Preguntas por responder




Tú, yo, nosotros, observamos en la imagen superior una serie de signos de interrogación pintados cada uno sobre sus correspondientes trozos de tela blanca. Están unos sobre otros, en diferentes planos y ángulos, como la vida de millones de personas en nuestro tiempo. A primera vista, no podríamos decir cuántas interrogaciones se agolpan unas sobre otras. Y, sin embargo, si le echamos un poco de paciencia, voluntad y buen ánimo, podremos ir cogiendo una a una y contabilizando cuántas preguntas se han agolpado sobre ese espacio. ¿Necesitamos hacernos tantas cuestiones para vivir a diario con decencia, coherencia y equilibrio?
Para evitar que nos colapsemos ante tantas cuestiones, os propongo que vayamos paso a paso, con paciencia, esa cualidad que los clásicos llamaron madre de las ciencias y que desde principios del siglo XX tan poco se ha practicado salvo por personas y grupos muy concretos. ¿Para qué estamos aquí viviendo? Algo tenemos que hacer, pero no nos vale cualquier dedicación. Miro y remiro en la historia reciente, pongamos desde los años setenta del pasado siglo hasta hoy, y veo demasiados hilos de tiempos previos a cualquier democracia libre, fresca y honesta. Las vidas pública y privada, esas que en el fondo están íntimamente coaligadas, están jerarquizadas. Con todo respeto a ciertos escalafones militares, me recuerdan las maneras y los procedimientos, por tanto, los medios y los fines, al mundo de las oligarquías, de los intereses creados para unos pocos. Por tanto, muy lejos de las elites que reclamaba Ortega capaces de asumir la responsabilidad de tirar del carro para que luego precisamente los ciudadanos –hombres y mujeres– que se habían formado en esa asunción de responsabilidades, pudieran ejercer tanto sus derechos cívicos como el protagonismo social. Empezaríamos a ser una especie de equipo de fondo en el que nos iremos dando el testigo unos a otras. ¡Qué lejos del panorama que Ortega, Marañón, Zambrano o Campoamor, entre otros, intentaron construir! Decía Ortega que patria, en el sentido de país y Estado, era aquello que cualquier persona soñaba que quería hacer cada mañana al salir de su casa. Entendiéndose ese quehacer como su proyecto de vida, asumiendo libremente su programa vital, ejerciendo con compromiso sus responsabilidades y derechos. Y pudiendo disponer de los recursos básicos para llevarlo a cabo. ¿Hasta qué punto es esto hoy posible para un médico en Florencia, una profesora en Varsovia o una cooperativa de agricultores en Almería?
Hoy, en nuestro tiempo, las vidas públicas y privadas están bloqueadas como afirmaba en un artículo reciente. Siento decir, le pese a quien le pese, que desde los años noventa, cuando el entonces estudiante universitario que era, vivía camino de un sendero profesional, que nunca creí en esas dicotomías laborales y sociales que el porvenir nos presentaba a cientos de millones de personas. Ese panorama anunciaba trabajos para toda la vida de funcionarios o trabajos por horas o contratos basuras para la mayor parte de la vida para otros. La realidad nos ha demostrado que hay funcionarios de cualquier rama y disciplina magníficos. Pero no todos son así.
También existían los contratos indefinidos, lo que generaciones previas llamaron en lenguaje coloquial certero, estar fijo. Estos últimos están viviendo desde hace años una cruda realidad: da igual que seas competente, honrado y con vocación hacia tu profesión. Si el ambiente laboral o empresarial está podrido en tu compañía o entidad, pintan bastos. Y al pintar bastos, la vida cotidiana laboral se empobrece con enormes consecuencias para el resto de la vida personal. Por ello se hace imprescindible torear lo laboral para que no afecte al resto de realidades personales. 


Igualmente la realidad humana, social y profesional nos ha mostrado que en la ingente masa laboral de los becarios, profesionales, ejecutivos, liberados sindicales y empresarios o emprendedores, no todos eran competentes ni honrados. Pero sí hay un buen grupo de cualquier rama profesional muy capacitado para hacer su labor profesional, seguir aprendiendo y, una vez salidos de sus dinámicas laborales, poder hacer el resto de sus vidas con alegría. Decía el maestro Ortega que cuando se ha estado todo el día corriendo y se era capaz de llegar a la tarde, había que estar contento.  
Como os decía en otro escrito de las últimas fechas, me alegro sinceramente por la mejora de las condiciones profesionales y de vida de las ciudadanías de la América en vías de desarrollo, de África y de Asia. Esas mejoras implican alegría y eliminación de problemas tanto para esos pueblos como para el resto del mundo. Ahora bien, ante la corrupción y los intereses creados de quienes detentan los poderes fácticos hoy, no podemos permitir que los logros personales, intergeneracionales y sociales, que han vivido los pueblos de Europa, América del Norte y Oceanía, en los últimos cincuenta años, se vayan al traste. Tenemos que esforzarnos y luchar porque nuestras posibilidades, derechos y perspectivas de futuro no se vean cercenadas. Y que esos pueblos asiáticos y africanos, respetando siempre sus modus vivendi que se puedan integrar con nuestros paradigmas vitales, se vayan sumando a un panorama de convivencia global más humano y sensato.  
Para que esa posibilidad realmente ocurra y la hagamos presente, una serie de circunstancias decisivas hemos de afrontar y superar. Vamos a ver qué ocurre con los macro procesos judiciales que se están celebrando en Occidente (Europa, América y Oceanía) por las corruptelas de financieros, políticos, sindicalistas y empresarios. Por haber causas e implicaciones judiciales, hay implicada hasta gente que ha trabajado en organizaciones sociales (ONG´s y fundaciones) y también funcionarios. Por tanto, como vengo sosteniendo en este escrito y en otros previos de este blog, no es cuestión de falsos eslóganes dicotómicos del tipo de derecha-izquierda; patronal-sindicatos; público-privado, …
Voy llegando hasta las últimas líneas de este artículo, y os lanzo una propuesta, propongo a cada uno diez preguntas básicas que te afecten a tu vida a diario. Una vez presentadas esas cuestiones, intentemos posteriormente elegir por consenso seis o siete que nos afecten a un grupo, y dejemos otras tres o cuatro que afecten a cada uno. ¿Será posible que lo hagamos? 

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