Cernuda y su Ocnos, por el alma de Juana


El amor de Juana García Linares hacia la vida, la literatura de aquellos que se acaban convirtiendo en clásicos, la enseñanza, sus estudiantes y las cuestiones sociales, nos regala esta serie de documentales sobre la figura del poeta Luis Cernuda y su obra Ocnos.
Ciento treinta años después del nacimiento de Cernuda (1882). Han pasado setenta años desde que apareciera la primera edición de Ocnos. Y, sin embargo, la vida del poeta y su obra están presentes y vivas. Por eso, la sensibilidad de Juana se ha detenido a mirarlos. Ha contado con la ayuda del catedrático de Historia, Teoría y Composiciones Arquitectónicas, Eduardo Mosquera Adell. Y también de Ana Escalera. Estos dos magníficos documentales, capaces de transmitir la Sevilla de Cernuda, la de puertas para afuera, y la de puertas para adentro, son unos vehículos sugerentes, elegantes y preciosistas para que desde abuelos a niños se acerquen a la figura y a los quehaceres literarios de D. Luis. 
Suenan de fondo la música de Joaquín Turina, el gran músico perteneciente a la generación del 14, la anterior a la de Cernuda (la del 27). Y la de Bill Douglas, nacido en Canadá en 1944 y, por tanto, miembro de la generación del 74.
Como podéis comprobar por vosotros mismos, hay fotogramas que son auténticos cuadros impresionistas que muestran la belleza extraordinaria de lo real. Esa excelencia es fruto de la pasión de Juana hacia la fotografía desde hace años. Si los poetas son capaces de inmortalizarnos en sus versos una vivencia cotidiana; si los novelistas nos narran los caminos de la vida y sus trayectorias; Juana vertebra sus vocaciones educativas, literarias y audiovisuales en estos dos documentales. Y nos invita a mirar la Sevilla que Cernuda nos biografió en Ocnos.
Transmite el primero de los documentales, La arquitectura de Sevilla a través de Ocnos, ese viaje desde la niñez de Cernuda. Un periplo símbolo de lo eterno, del tiempo en el que él se siente inmortal. Su mundo es como el de los Machado, con la paz que transmiten el patio, el agua de la fuente, sus plantas y arbustos, sus peces. En esa paz también, conforme Cernuda avanza en su vivir, aparece el sobrecogimiento. Comienza a entender las dificultades de la vida, sus circunstancias. Y, sin embargo, la escritura le ayuda a sanarse, a encontrarse, a comunicarse con el otro. Ese tránsito de la paz al drama, nos lo muestra Juana con su voz serena y con experiencia de la vida. Suenan de fondo sus palabras de profesora y lectora íntima junto a la Sinfonía sevillana de Turina. Y su voz y los acordes musicales nos regalan paz. Esa paz que observamos en los árboles, en las plantas, en las aves, en las luces del cielo.
Juana nos recuerda alguno de los símbolos poéticos y vivenciales de Cernuda. El arco, ese que representa la felicidad de un andaluz. Que es el arco de la morada propia, el de huella romana clásica y el que transita de un mundo a otro.
La plaza del Pan, hoy Jesús de la Pasión; esa ágora donde conviven lo público y lo privado. Ese lugar donde se produce el encuentro entre las relaciones interpersonales y las relaciones sociales. En la plaza cernudiana, se produce el debate público y privado que Ortega invocara en las páginas del periódico y en los quioscos de prensa. Allí están el maestro y el aprendiz. Allí dialogan, debaten o discuten las generaciones. Es el mundo donde se confrontan lo liberal y lo laboral. Allí es posible oler a incienso, sentir la suavidad o rugosidad de una tela, o palpar la dura vida de los portadores de las mercancías y pasos.
Y del mundo laboral a la Universidad. Esa fábrica artesanal o eso tal vez pudiera ser, en la que nuevamente se produce el contraste generacional, las ilusiones y pasiones de la juventud andante. Allí es posible nuevamente sentir el rumor del agua, el cantar de los pájaros, el silencio que anima a meditar.
Y de la meditación para la vida de la universidad a la contemplación sentida del río y de los Jardines y estancias de los Alcázares. Allí aparece la Giganta cervantina hecha poesía con Cernuda. Y el agua de sus fuentes que riegan sus arbustos y plantas, y que llega del Guadalquivir.
Y en todo viaje, la posada es necesaria. Esa en la que se refugia el grupo del Aula de la Experiencia de la Universidad de Sevilla, para intimar con el Cernuda global, ese que viajó por las circunstancias de su vida a lo largo del mundo. De un tiempo a esta parte, en la última casa en la que vivió D. Luis, habita un inglés hospitalario con alma y figura de marino como Alberti. Y de lo mundial a lo local, que son dos caras complementarias de esto que es vivir, y el grupo de Juana siente la hospitalidad pedagógica y sociable de Rosario y María Luisa. Y como toda historia que se precie, el primer impresor de Sevilla, el alemán Juan Cronenberg, aparece en la vida de Cernuda.

De la Sevilla del siglo XV a la Sevilla del XXI. Y para que no falte de ná, una parada obligada para homenajear a los excelsos paladares en Las Columnas de Mateos Gago. Al tiempo y a la paciencia, invoca en este segundo documental Juana para digerir tanta vida. Es nuestro tiempo un viaje en el que hemos de aprender a vivir y convivir con esa docta ciencia vital. 

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