Arte audiovisual para la Sagrada Familia



Es lo que nos ofrecen Ana Escalera y Juana G. Linares con este reportaje. Los encuadres detalles nos desvelan la sapiencia de Gaudí y de su equipo para revelar los misterios de la vida humana y sagrada. La manera de tratar la piedra, sobre todo, cuando las pupilas de las artistas y las lentes de las cámaras se dirigen a escenas cotidianas; los animales, el yuntero en plena faena, revelan que se trata de algo tan obvio como personas viviendo.
Esa manera de Gaudí y de su gente de trabajar la piedra revela la sensibilidad de ese grupo de artistas para recrear la vida diaria. Parece que las figuras humanas son hombres y mujeres a los que podemos tocar, con los que podemos hablar. Pero Gaudí profundiza y, tras asimilar las técnicas, las inquietudes y los recursos de los maestros del Gótico y del Renacimiento, es capaz de aunar y dar un paso adelante a través de su talento para fundir esos estilos, reinterpretarlos y crear un sello propio. Las imágenes trabajadas con un perfil más propio del románico, dotan a esas escenas y esculturas de un dinamismo que expresa el lado trágico de la vida.
Y, sin embargo, el artista nacido en Reus tiene el tacto necesario para en la tragedia lanzarnos un mensaje de paz, de espiritualidad serena. Esa serenidad nos la transmiten Escalera y Linares a través de su mirada con la música que acompaña al reportaje. Llegado un momento, parece que las partituras, los acordes, las notas, salen del órgano de la propia Sagrada Familia. Y esto nos lleva a una serie de reflexiones, no solamente acerca de este monumento, sino al resto de edificios religiosos que hay en cualquier lugar de España, Iberoamérica o Europa. Evidentemente, la música, con independencia de la religión que se profese, ocupa un lugar clave a la hora de vivir el espíritu y lo sagrado.
Cuando andamos por cualquier templo, sentimos en la mayoría de los casos, que el silencio es sobrecogedor y valioso, forma parte de la vivencia personal o interpersonal de vivir el hecho religioso. Y, sin embargo, cuando observamos los excepcionales órganos nos vemos obligados a preguntarnos ¿por qué no se le saca a esto todos los recursos que encierra? Y no solamente a los excepcionales órganos sino también a los propios templos.
Están ahí esperando a que se desarrollen actividades musicales que merecen la pena, que permitirán dar vida vocacional, profesional, social y económica –de la que se verán beneficiadas todas las partes implicadas si se hace con honradez y talante redistributivo–. Hacerlo, llevarlo, a cabo, solo es cuestión de voluntad, honradez, compromiso e ilusión.
Os dejamos en la compañía del audiovisual de Ana y Juana. Esperamos que os guste, ya nos diréis…

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