Robinsones de metáforas


Clase de 1º de licenciatura en la universidad; que los militares y los soldados también se licencian. El joven y docto profesor de Estructura del lenguaje se dirige con su maestría e ironía cotidiana a sus mozalbetes estudiantes. Algún conejo se va a sacar de la chistera filológica. Un par de meses antes les ha recomendado, bajo la dulce amenaza de que la obra entrará en el examen del segundo parcial dentro del epígrafe Riqueza léxica y comprensión lectora, El Aleph de Jorge Luis Borges. Ese escritor al que nunca le dieron el Nobel, ni tampoco él regaló un Borges al Nobel. Es mañana de palique universitario, de tertulia entre maestro y estudiantes. De pronto, con su ironía a prueba de primas de riesgo, lanza una pregunta: ¿qué os ha parecido el cuento del Quijote de Pierre Menard?

Como en todos los grandes momentos de la historia de la humanidad, se hace el silencio. Hasta las señoritas del fondo de la clase, habituadas a platicar en asuntos más propios del papel couche, han dejado de emitir sonidos guturales. Tras el silencio, uno de aquellos estudiantes, cual muletilla en días de suerte para los espontáneos en los grandes cosos taurinos, se lanza a contestar. Creo que Borges nos quiere hacer ver con este cuento el valor de la interpretación. Cada persona sirviéndose de su capacidad de mirar y de argumentar con sentido común y coherencia puede leer un texto y darle su sentido propio. 

El profesor se azuza su cuidado y coqueto bigote, y comienza a sonreír. Si Alejandro Dumas pensó en alguien para retratar y crear el personaje de Aramis en su inmortal obra Los tres mosqueteros, tuvo en el inteligente filólogo a un claro referente. De pronto, el debate entre los universitarios cobra nuevos bríos. El Consejo de Redacción de aquel periódico comienza a tomar fuerza. Otro estudiante, de nombre Sócrates señala: los mineros, sus familiares y amigos han llegado a Madrid. La Puerta de Alcalá y la del Sol se abren ante su justo y comprometido caminar. 
Un nuevo compañero se suma a participar en el debate filosófico y periodístico. Se trata de Platón. Éste apunta, compañeros, mujeres y hombres de cualquier edad y procedencia, la luz se está haciendo en Madrid y en el resto del mundo. 

Alguien, sin avisar, interrumpe en el corazón de aquella Sala de Redacción. Se disculpa por llegar tarde ante el profesor y sus camaradas. La excusa: su Ford Fiesta amarillo le ha vuelto a dejar tirado en la carretera. Se trata de Aristóteles, conocido entre sus compis de curso por el sobre nombre de Fuguillas. Con su voz radiofónica, esa mañana no se ha fumado los siete primeros marlboros del día, solamente cinco, interviene: toda causa tiene su efecto. Si los mineros de las diferentes cuencas del país o de Europa han decido venir hasta acá, algo habrá que hacer. Y ese quehacer no puede ser cualquier cosa. Toca actuar con inteligencia.

Entre marlboro y marlboro, emerge una bocanada de Ducados. Es el aire que imprime René Descartes ante la que se está viniendo encima. Llegado a la Villa y Corte desde su Francia natal, y tras hospedarse en su amada Galicia –su patria chica confesada a sus íntimos–, incide en los planteamientos de su colega Aristóteles: hay que contar con los ingenieros, peritos, técnicos auxiliares y demás personal de las PYMES para el tratamiento de los residuos tóxicos.

Esto se va poniendo cada vez más interesante, medita para sí Félix Rodríguez de la Fuente, quien acaba de llegar de gozar del paisaje de la Isla Bonita, La Palma, y de su Transvulcánica. Se necesitan ingenieros de montes, peritos agrícolas, …
Y aparece, emerge en una esquina del Consejo de Redacción, el hombre que fue capaz de convertir los fértiles campos de olivos de Jaén, en tierra exportadora de primer nivel mundial a través de sus cooperativas agrícolas. Lo que han comentado los compañeros anteriores supone crear riqueza, dinamizar el tejido productivo de siempre y el emergente, fomentar la contratación de hombres y mujeres con alta cualificación profesional. La riqueza se redistribuirá, las deudas y los déficits volverán a límites asumibles y controlables, y los sectores micro y macro económicos presentarán raíces sanas, troncos robustos, ramas flexibles y hojas verdes llenas de vida. Quien les habla es un discípulo aventajado de John Maynard Keynes llegado desde Lopera y asentado a los pies de la Alhambra.

Nuevamente, tras la ronda de intercambios de puntos de vista, el profesor toma la palabra. Aramis se ha convertido en D´Artagnan y medita en voz alta, ¿habremos de controlar a los especuladores y arribistas de diferente genealogía: financieros, políticos, sindicalistas, …?
Será necesario crear los eurobonos, más pronto que tarde, contando con que las reservas de euros de los bancos centrales (BCE) y de los bancos privados de todos los países de la Unión Europea realmente reflejen los estados de cuentas de sus depósitos e inversiones. Y para terminar con este cuento, que no sabemos si les habrá o no gustado, recordemos las palabras recientes de Ortega Klein. Siguiendo a su abuelo, Ortega y Gasset, diremos que todo esto es posible y, por tanto, real. Porque además queremos y lo queremos así. Ya sabe usted, como el plato de lentejas…

Comentarios

Entradas populares