través de sus diversas formas: los pueblos, las ciudades, los Estados, ... La Unión Europa tiene que ser eso, o no será. Como ya en más de una ocasión Don Julián Marías nos alertaba, unas realidades eran Europa y los europeos (hombres y mujeres) y otra bien distinta la Unión Europea. Ahora bien, llegados a este punto, la realidad de nuestra vida, de lo que estamos viviendo, nos exige detenernos. Y hacerlo con mesura y gravedad. Veamos este artículo que nos regaló Rafael Hidalgo y el enlace en el mismo de una entrevista de Dragó a Marías



La suma de las lecturas de esos tres artículos, la revisión de la citada entrevista televisiva, esta interviú al empresario italiano y europeo Mario Moretti, y las vivencias de cada jornada, nos llevan obligadamente a hacernos una serie de preguntas: ¿Es posible conciliar la Europa de las personas y de las instituciones -algunas centenarias como sus universidades, talleres, ...- con la Unión Europea? ¿De ser posible, cómo hacerlo? ¿Qué tenemos que hacer para hacerlo posible? ¿Qué renuncias hemos de llevar a cabo para que una europea nacida en Helsinki pueda llevar a cabo su proyecto de vida cada mañana? ¿Qué recursos indispensables han de tener un escritor, un estudiante, o un médico que viven en España para hacer posibles su tareas cotidianas? 
Evidentemente no son preguntas ni de fácil elaboración ni de trivial respuesta. Nos obliga, e insistimos nuevamente en el sentido noble también de ese verbo, obligar, a tomar decisiones, a consensuarlas. Primero con el interior de la persona, cada una consigo misma. Luego, cuando esas afecten, que afectan, a otras -las relaciones interpersonales- establecer consensos con ellas. Y así, en un suma y sigue, a nivel institucional, social, ...

Europa, por tanto, europeos y europeas, no serán todo cuanto pueden llegar a ser si no somos capaces de ofrecer nuestra visión occidental del mundo. Una visión humana, integradora, respetuosa con los derechos de las personas y de los otros pueblos. Será así o no será la visión de un mundo en el que tengan cabida y participen una anciana en Tokio disfrutando mientras lee un haiku a sus nietos, o que un niño del Senegal pueda ilusionarse con sus estudios y juegos cada mañana cuando el Sol ilumina las bellas tierras africanas. 

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