El español cotiza en el Mundo



Buscando en el baúl de la memoria, me he acordado de una serie de cartas que Ortega escribió a familiares y amigos durante su estancia postdoctoral en Alemania hace ya más de un siglo. En una de aquellas deliciosas epístolas, de las que ya hemos tertuliado en este blog, recopiladas con el título de Cartas de un joven español, Ortega se entusiasmaba al ver a un compañero de la Universidad que iba a poder dedicarse a investigar sobre las culturas aborígenes del Tíbet. Y una vez que aquel joven, como él, volviese con sus primeras investigaciones realizadas con el apoyo del Gobierno alemán de la época, continuar sus quehaceres profesionales e intelectuales impartiendo clases en la universidad, escribiendo y prosiguiendo con sus indagaciones, entre otros quehaceres. Esa posibilidad que se le brindaba a aquel hombre era normal en el país centro europeo. Y matizaba Ortega que aquel licenciado camino de su Doctorado no es que fuera un talento sobresaliente. Sin embargo, su interés para una vocación concreta unida a su capacidad de trabajo, iban a ser recompensadas por su Estado, como hacía con otros hombres y mujeres de aquella generación que se dedicasen a otras tareas. Y esto es lo que realmente atraía y llamaba la atención de nuestro pensador. Eso era casi impensable en la España de la primera década del siglo veinte. Hasta que no se crea el Ministerio de Instrucción Pública y la Junta para la Ampliación de Estudios, no se comenzará a fomentar y ayudar el talento y la sensibilidad de nuestros artistas, pensadores y científicos -tres formas de expresarse la inteligencia y el compromiso de las personas-.   
En estas jornadas en las que uno a veces dedica tiempo a seguir las Olimpiadas de Londres, me llama la atención como deportistas y entrenadores de otros países están recurriendo a creaciones españolas para dar soporte a sus ejercicios y deportes. Es el caso de la gimnasta austriaca Caroline Weber, quien para su coreografía de masas ha recurrido a música flamenca para acompañarla y completarla. Al finalizar su ejercicio, Weber con un espíritu jovial se ha colocado un sombrero de bufón para esperar la puntuación del jurado. Las imágenes de sus dos entrenadores mostraban la empatía entre ellos tres. Y este detalle también nos ha llamado la atención por un doble motivo. Primero, porque siguiendo con los planteamientos para la vida de Ortega, éste reivindica la necesidad de encarar la existencia con alegría y con un talante deportivo. Ortega se percata de las opciones que el deporte presenta para fomentar la constancia, la creatividad y la capacidad de superación. Por eso, elegirá como ex libris de sus libros el arquero de Aristóteles. Nos dirá Ortega que seamos con nuestra vida como arqueros que apuntan sobre el blanco de la diana. Es evidente que para cada deportista que estas semanas está participando en los Juegos Olímpicos, estos representan el culmen a días, semanas, meses y años de dura preparación. Y son mayoría quienes no alcanzan la dicha de una medalla o de un diploma olímpico. 
Segundo, frente a numerosas generaciones de hombres y mujeres del centro y del este de Europa para quienes la riqueza de las emociones les ha estado oculta en muchos casos, y en otros ha sido negada por ellos mismos y sus entornos, la elección de la música flamenca para el ejercicio de la austriaca Weber, el desarrollo de su ejercicio de masas y la celebración posterior a su finalización -sin haber ganado una medalla olímpica en Londres-, muestran que algo está cambiando para bien. La influencia de Calvino y de sus grupos de interés ha marcado a cientos de millones de europeos desde hace siglos. La privación que aquel pensador y sus correligionarios impusieron hacia las emociones propias y de sus semejantes ha provocado un exceso de visión inflexible matemática a sus sociedades y países. Eso explica los comportamientos de hombres y mujeres que hoy en día tienen la máxima representatividad política a nivel de la UE. Eso ayuda a comprender la inflexibilidad de la Licenciada en Física Angela Merkel y de los grupos de interés a los que maniqueamente representa. 
Sin embargo, igual que en otros artículos hemos defendido y seguimos haciendo la  importancia de las fronteras y de los viajes como focos decisivos para que se den injertos humanos y ciudadanos entre los pueblos, estamos observando en la realidad cotidiana como los virus de la inflexibilidad se han inoculado en personajes de la Europa mediterránea. Entre los ejemplos manifiestos de esa manera de proceder están Mario Draghi y sus colaboradores quienes con sus declaraciones y omisiones están permitiendo desde hace más de un año que la labor camaleónica y tiburonesca de los agentes financieros siga imperando a sus anchas. Vemos como la prensa española en el día de hoy resaltaba en sus titulares la necesidad de bajar los salarios por recomendación impositiva del BCE. También esa realidad mediática muestra una vez más el ya también aquí denunciado efecto del periodista altavoz que incurre en análisis carentes de coherencia, profundidad y honestidad. 
Esa errónea y maldiciente medida del BCE, que a ciencia cierta sabe que uno de los motivos reales de la crisis de este último lustro también ha venido causada por los bajos salarios que cientos de millones de licenciados y profesionales de las más diversas actividades profesionales vienen cobrando. Con la particularidad cotidiana de que esos salarios mil euristas se vienen dando en unos contextos de especulación alimentaria e inmobiliaria que han quedado manifiestamente probados. Esos pagos mil euristas se están aplicando en unas circunstancias morales indecentes: grandes beneficios para sus empresas contratantes y unos sueldos de sus ejecutivos manifiestamente injustos por excesivos. 
Por eso, ahora que los Juegos Olímpicos están llegando a su recta final, desde aquí invocamos a que se invierta en todos aquellos asuntos decisivos para un pueblo como son la educación, la sanidad, la investigación, las artes y el deporte. Que cuando el próximo lunes los ecos de los flashes y de los pingües beneficios comiencen a apagarse, cualquier hombre y mujer ya sea jugadora de balonmano, o  sanitario experto en enfermedades crónicas, pueda desarrollar sus estudios y sus carreras profesionales con unas condiciones dignas e ilusionantes de tan valiosas ocupaciones.

Comentarios

  1. Es que esas "señoritas Rottenmeyer" de la política y las finanzas olvidan que la economía y la política están al servicio de las personas y no al revés.

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