Pensar España con Julián Marías, un libro referente (I)




Vamos a empezar a comentar este ensayo logrado que nos brinda el profesor y escritor Enrique González. Se trata del libro Pensar España con Julián Marías, que resulta sugerente y atractivo desde su título y cubierta. Su belleza radica ya en la sencillez de ese doble cartón que es el torso de la obra. La conjunción de los colores blanco y salmón con el detalle fotográfico de los ojos y gafas de Don Julián, sumados a las letras del título, dotan de personalidad al cuerpo envolvente que es la cubierta.
¡Qué quiere que les diga! Pero a mí, como editor y lector, me empieza a entrar o no entrar una obra desde su cuerpo. Es como el hombre que se gira para ver pasar a una bella mujer cuando transita por la acera. O la fémina que de conversación con una amiga por una avenida, de pronto le dice a su colega: ¿te has fijado en ese? ¡Qué guapo! A lo que la amiga responde, no se te escapa uno.
Y me dirás tú, inteligente lector o lectora, que la picardía de la empresa editorial y del equipo de diseño pueden hacer que nos vendan gato por liebre. Pues mire, hay maestros de lazarillos que lo hacen. Pero, aquí no es el caso. Sino todo lo contrario. Estamos ante uno de esos libros necesarios en toda biblioteca personal o colectiva que se precie. Es uno de esos textos que se llevan a la mesita de noche, al despacho de trabajo, a la hamaca de playa o campo, o a donde a ti te salga del alma buscar un rincón para leerlo. Porque además está escrito con lengua propia y discípula de la escuela filosófica española del siglo veinte. Cuando uno coge este ensayo de Enrique González, y empieza a leer desde su primera página, y va uno metiéndose línea tras línea, percibe la honradez y la admiración del autor hacia su amigo y maestro Julián Marías. Es como un amigo de este crítico que la primera vez que tuvo en sus manos La rebelión de las masas de Ortega, edición de Espasa y Calpe, prologada por Julián Marías, al ir leyendo el prólogo y posteriormente el cuerpo del ensayo de Ortega, tuvo la impresión de ser la misma persona. ¡Y qué va!, eran dos, Ortega y Marías, pero la amistad, el buen rollo que dicen los mozalbetes de nuestro tiempo, se transmitía entre ambos.
Y hete aquí que llegamos a otra virtud de este libro de Enrique González: que lo puede leer cualquier persona, desde adolescentes a abuelas. Y, en este tiempo, en que desde la partitocracia imperante de cualquier país y signo político se lleva tiempo legislando de manera arbitraria y contraria a lo que es la educación defensora y propulsora de la investigación rigurosa y que ayuda a la persona a pensar y sentir por sí misma, a ser libre y a aprender a convivir con sus semejantes, este ensayo promueve esa visión necesaria de la vida, de un país con países hermanos.
Desde el propio título, Enrique González nos está haciendo un claro guiño a la vida, a la que está por hacer cada mañana cuando una persona sale de su casa para ganarse y hacer su trayectoria. El uso del infinitivo Pensar  la negrita es mía , está cargado de fuerza e intención. Te invita, nos invita, a que lo hagamos. A que tomemos cartas en el asunto, en eso que es propio de cualquier mujer u hombre cuando se detiene a planificar y ejecutar su proyecto cotidiano de vida, y es consciente de que tiene un plan personal, pero también el vecino y el vecindario tienen el suyo. Evidentemente, todas las personas estamos invitadas y obligadas a la causa común.
Pero si ya la primera palabra del título está llena de sugerencia, las tres últimas completan el cuadro: con Julián Marías. La obra de Don Julián, pese a quien pese, está viva, está ahí. Cualquier persona de este o de muchos países podemos recurrir a ella para leerla, para trabajarla, para discutir con ella. Porque el sabio filósofo español fomentaba el debate y afrontaba la discusión siempre desde los argumentos serios, desde el amor a la veracidad, siempre desde el respeto y la concordia con el interlocutor. Buscando eso tan difícil y necesario que es aprender a convivir. Es más como un hispanista célebre, a quien precisamente Enrique González dedica esta obra, Harold Raley, nos advirtió, el siglo XXI y los venideros demostrarán que Ortega y Marías serán los autores del pensamiento para la vida a los que cualquier persona habrá de recurrir para vivir ella y hacer sociedad.
