16 provincias y 3 regiones en 1 provincia y 1 región



La pintura de Ernest Descals sobre el Madrid actual, o las que presentaré más adelante de George Bellows y Max Beckmann sobre Nueva York y Dusseldorf en el primer tercio del siglo XX, muestran una realidad decisiva de nuestro tiempo: el fenómeno de las aglomeraciones y sus consecuencias en todas las circunstancias de la vida. Asunto este del que ya hemos tertuliado en otros artículos y del que realizó profundo análisis Ortega en La rebelión de las masas. Hoy voy a intentaros transmitir una visión aún más cercana sobre las graves consecuencias cotidianas que ese hecho humano, social y estatal tiene tanto para quienes viven en Madrid como para quienes lo hacen en otras provincias y regiones.
Tres comunidades autónomas suman un total de 16 provincias; Extremadura (2), Castilla La Mancha (5) y Castilla León (9). Esas tres regiones representan el 42,55% del territorio nacional. Y la suma de sus poblaciones es de 5.783.334 personas, lo que simboliza el 12,25% del total de hombres y mujeres censados en España. Evidentemente se aprecia un desequilibrio poblacional que se explica por el éxodo que en todo el mundo occidental se produjo del mundo rural al urbano en  la primera mitad del siglo veinte. Ese despoblamiento ante la búsqueda de oportunidades para salir adelante o bien relacionado con intentar desarrollar un proyecto de vida concreto, viene repercutiendo negativamente tanto para la vida en esas tres regiones como para la propia vida en Madrid provincia y región. En el caso de Madrid, muchos de los atascos, de la excesiva contaminación, o de la vida descontrolada por la excesiva rigidez en los hábitos cotidianos, se demuestran por esa organización estatal, interregional e interprovincial.
A pesar de los encantos o de las supuestas oportunidades intelectuales, profesionales o culturales que una capital como la española puede presentar para cualquier persona, cuando nos detenemos a mirar en si esa es la filosofía de vida y proyecto integral que queremos desarrollar, la realidad diaria pone en cuestionamiento a cientos de miles de personas que han tomado o toman esa decisión personal o interpersonal. Cuando hoy en día, hay cada vez más gente que se está replanteando la vuelta a pequeños municipios o ciudades, es consecuencia de que el estilo y el programa de vida que realmente quieren llevar a cabo es incompatible con los modus vivendi que en las macrourbes se vienen desarrollando en los últimos noventa años. Los excesivos nervios delante del volante; las prisas por coger los vagones de metro o tren en las horas punta laborales; la preocupación por llegar a la hora al trabajo, a recoger al hijo o hacer las compras básicas; la perdida de la calidad del aire; la pérdida de los vínculos sólidos entre las generaciones de familiares y amigos, son hechos humanos y ciudadanos que están presentes cada jornada.
Esos fenómenos repercuten en un deterioro en la calidad de vida. Las personas, la gente que vive así, no vive, sobrevive malamente. Y ello tiene hondas repercusiones en la vida propia, en las relaciones interpersonales, en la convivencia vecinal y ciudadana. Vivir aunque sea difícil, o haya momentos extremos de descontrol que a cualquiera nos supera, precisamente supone todo lo contrario: poder practicar ilusionada y responsablemente un proyecto de vida.
Desde los años cincuenta además se viene dando otro hecho que dificulta a cualquier ciudadano esa vida: la excesiva burocratización de las relaciones humanas. Una burocratización que entonces se producía desde la esfera política administrativa estatal. Y que a pesar de ello ha provocado por el mirar para otro lado de empleados responsables o de las instituciones de control competentes, la permisividad en la corrupción financiera, laboral e inmobiliaria desatada en el último lustro.
A esa burocratización desde lo estatal cabe sumar la burocratización privada a través de los supuestos departamentos de atención al cliente. Estos en demasiados casos en lugar de solventar de manera ecuánime y justa los entuertos causados a personas o entidades, fomentan aún más los errores o las corruptelas. Ya sabemos lo cotidianas que son las quejas a las multinacionales telefónicas.
Esas realidades ejemplifican los por qué del aumento del estrés, de la ansiedad, de las desavenencias en las parejas y en los matrimonios, en la calidad del trabajo que se realiza. A más estrés y ansiedad, más problemas cardiovasculares, más irritación y dificultad en la vida con nuestros semejantes.
Esos hechos muestran también la excesiva concentración de empresas e instituciones en la capital de España. Y aquí voy a intentar hacer otro matiz de la necesidad de hacer cambios organizativos para el beneficio de la Villa y del resto del país. Las últimas cuatro décadas constitucionales han demostrado que las visiones autonómicas, federales y las ultracentralistas tienen sus evidentes carencias. Más aún cuando se han practicado, por grupos de interés por todos de sobra conocidos, unos hábitos tendentes a dividir y fragmentar lo que son los intereses comunes e indispensables de todo pueblo: sanidad, educación, vivienda, justicia, buena administración, fomento del emprendizaje responsable y rentable. Y lo que es peor; los intereses creados por unos cuantos grupos han bloqueado las vidas de millones de personas tanto en nuestro país como en el resto del mundo occidental.
En el campo mediático, los medios de comunicación públicos y privados han potenciado lo publicado y difundido a través de las sedes madrileñas. Y en un segundo lugar lo propagado por los medios barceloneses. Eso que llevado al plano de las restantes autonomías se ejemplifica con los altavoces partidistas de las comunidades autónomas, con una minoría de ejemplares y dignificantes excepciones.

Por eso, en este nuestro tiempo, en el que lo que ocurre en París o en Nueva York tiene incidencia a lo que le acontece a una mujer en Cáceres o a un hombre en Las Palmas de Gran Canaria, cuando se pretende por una minoría no ejemplar imponer su modelo sobre Europa, toca seguir revelando los errores propios y ajenos, toca continuar denunciando los abusos y las corruptelas ante las instancias legales competentes, para que cuando un trabajador salga de su puesto de trabajo en cualquier lugar de Madrid, pueda disfrutar de un paseo por sus calles y avenidas. O que cuando una abuela tenga que acudir a un médico en un municipio de la comarca de la salmantina Sierra de Béjar pueda hacerlo y ser atendida de manera competente. No sé tú, pero quien esto os escribe, está convencido de que por ahí vienen las auténticas reformas que hay que hacer para que nuestra vida merezca la pena vivirla.     

Comentarios

  1. Yo creo que en el origen de todos estos problemas está en "cortoplacismo", el atender a lo inmediato sin mirar más allá. Cuando recogemos los frutos de nuestras torpezas nos escandalizamos y comenzamos a buscar culpables. No aprendemos.

    (Manuel, otros días he metido algún comentario más pero a menudo no me aparecen. Podría ser problema de mi ordenador, porque me ha pasado con algún otro blog, pero por si acaso te aviso. Un abrazo)

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  2. Hola, he visto que has insertado una pintura mia, te queria decir que cuando le pones el nombre del autor en el artículo le sobra una L, el nombre correcto es ERNEST DESCALS, por si quieres corregir el pequeño error, muchas gracias.

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  3. Muchas gracias Ernest. Encantado de verte por el Rick´s Café.

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