Viajando por tres continentes



Eso es lo que nos está permitiendo la aventura de este blog y del otro blog, el de la novela Volver a amar (la catarsis) Ediciones Atlantis. Desde que a finales de julio de 2010, emprendiera esta aventura, hemos podido viajar a través de tres continentes gracias a la colaboración de nuestros amables y alegres lectores (hombres y mujeres), de la Red y de las redes sociales. Hemos estado en Europa, América y África. Nuestros lectores nos han llevado a Estados Unidos, España, México, Venezuela, Chile, Rusia, Irlanda, Alemania, Francia, Países Bajos, Perú, Argentina, Venezuela, Colombia, Ecuador, Costa Rica, Estonia, Italia, Grecia, Portugal, Polonia, Brasil, Bolivia, Bélgica y Marruecos. De esos Estados de los que tengamos constancia, porque en ocasiones puede haber algún polizón que no esté recogido en los datos de la interfax oficial, y emerja con su salero, su alegría y sus ganas de viajar. Y  qué es vivir, sino un viaje por la vida propia, por el sentimiento que se ensimisma con sus proyectos y razones vitales. 

Salimos a la calle de aceras, caminos de asfalto, viviendas, comercios y oficinas, y vemos a la gente vivir o al menos intentarlo. Con tanto riesgo de prima, con tanto déficit que recuperar y condonar, con tanto bloque vacío o en vías de ocupación, ¿qué hacemos, salimos o entramos, o nos quedamos a medio camino? Algo hay que hacer, damas y caballeros. Eso sí, como hace unos tres años y medio nos recordaba con sapiencia un joven hombre invidente en unas jornadas de trabajo sobre TIC e integración, a veces es bueno que todos se pongan de acuerdo sobre algo concreto aunque luego la opción tomada resulte fallida. Profunda meditación la de aquella persona que aún hoy en día resuena en quien esto os escribe. Aquel invidente, aunque no le pregunté su edad, era obvio que había nacido en el periodo histórico que se conoce en España como el de la transición democrática. 


Eso es vivir, ir en tránsito. Y durante el viaje elegimos ir acompañados y en ocasiones en soledad buscada o por consecuencia de lo vivido. A veces, como vosotras sabéis, la soledad es necesaria. A veces, estamos rodeados de cientos de personas o en grupo, y la soledad es vivida. A veces, incluso estando en soledad, una persona se siente bien acompañada. Y surgen las preguntas. Siempre los filósofos emergen como lo hará Grecia, Europa y el resto del Mundo. Porque tras toda tempestad, ¡verdad amigo Ortega! llega la calma. Decías en tus libros y artículos tan antiguos en cronología, tan actuales en contenido y continente, que solo querías que te citasen ante un Tribunal de náufragos. Evidentemente en uno del siglo XXI y posteriores, has de estar tú acompañado de tus amigos Julián Marías, María Zambrano o Dolores Franco, por citar algunos. Pero también tomando como referencia tus obras, por ejemplo, el Goya, y las cartas que el genio de D. Francisco escribía a su amigo Zapater, esos hombres y esas mujeres sencillas que a diario se esfuerzan desde años por sacar sus vidas adelante. Por eso si a Goya le gustaba tertuliar un rato con una copa de vino, un trozo de pan, con las tiranas de fondo cantando en compañía de Zapater; a ti te encantaba ir discutiendo -pensando en voz alta para dos- con Julián mientras disfrutabais de la indecencia de los españoles que tras la tempestad de la Civil y la Mundial, hicieron de tripas corazón y sacaron sus vidas y sus sonrisas adelante.  


Te escribo a ti, hombre y mujer de cualquier edad, país de procedencia, ... Estáis en cualquiera de los cinco continentes. En ocasiones no necesitamos la red de redes ni tan siquiera coger un medio de transporte, para conocer a personas de cualquier pueblo, ciudad, país o continente. Sencillamente pararse a hablar con alguien es suficiente en el barrio, en pleno centro de la ciudad en la que vives, o con un intercambio cultural entre estudiantes. De los programas valiosos de la Unión Europea, de los que se salvan de verdad, y merecen la pena consolidar y potenciar está el célebre Erasmus y sus continuadores. Pero para viajar es necesario que aprendamos a escuchar. A uno mismo, al otro, a quienes nos rodean. Aprender a discernir los intereses propios de los ajenos, y ser capaces de averiguar si realmente somos capaces de construir unos intereses comunes para la mayoría. Parece que tras no se cuentas batallas y guerras, a partir de cierto momento de 1945, aquello empezó a ser posible. Ahora nos toca continuar. Porque eso es vivir y viajar, intentar hacerlo bien para que tú, yo, nosotros, realmente podamos vivir con la imprescindible alegría cotidiana y los recursos necesarios. Es tarea de todos. 

Y ahora cuando toca decir hasta luego en este viaje de hoy, recurramos a Machado y a Serrat...

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