         Estamos en un momento de nuestra historia y de la Historia decisivos. Nos estamos jugando el pan, el techo, los derechos y las posibilidades de su defensa y realización de nuevas generaciones. No es casualidad que cientos de millones de personas se hayan echado a las calles y avenidas de cualquier rincón del planeta desde 2011. Tampoco es nuevo en la historia. Por eso, ahora una vez más, hemos de recurrir a las fuentes humanas que están llenas de amor a la veracidad, a la honestidad, a la coherencia, para aprender de los aciertos propios y colectivos, de cara a hacer posible que el futuro de cualquier persona sea ilusionante y posible. Pero también para asimilar los errores propios y colectivos, detectarlos y superarlos. Y, por supuesto, atajar las injusticias y corruptelas.
        En próximos artículos, seguiremos trabajando esta obra, antes os dejo unas líneas de Enrique González y Marías escritas sobre el pasado, pero llenas de presente y futuro:
         “Pero Bacon, a pesar de su talento y experiencia, no comprende el carácter de la Monarquía española. La ve como una nación más, intraeuropea, solo que con inmensos dominios exteriores; la idea de las Españas, de estos reinos y esos reinos, se le escapa enteramente. Ve a España como un imperio, pero es el de Gattinara, la monarquía universal conseguida mediante conquistas; no entiende la idea, (…), la armonía entre los príncipes de la Cristiandad. (…) Ni ve Francis Bacon el proceso de las incorporaciones, que ha llevado a la constitución de la nación española y sigue más adelante hasta la fundación de la comunidad de pueblos heterogéneos.” (pp. 104-105)
(p. 106) “Junto a ese enorme desconocimiento que sufrió, España cometió errores, actos contrarios a los proyectos auténticos, el abandono de ellos, su sustitución por otros menos verdaderos, el no tener en cuenta los requisitos de esos proyectos.
Un gravísimo error fue el establecimiento de la Inquisición y la expulsión de judíos y moriscos: la inferencia de que, siendo España un país cristiano, tenían que ser cristianos todos los españoles. Otro error fue la identificación del cristianismo con los llamados cristianos viejos, olvidando que todos sin excepción son nuevos. Un tercer error fue la retracción ante el descontento que España siente ante las rutas emprendidas por el resto de Europa.”
(pp. 113-114) “Los Reyes no tienen ya validos o privados, sino secretarios, servidores escogidos por su capacidad y honradez, y no forzosamente en la primera nobleza, sino en otros niveles de la sociedad. Hay un ajuste de las instituciones que funcionan mejor que nunca. Pero eso era posible porque había, desde muy pronto, un proyecto nacional coherente y que moviliza a los mejores españoles en un magnánimo esfuerzo que renovó, en formas disintas, la antigua eficacia.
Desde Felipe V a Carlos III se va afirmando un doble proceso: por una parte, creciente nacionalización de España, sin opresión ni nacionalismo; por otra, incremento de la legitimidad social de la Monarquía, en la cual el Rey no es propiamente Jefe del Estado –expresión sin demasiado sentido en el siglo XVIII , sino más bien cabeza de la Nación, perteneciente a la sociedad más que al aparato político, instancia suprema a la cual se puede recurrir contra el Gobierno, como se vio durante el motín de Esquilache.
Fueron eliminándose, no sin reticencias, los privilegios: de la Iglesia o de la nobleza. La supresión de las adunas interiores y de los privilegios económicos con América, no solo promueve la prosperidad, sino que facilita la participación de todas las regiones en la empresa colectiva –azul, mío. Todas ellas se sienten integradas y ciertamente más que después, en la unidad nacional.”

Comentarios

  1. Comparto el disfrute con la lectura de este libro. Nos recuerda muchas cosas que don Julián pensó sobre España y en las que nos va nuestro futuro como colectividad.
    Rafael Hidalgo

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