La estrella ausente, mirada europea sobre China




Esta película que nos obsequiaba en la noche de ayer La 2 dentro de su Ciclo de Cine Internacional, del director Gianni Amelio y con Sergio Castellito (Vincenzo) y Ling Tai (Liu) como protagonistas principales, resuma autenticidad humana. Coproducción de cuatro países, Italia, Francia, Suiza y China, lo que trasluce una doble perspectiva: por un lado, el interés italo francés por la historia principal y las historias derivadas que nos relata. Y, por otro lado, se intuye la necesidad de la intervención suiza para convencer a las autoridades chinas de permitir el rodaje en tierras de la China interior y de Shangai. Este último detalle sería muy interesante de indagar y conocer, porque de confirmarse, mostraría los grados de apertura reales del régimen chino hacia un modelo democrático. Cuestión esta última no baladí dada la influencia china sobre el resto del mundo por su capacidad socioeconómica en los últimos veinte años y en las próximas décadas.
El film lo podemos encuadrar en esa línea del realismo social que tanto floreció entre cineastas europeos entre los años cincuenta y ochenta del pasado siglo: los Berlanga, Buñuel, Passolini, Bardem, Tavernier, Fellini, …
Vincenzo, ingeniero italiano, se percata de que una máquina que han vendido a una empresa siderúrgica china carece de un componente decisivo para su buen funcionamiento. Ante esa situación, decide emprender un viaje cual Robinson del siglo XXI en el que su aventura consistirá en entregar tal artefacto a los técnicos chinos. Los ojos de Vincenzo se convertirán desde el momento de su aterrizaje en el gigante país asiático en las pupilas del director y del equipo de guionistas. A través de él sentiremos las peculiaridades de la vida china en su territorio; desde los rascacielos con centenares de pisos en la gran ciudad que acogen a familias y talleres; hasta la intimidad de la vida rural representada en la familia de la protagonista femenina Liu. Los contrastes a los que se somete Vicenzo a lo largo de su periplo viajero son los que los espectadores podemos sentir durante su visionado. El primero de los choques de trato y culturales que recibirá Vincenzo ocurrirá cuando es detenido para comprobar quién es y qué ha venido a hacer a China. Ese detalle muestra una realidad del modelo político chino: la rigidez de sus formas propias de un mundo militar despótico del siglo veinte. Es la desconfianza y los recelos que muestran las autoridades militares políticas chinas hacia quienes proceden de otro país lo que les lleva a actuar así. A lo que sumar su interés por mantener su propio status quo. Esa manera de proceder, en honor a la verdad, no solamente es propia del país con capital en Pekín. Es la que cualquier viajero se puede encontrar cuando hoy viaja a Rusia, país europeo pero que, como sabemos, aún se halla inmerso en una oligarquía real.
Superado ese primer escollo con la ayuda de su leal y noble traductora Liu, Vincenzo irá transitando por un collage de situaciones en las que el talento fotográfico y musical del equipo de rodaje impregnará de sensibilidad poética a su discurso cinematográfico. Vemos la belleza de los paisajes montañosos y boscosos del interior de China, una manifestación clara de su todavía virginal naturaleza. Y, sin embargo, también nos muestran la contaminación de algunos de sus ríos, cuyas aguas marrones reflejan cómo las industrias siderúrgicas las empobrecen al no emplearse rigurosas y comprometidas técnicas de depuración y eliminación de residuos. Detalles como esos dos mencionados, nos obligan a preguntarnos qué modelo acabarán exigiendo hombres y mujeres de China que se establezca. En las respuestas que se den, hallaremos las realidades no solamente del cuidado al medio ambiente en China sino también en el resto del mundo en las próximas décadas. Y en ello, nos estaremos jugando la salud del Planeta y la nuestra.
China, representada en las macrourbes que recorrerán Vincenzo y Liu, y también en algunas de sus aldeas o zonas de descanso, como buena parte del Mundo en vías de desarrollo adolece de unas infraestructuras terrestres y ferroviarias que impidan la contaminación por los embotellamientos y atascos. La respuesta además de la creación de unas redes de autopistas, de ferrocarriles y aeroportuarias bien planificadas y ejecutadas, radica en el centenario uso de las bicicletas. Las imágenes de la cinta que reflejan esa costumbre transmiten al espectador la luminosidad, la alegría y la tranquilidad de quienes dan pedales. En esa costumbre ancestral se halla una inteligente respuesta a los problemas de saturación ambiental en el mundo.
Otra de las luces que nos brinda todo el equipo de este rodaje es la amabilidad con la que desde ancianos hasta jóvenes, especialmente del mundo rural, atiende al otro, al extranjero, simbolizado en Vincenzo. Vemos en esa hospitalidad un valor universal que cualquier pueblo o civilización puede aceptar como norma de vida. Y es en detalles pequeños y dotados de una profunda carga emotiva como ese, en el que podemos hallar una clara vía para reformar desde nuestro universo más particular hasta el Mundo a nivel global. Es esa cultura que potencia el trato cercano, respetuoso y solidario la que nos lanza vías para crear y establecer unas pautas de convivencia desde Roma a Pekín, desde París a Shangai, desde Ginebra a Las Palmas de Gran Canaria.
Y en el doble final de La estrella ausente, que no te lo vamos a revelar para que te animes a verla, aunque cualquier buena película es digna de ver aún conociendo su desenlace, la combinación de las actitudes rudas y poéticas es un guiño que cineastas y actores nos lanzan acerca de las trayectorias humanas y sociales que podemos tomar. Ahora, como a los protagonistas y secundarios de este film, a cada cual nos toca elegir. 

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