Vidas bloqueadas, ¿cómo desbloquearlas?



En 1989 se produjo como sabemos la caída del Muro de Berlín. Ese hecho cargado de simbolismo mostraba la supuesta superación de la dicotomía vital y geopolítica de la denominada Guerra Fría. Una cuestión es la teórica superación otra la real superación. Para la segunda, la importante, porque afecta a varias generaciones y a cientos de millones  de personas, se necesita tiempo, esfuerzos y capacidad de superación de los errores o de las injusticias cometidos. Es curioso porque ese hecho histórico que se inició unos años después de la conclusión de la Segunda Guerra Mundial tuvo su origen en las tomas de decisiones y en los proyectos que lideraron dos Estados y naciones occidentales; los Estados Unidos y Rusia (por entonces, la URSS, que incluía bastantes más países). Ahora bien, muchos países europeos, americanos y de otros lugares del planeta, se dejaron llevar por esa dinámica bipolar. ¿Qué ocurrió para que ello fuera posible? ¿Por qué las sociedades y las instituciones de esos países lo permitieron? 

La historia desde 1989 hasta la fecha nos ha mostrado varias realidades. Una de ellas es que la unión artificiosa, efectista y militar de las naciones que cayeron bajo el dominio de los soviets de la URSS, trajo más problemas y sinsabores que realidades dignas de ser tomadas como ejemplo. Desde hace unos años, países que pertenecieron a la dictadura soviética, Hungría, Polonia o la antigua RDA, por citar algunos casos, se reintegraron en la Unión Europea y, sobre todo, volvieron a participar en su auténtica realidad histórica, Europa. 

Sin embargo, el modelo americano europeo asumido principalmente por los países que acordaron programas de desarrollo, primero a través del Plan Marshall, y después mediante la Unión Europea, también ha acabado mostrando sus carencias, errores y corruptelas. Sin embargo, ni mucho menos todo ha sido negativo. De hecho, el desarrollo de las sociedades del bienestar fue uno de sus principales logros. Un paradigma que fue tomado como referencia a ser observada por países de toda América y Oceanía, e incluso de los continentes africanos y asiáticos. Lo curioso de los países de África y de Asia, dadas sus particularidades y circunstancias, es que rara vez han sido capaz de crear una cultura asiática o africana común. ¿Por qué no lo han hecho? ¿Qué consecuencias han provocado esa falta de cultura asiática o africana común para cada país de esos continentes, para ambos continentes y para el resto del Mundo? Ojo a lo que ahora voy a señalar, haber creado unos cimientos, unos proyectos, unos valores, unas creencias africanas y asiáticas comunes, no implica que además cada pueblo hubiera mantenido su propia libertad creativa, su propia capacidad de mostrar unos rasgos peculiares. Precisamente, como nos recordaba Marías, cuando empleaba la metáfora de la orquesta para describir y definir a Europa, a Occidente, nos indicaba que cada músico con su instrumento y sus recursos tenía que ser capaz de poner todo su talento, compromiso y sensibilidad para que sonara en beneficio de la orquesta. Y al hacerlo lo haría en beneficio de cada uno de sus miembros.
En este sentido, les animo a escuchar este ciclo de conferencias de Julián Marías sobre la realidad de Occidente y las otras realidades. Resulta clarividente para nuestro tiempo.


En este nuevo artículo, Ortega Klein nos apunta a la constatación de varios fenómenos. Uno preocupante, el deterioro de las condiciones de vida y perspectivas de las clases medias en Europa y Estados Unidos. El otro ilusionante, el desarrollo de esas clases medias en países de la América del Sur, Asia -sobre todo en China- y África. En el segundo caso, en parte realidad, en parte algo por comprobarse en los próximos años e incluso décadas. A este respecto, dado que como Ortega y Gasset nos mostró, vayamos despacio y con buena letra dado que el futuro es el auténtico destino de la persona y de las sociedades, y hay que ser prudente a la hora de vislumbrarlo. Y para ello se exige grandes dosis de veracidad. Más aún en un tiempo como este nuestro en el que precisamente la mentira corrupta ejercida por unos pocos y consentida por demasiada gente se ha convertido en una de los principales causantes del panorama del último lustro. 

