La educación prohibida, o como abrir la mente y el alma propio y colectivo



Esta película que conjuga las excelencias del documental, del docudrama y del cine es un canto sereno y alegre a otra manera de educar a las personas desde su niñez. Conforme vamos viendo su largo metraje, dos horas y media, en el que hasta los títulos de créditos resultan originales con su evocación a un valor cívico y espiritual humano a través de cada letra del abecedario, las sensaciones se van transmitiendo desde sus protagonistas al telespectador. Quien está al otro lado de la pantalla, sentado en su asiento, se queda con un sabor de alegría, paz, tranquilidad y equilibrio a lo largo de su visionado. Y eso es fruto de una serie de actitudes y comportamientos sustentados en el amor hacia la persona y hacia el colectivo. Un amor que se forja y se transmite mediante la vocación de los docentes, de los investigadores de las diversas áreas, de las madres y de los padres, y de los propios estudiantes.
Dado el carácter internacional de este grupo cinematográfico, en el que aparecen personas y entidades implicadas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España…. Dado el carácter abierto a los valores cívicos y espirituales, otra apertura que ofrece esta obra a través de sus múltiples protagonistas y entidades, lo diferente se nos muestra como inclusivo. Es más, partiendo de lo común, representado en el respeto y el amor a la persona y al aprendizaje a lo largo de la vida, se hace una apuesta comprometida porque cada uno vaya descubriendo su camino vital. En este sentido, y dada la implicación de instituciones de países iberoamericanos, vemos en La educación prohibida la huella que desde principios del siglo veinte fueron sembrando mujeres y hombres de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) o aquella majestuosa Facultad de Filosofía y Letras de la España previa al 36, y que después de aquel fatídico y trágico cuatrienio, fueron exiliados interiores unos, y otros exiliados exteriores, y que con amor propio, constancia, ilusión y sensibilidad fueron expandiendo esa manera de enfocar la vida y la educación.  Tengamos presente que la obra de aquellos exiliados interiores y exteriores se irradió por toda América de norte a sur, y también por Europa y determinadas zonas de Asia.
Viendo La educación prohibida, a uno se le viene a la memoria una anécdota que le pasó al joven Federico García Lorca durante sus años de estudiante en la ILE, cuando un día antes de un examen sobre una materia se encontró con Giner de los Ríos en la Residencia, quien precisamente le iba a examinar. Al preguntarle el profesor al estudiante qué estaba haciendo, aquel le contestó que leyendo un determinado libro. Al día siguiente aquel alumno fue examinado por su docente no sobre la materia establecida, sino sobre la obra que estaba leyendo.
O también me viene al recuerdo la multitud de experiencias vitales que los adolescentes camino de su primera etapa como adultos que estudiaron en la Interdisciplinar Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, tuvieron durante el lustro de 1931 a 1936. Aquella facultad, ya invocada en multitud de ocasiones en este blog y en otros foros por Nieves Gómez, Francesco de Nigris, Rafael Hidalgo, Gaspar Garrote, Harold Raley o Luis Alfonso Ruiz, fue la continuación y la avanzadilla de la excelencia intelectual y humana de la cultura para la vida española, iberoamericana, europea y occidental. Y aún siendo de clara cepa occidental siempre abierta y con las manos tendidas para establecer puentes con lo más enriquecedor de las culturas africanas y asiáticas. Ahora, en este sentido, se nos refresca la memoria con las traducciones de Zenobia Camprubí de las obras de Tagore, o el elogio de Ortega a la cultura de los Tuareg para hablarnos del valor de beber y dejar el puesto de la fuente a otro compañero, y enarbolar ese gesto humano como símbolo de las relaciones generacionales. Hoy en día, desde hace ya años, posiblemente décadas, podemos decir que esa visión orteguiana ha de trabajarse con mimo para fomentar la fecundidad de las relaciones intergeneracionales.

Precisamente esos vínculos diarios intergeneracionales es otro de los pilares básicos que en La educación prohibida se nos transmite. Cuando una hija siente que su padre participa de su aprendizaje en actitudes y valores para la vida; cuando una madre aprecia que su hijo se da cuenta de la importancia de mantener un orden básico en su vida; desde ellos hasta los abuelos pueden saborear con gratitud y alegría cualquier jornada. Y he aquí otra vivencia que queda manifiestamente clara en esta película. Independiente de si el aula, la escuela o el instituto, está en España, Colombia, Chile, Brasil o la Argentina; la limpieza, la cooperación, el cuidado de la naturaleza y del entorno compartido, el buen uso de los materiales de la comunidad, son comportamientos y recursos que se fomentan y comparten en el día a día. Frente al estrés y la ansiedad que se practica en las macrourbes propios de un estilo de vida donde impera el consumismo desaforado que alientan el sistema burocrático, empresarial, legislativo, mediático, sindical y social; una forma de vida en la que lo importante y decisivo es acumular posesiones y apariencias; en La educación prohibida se hace un canto comprometido a la vida libremente elegida y consensuada (en el plano interpersonal, grupal y colectivo).
En la sociedad consumista, por ejemplo, ver a los hombres llorar se considera un rasgo de debilidad. En cambio, en La educación prohibida se muestra como una realidad y una reacción propia de quien es capaz de mostrarse tal y como es. La inteligencia emocional que invocó desde el estudio de la realidad masculina y femenina Daniel Goleman queda retrata de manera clara en esta cinta. Siendo además alentada como una fuente para el encuentro de la persona consigo misma y sus semejantes.
Frente a la sociedad obsesionada por las pertenencias, posterior a un mundo de guerras civiles y mundiales, en el que la competitividad sin escrúpulos en los planos públicos y privados es uno de sus propulsores y, una consecuencia errónea de aquel otro anterior en el que prevalecieron maliciosamente los ejércitos para la guerra, en lugar de para la paz; en La educación prohibida se defiende y promueve la colaboración para que la persona y sus semejantes sean competentes. Por tanto, para que sepan hacer, para que sepan aprender a lo largo de su trayectoria vital, y lo pongan también al servicio de la comunidad. Eso también avala su carácter de red de redes desde lo local a lo internacional.
Para ir concluyendo, y dentro de la línea de trabajo que otros equipos vienen siguiendo en este comienzo del siglo XXI, la infografía y las ilustraciones son recursos estéticos, técnicos y cognitivos a los que recurren para construir la trama de la obra. Ahora sí, os dejo con el enlace a la película. A partir de tu visión, podremos seguir tertuliando… http://www.educacionprohibida.com/

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