Flamenco auténtico, del Malecón a Las Canteras



La vida cuando se recorre a pie, caminando, con los sentidos abiertos, sorprende con hermosas vivencias. En un rincón limítrofe entre la urbe y la naturaleza, en ese espacio en el que las sensibilidades distinguen las múltiples circunstancias de la vida y sus diferentes sabores, descubrimos al grupo Son Flamenco Habana. De manera inesperada, pero con las almas, los cuerpos y las mentes dispuestos a dejarse impregnar por la música cantada e instrumentalizada por este dúo que nos llegó desde La Habana hace siete años. Su guitarra y su voz hacen que sintamos el pellizco de la belleza de las aguas turquesas y verdosas de las olas de Las Canteras. Que los riscos volcánicos de sus acantilados cobren vigor como el que ellos dos transmiten a quienes les escuchamos. Que el silencio cobre protagonismo mientras la brisa y el Sol se funden para deleite de caminantes, camareros y cocineros del bar que les acoge y de comensales que les escuchan. Y es que hasta el espíritu de la gente que con esmero e ilusión trabaja entre la barra, la cocina y los fogones, la sensibilidad musical de Son Flamenco Habana se irradia y prende. 

Acordes de guitarras de Reynier Marino acompañando y estimulando a la voz profunda y sentida de Diana. Una buena guitarra del sello Compás, hecha por un lutier que sabe lo que se hace con la madera y las cuerdas, para un guitarrista, Reynier, que sabe lo que quiere para su trayecto musical. Y Diana cantando al compás de las manos y del ánimo de Reynier, dando su sello personal a cada una de las canciones con las que nos deleitaron al entregado público asistente. Y a los caminantes, que en la tarde ya pasada del domingo, iban de un punto a otro de la gran canaria playa de Las Canteras, sorteando los vaivenes de la crisis con capotes inteligentes de vida. 

Canta Diana con los ojos, con las cejas. Canta con los pulmones y con las entrañas que nacen en el estómago y se irradian hacia su boca. Canta con el tesón de quien hace más de un lustro salió de su Habana junto a su marido y su primera hija para darse la oportunidad de probar fortuna en la Madre Patria. Y la chiquilla, la mayor descendiente del matrimonio, ya se arranca con su voz naciente para deleite de quienes ven una continuadora convencida de la saga. Un micrófono, un par de sillas altas de madera con sus respaldares para proteger medias espaldas y las cinturas. Y Reynier y su guitarra flamenca con sones cubanos. Unos altavoces profesionales. Pero con tan sencilla puesta en escena, cuánto arte musical a ritmos de boleros, fandangos, rumbas, sevillanas... Músicas y letras de clásicos, pero interpretados por sus talentos y personalidades. Hay conexión entre Reynier y Diana, entre su voz y su guitarra, y la irradian a quienes les escuchan en directo. 

Pero como ellos dos y los suyos ya conocen a pesar de su juventud de las dificultades y vericuetos de la vida, entre descanso y final de actuación, salen no solo a tomar aire sino también para mezclarse con el público y ofrecerles su música a través de su propia producción. Y el público saca de sus bolsillos y carteras un billete de diez euros, y les obsequia con la adquisición de su disco. Y el obsequio es mutuo entre el dúo de artistas y el público. Ellos, incluida la pequeña artista, recogen el cariño, la energía y el apoyo de la gente que les ha ido a escuchar. Los asistentes retienen en sus manos y en sus bolsos una muestra de la obra de estos dos aventureros de la vida con sones musicales. 

Y se nos viene a la mente durante la actuación de Son Flamenco Habana la película de Benito Zambrano Habana Blues. Porque Reynier y Diana saben de esa vivencia de primera mano. Es un guiño al pasado muy presente, es un guiño de admiración a sus amigos de allá que están esperando una apuesta sincera en cualquier país que merezca la pena. Ese hecho, contado por Diana en un momento de la actuación a modo de chiste, es mostrar la autenticidad de sus personas que no se olvidan de los apoyos recibidos ni de quienes también merecen que se apueste por otros que aún no han tenido esa oportunidad. Porque hace décadas, hubo otros artistas de cualquier rincón de Cuba que también requirieron esa mijita de cariño para mostrar al mundo su visión de la vida. Se nos vienen a la memoria los Machín, la Trova Santiaguera, Celia Cruz, Bebo Valdés... Y florecientes artistas de España o de cualquier otro rincón del Planeta, que entonces buscaban con tesón y valentía su hueco en el mundo de las artes. Aquí, querido lector o querida lectora, pon a cualquiera de los que de verdad se han convertido en clásicos de cualquier género musical y a tí te encante escucharlo en tu casa o en la de una amiga. 

Bueno, para irnos despidiendo, que ya el lunes ya llegó hasta esta esquina de España que es Gran Canaria, os dejamos con una actuación de ellos en Madrid:
http://www.youtube.com/watch?v=GUVngyzKl-0&feature=related

¡Feliz semana a todos! Y no dejéis de buscar la felicidad y de torear a la crisis y a sus propulsores. 

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