Habla Ortega Klein de las posiciones que han jugado en ese estado del bienestar los partidos moderados. Desgraciadamente para todos, para la democracia, esos partidos hace demasiado tiempo que perdieron el sentido de la responsabilidad de Estado, y hechos como ERES ficticios, usos fraudulentos de fondos europeos, manejo corrupto de los consejos de administración de la mayoría de las cajas de ahorro, o el paripé a la hora de edificar y organizar las instituciones educativas, sanitarias, judiciales o culturales, han socavado la confianza de las sociedades en ellos. No es cuestión solo de los partidos moderados, han habido otros no moderados y sindicatos que han contribuido a la causa del deterioro. ¿Por qué lo ha permitido la sociedad de los diferentes países? ¿Por qué se compraron viviendas a precios irreales? ¿Por qué se permitieron los eternos becarios mientras el hijo o la hija de tal ascendía y ascendía? ¿Por qué años y años de mil euristas?


Europa y Estados Unidos se han jactado mediáticamente y en el mundo de las ONG´s y de las fundaciones privadas sociales de aportar sus ayudas económicas y logísticas al supuesto desarrollo de naciones de otros continentes, o al menos de eso se han regodeado desde los años noventa del pasado siglo. La tan traída y manida cuestión de la Cooperación Internacional, que si 0,7% del PIB, sí; que si 0,7% del PIB, no. Que si tu firmas como Estado que lo vas a pagar cada año, y luego pasa el año, y no lo pagaste. ¿Para qué tantas cumbres mundiales, además de para fotos y protocolos propios del papel cuché? Es cierto que países europeos y los propios Estados Unidos con sus sociedades civiles e instituciones han contribuido; ahora bien, ¿lo hemos hecho dignamente, lo hemos hecho más bien que erróneamente? 
También habremos de preguntarnos sobre las responsabilidades de los pueblos y de las instituciones africanas y asiáticas sobre sus realidades desde hace siglos. Dado que las sociedades asiáticas y africanas, entre otras, están prosperando o lo van a hacer, -realidad de la que nos alegramos profundamente-, toca que se acuerden en estos tiempos en que sus primos hermanos de la Vieja Europa o de la América del Norte empiezan a notar la crisis demasiado. ¿Qué podemos hacer para ello? 


Hace unos años, un grupo de profesionales comprometidos con su empresa en España, que con su buen hacer estaban haciendo que la misma siguiera mejorando en todos los sentidos, cuando se sentaron pacífica, respetuosa y con argumentos con los ejecutivos de aquella, para solicitar que en la sede de su ciudad se pusiera el mismo horario laboral que en la sede central de la capital del Estado tenían sus compañeros desde hacía veinte años, no solamente se encontraron con el no. Respuesta con la que contaban, las otras eran el sí o vamos a estudiarla y os diremos sí o no. Pero lo peor, no fue el no, ni mucho menos. Lo peor sin lugar a dudas fue el trato despótico e injusto que recibieron. La miopía obtusa del directivo intermedio provocó la reacción airada y también obstusa del ejecutivo superior. Esa manera de actuar causa daño innecesario, injusto y fácil de superar si hubiera capacidad de ponerse en la posición del otro, de los otros. Más aún cuando esos otros han cumplido con sus responsabilidades. 

Para ir concluyendo, cuando se permite ese tipo de situaciones en una institución pública, privada o híbrida, y se convierte el abuso en costumbre, las sociedades más desarrolladas comienzan a resquebrajarse. Los países en los que se producen esos hechos cotidianos se empobrecen humanamente, en sus recursos y en sus perspectivas de futuro. Por tanto, hombres y mujeres de Occidente de cualquier generación exijamos que nuestros derechos y potencialidades no sean cercenadas, coartadas. Eso implica veracidad, conciencia y compromiso de todos. Y que las mejoras en las condiciones de vida y de proyectos vitales de nuestros semejantes de África y Asia sean posibles manteniéndose lo valioso que abuelos de Occidente hicieron. 

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