Silencios del domingo



No todos los domingos son iguales como el resto de días del año tampoco lo son y, sin embargo, cada domingo con independencia de la estación tiene una serie de características y circunstancias que lo hacen diferente. Los silencios del domingo rezuman literatura y poesía. Es la mística de los domingos. Su música son sus acordes de silencios. Y entre ellos, entre la ausencia de sonidos, tú, ella o vosotros, con razón me diréis que los domingos también tienen sus ecos, sus cacofonías. Por tener, tienen hasta ruidos en determinados momentos o lugares. Y, sin embargo, sus silencios presiden las jornadas dominicales ya sea en la Playa gran canaria de Las Canteras, en las avenidas de la Villa y Corte madrileña, o en los bosques llenos de frescura y vitalidad de Asturias. 

Cada domingo, podemos escuchar el sonido de un campanario anunciando el cambio de horas en cualquier edificio civil o religioso. Las campanas forman parte de la cultura sonora de Occidente y, los fines de semana, especialmente el día séptimo, sus vibraciones y notas musicales se hacen muy presentes. 
Hasta este día, salvo que sea jornada de celebración de grandes rebajas o de acontecimientos festivos relacionados con la cultura del consumismo, las avenidas más comerciales de Sevilla, París o Londres, tienen un ritmo único, el de los vaivenes de sus silencios. Los días entre semana, la agitación de la gente recorriendo sus kilométricas aceras, entrando y saliendo de los establecimientos dedicados al comercio o a los servicios minoristas o las grandes superficies, se hacen más presentes por sus ausencias los domingos. Como recordamos con frecuencia, Ortega recomendaba la sana dedicación diaria de pensar diez minutos. A cambio de ese esfuerzo cotidiano, él aseguraba que la vida a cualquier persona, familia, sociedad o país, les iría mucho mejor. Os lanzo una pregunta ahora, sobre todo destinada a aquellas personas que no practican esa sana e inteligente costumbre: ¿será posible que en los silencios del domingo dediques diez minutos para meditar sobre tu vida y tu mundo? A lo mejor, te replanteas para qué salir los fines de semana a beber y beber sin otra meta que sentirte guay entre los miembros de tu tribu. Tal vez, te cuestiones qué sentido tiene tener el ropero lleno de ropa y zapatos por el mero hecho de disponer de este o aquel modelito para cada fin de semana. Posiblemente, te hagas la disyuntiva para qué gastarte una fortuna en tus vacaciones veraniegas yendo al destino más lejano, si puedes coger cualquier medio de transporte con tu pareja y recorrer lugares con belleza y gente que merece la pena de conocer dentro de tu provincia, región o país. 


La paz del domingo, salvo cuando la guadaña se hace presente, se nota hasta en los hospitales. El ritmo se acompasa en su recepción, pasillos, plantas, quirófanos y habitaciones. Hasta la unidad de urgencia es distinta este día. Si el dolor se hace presente un domingo, la atmósfera silenciosa lo envuelve. El llanto, las lágrimas y el quejío se notan más porque el resto del universo sanitario transita por sus silencios, sus voces bajas de conversación de tertulias íntimas. Parece como si el domingo, el dolor diera una tregua a médicos y al resto del personal sanitario, que normalmente dejan sus quehaceres con sus pacientes hasta el lunes, mientras los enfermos ven en sus camas que el domingo van a verle hasta aquel familiar o amigo que muy de tarde en tarde le dedica unos minutos. Esa es otra nota curiosa, porque en las dudas y preocupaciones de los centros hospitalarios cualquier mujer u hombre deja sus más íntimas señas de identidad. Muestran su humanidad o su falta de ellas con su presencia o su ausencia junto a la persona querida. Para eso, los domingos también son testigos excepcionales y reveladores. Aunque esto que a continuación me pregunto con mucha sorna y madera de inventiva literaria, tal vez fuera posible: ¿inventaría Arthur Conan Doyle a su Sherlock Holmes en una mañana o tarde de domingo?

No sé qué tienen o dejan de tener los domingos, pero hasta las irresponsabilidades de los corruptos y de sus instituciones creadas a sus imágenes y semejanzas, cobran especial relevancia los domingos. Hace unas horas, esta misma tarde, a raíz de distribuir un artículo de Gaspar Garrote por las redes sociales, una antigua eurodiputada española, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, me preguntaba que si la pérdida de señoría entre los representantes políticos era igual entre políticos de izquierda o derecha. Como ya sabéis quienes me regaláis la alegría de leer y de comentar los artículos de este blog, no creo en la dicotomía derechas e izquierdas. Y le respondía a la Sra. Ex Diputada con otra pregunta: quiénes forman parte de la supuesta izquierda real en España y en el Mundo. Yo, Sra. ex diputada, soy de esos cientos de miles de personas que desde mi primera vez que tuve la oportunidad de votar en unos comicios legislativos, me pregunté y pregunto a quién votar. Casi siempre, mi respuesta ha sido la misma, en blanco. Gracias a todos aquellos partidos y políticos que desde 1993 me han facilitado el derecho de este noble ejercicio. Lo que no me han facilitado ni a mí, ni a cientos de millones de personas, de cualquier edad, profesión o creencia, es la vida cotidiana. El ejercicio de otros derechos y otras obligaciones: estudiar, recibir financiación para proyectos de I+D+i valiosos, montar y desarrollar una empresa (pymes, cooperativas...), facilitar el trabajo a los profesionales de la sanidad o la justicia. Por cierto, todos pilares de cualquier vida digna de ser vivida y de cualquier país o continente que quiera construirse con visos de ilusión y esperanza. 
La citada disyuntiva la podemos extrapolar a representantes sindicales que solo se representan a ellos y a sus equipos de reparte prebendas, a empresarios que solamente especulan y explotan a sus trabajadores, a aquellos que de manera consciente hacen daño al otro o prójimo. Lo siento, damas y caballeros, es lo que tienen los domingos, que hasta lo que es claro se vuelve transparente. 

Pero como hombres y mujeres compañeros de este viaje bloguero y, sobre todo, humano, sabéis, aquí domingos y cualquier día de la semana, somos amantes de la alegría, de las trayectorias que merecen la pena por su talento y sensibilidad, por su compromiso y coherencia. Amamos en el Rick´s Café la alegría y las actitudes que encaran la vida y la convivencia con ilusión. Por eso, para que la última mirada de este domingo de julio siga siendo de sonrisa en tu rostro o en el de tu compañera, qué mejor que regalarnos esta canción ... Todavía es domingo, pero en once minutos un nuevo lunes asomará por la Península Ibérica. Que te sea hermoso y encarémoslo con valentía e ilusión. 

Comentarios

Entradas populares