¿Qué podemos hacer?



En un artículo reciente, Rafael Hidalgo nos plantea la pregunta ¿qué  vamos a hacer ante las circunstancias de nuestro tiempo? Cita Rafael a Don Julián Marías que se hizo e hizo esa cuestión al pueblo español a raíz de que se iniciase la transición democrática en España. Bella expresión esa de transición democrática. Vamos a ver qué nos dice el diccionario de la RAE, el DRAE, acerca de ese vocablo. Al ver la primera definición que nos da, elijo la primera. La segunda y la tercera, como podéis ver por vosotros mismos, resultan inquietantes. Por qué nos pueden inquietar. Porque incluyen la rapidez o el cambio repentino. La vida nos muestra a diario aquella certeza de que las prisas no son buenas consejeras. Ahora bien, sigamos analizando. Cuando se produce un cambio repentino, hemos de observar a qué se debe. La vida de las personas, la historia de los pueblos, nos muestran que rectificar un error o algo peor, la malicia, es un síntoma de inteligencia. De saber elegir. 

Es obvio decir que vivimos tiempos de dificultades. Ahora bien, podemos disfrutar de la alegría cotidiana dentro de esas complicaciones. Decía Don Julián Marías que una vez hecha la primera disyuntiva, nos veíamos ante la tesitura de hacernos con paciencia, libertad y compromiso una segunda. ¿Qué podemos hacer? Para eso es necesario mirar a nuestras circunstancias. Y en esa mirada hemos de tener presente a la pareja, a la familia, a los amigos, al barrio donde residimos, a la sociedad de la que formamos parte y a sus grupos e instituciones, a nuestro país y a nuestro mundo. Y tú, y vosotros también tenéis que mirarme, mirarnos. Nos los recordaba en versos la poetisa Luisa Mora Alameda

El mundo ha vivido en los últimos cien años unos cambios muy significativos. Como siempre, con sus luces, claroscuros y sombras. Todo no ha sido extremo, aunque desgraciadamente esos se produjeron. Ahí están las guerras civiles y mundiales. En nuestro tiempo, descendiente de aquel, las personas y los grupos sociales se preocupan y ocupan de lo que nos está sucediendo. Ahora bien, me surge y os propongo una tercera cuestión al hilo de las anteriores, quién se ocupa y preocupa de verdad, con autencididad, por ti, por nosotros. Evidentemente la primera en ocuparse de la persona y de sus circunstancias ha de ser la propia persona. Pero ha llegado un tiempo, insistimos que hijo de aquel otro, en el que tú y vosotros también os tenéis que ocupar de tu semejante. Hace mucho tiempo, alguien indicó que el vuelo de una mariposa en Río de Janeiro podía hacer que repercutiera en Tokio. Ya Ortega lo vino advirtiendo a lo largo de su obra. Con La rebelión de las masas, ya dio un toque de atención de profundas huellas. Años después, tras la dramática Segunda Guerra Mundial, en tierras alemanas, aquel caballero español como lo describió Martin Heidegger, Ortega vuelve a darnos un segundo toque de atención lleno de humanidad y mirada lúcida con Meditacion de Europa. En esta segunda obra, Ortega conocedor de la realidad y del sentimiento en esos momentos del pueblo alemán, lanza su mano abierta, generosa y comprometida hacia Alemania. Les invoca a superar el pasado muy reciente y a recuperar lo realmente valioso de su historia y de su cultura. Y ojo he aquí una cuestión importante, al menos para quien esto escribe. Ojalá lo sea para alguna de las personas que nos regaláis la alegría de leer este blog. Para Ortega, que sabía mirar, eso iba hasta los más modestos y humildes detalles de la vida. Hay una obra suya, no concebida como tal, que nos compilaron hace años Cacho Viu y Soledad Ortega -la hija de D. José-. Se trata de la relación de cartas denominadas Cartas de un joven español. He de reconocer que desde hace largo tiempo es un viejo proyecto que se pudieran reeditar con un estudio a fondo de las mismas. Siguiendo el ejemplo que nos dio Marías con su comentario línea a línea de la primera obra de Ortega, Meditaciones del Quijote. 

Recuerdo que mi memoria siempre tuvo predilección por una serie de ellas. El conjunto, os lo aseguro, es delicioso. Recuerdo aquella en la que a Ortega un profesor de la Universidad le invita a cenar en su casa junto a su familia. Aquel joven licenciado en Filosofía, que ha ido a Alemania con una beca de la Junta para Ampliación de Estudios, dirá en una de esas cartas hoy realmente voy a conocer al pueblo alemán. A Ortega, le fascinaba mirar a las personas, a la gente. Qué hacían, qué no hacían. Cómo hacían o deshacían. Es el camino y la posada de su amigo Miguel de Cervantes y Saavedra. Años después, su discípulo y amigo Julián Marías se convertirá en sociólogo de hecho mirando y conviviendo con el pueblo estadounidense, ¡verdad amigo Harold Raley! Ahí está el maravilloso libro de D. Julián Los Estados Unidos en escorzo. 

Ahora para ir dando punto y final a este artículo, una nueva reflexión os lanzo con libertad, respeto y compromiso, ¿qué vida y qué mundo queremos construir? Está claro que siempre hubo que contar con el otro, con los otros. Los españoles, el resto de europeos, todos los americanos -desde Alaska a Tierra del Fuego-, africanos, asiáticos y gentes de Oceanía, ¿qué programa de vida nos queremos dar e intentar compartir? Es evidente que las palabras nos comprometen. Por eso desde la persona honrada a las sociedades hoy agobiadas, la demagogia no nos puede valer. 


Comentarios

  1. Manuel, me ha encantado, y te aseguro que no por "alusiones", sino por lo certero de las teclas que vas tocando y la melodía que suena dar las notas de por dónde deben y pueden ir las cosas. Como bien señalas, los compases están marcados, sólo hay que atender a lo que han escritos verdaderos europeistas como Ortega.
    Lo dicho, gracias por este escrito.

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