¿Por qué los canarios sonríen?



El pueblo canario en general sabe vivir la vida. No es solo una impresión personal, sino que después de cotejarla con otras personas que han vivido en alguna de sus siete islas principales durante una etapa de sus existencias, aquellas han corroborado la parte afirmativa que lleva implícita la pregunta que nos cuestionamos para encabezar este artículo. De la mano de la viñeta del artista canario Morgan, vamos a ir planteándonos otras disyuntivas que nos ayudarán a analizar este fenómeno personal, interpersonal y social. La mujer y el hombre de Canarias, mayoritariamente, saben apreciar la buena cocina. Cualquiera que se detenga a observar cómo actúan en las tiendas de alimentación o en los supermercados a diario, apreciarán que los canarios disfrutan yendo a estos establecimientos. Por cierto, aunque se acumulen personas en los mismos, rara vez uno siente la sensación de agobio tanto entre clientes como entre dependientes. Esta segunda realidad nos lleva a plantearnos nuevas cuestiones, ¿por qué sucede eso? ¿Qué hacen o dejar de hacer clientes y dependientes del ramo de la alimentación para que ello sea posible? Algo tan sencillo como no tener excesivas prisas. Ya nos avisaban nuestros antepasados desde hace siglos a través de la sabiduría popular que aquellas no son buenas consejeras. Y esa doble evidencia complementaria desemboca en otras dos: una, el dependiente sabe escuchar a su clienta. El cliente se dirige con claridad y amabilidad a su dependienta. Y esto es importante porque nos muestra cotidianamente la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Por un lado, de quien está trabajando. Y, por otro, de quien está siendo servido. Si contrastamos esa realidad diaria con la que a través de los medios de comunicación se difunde de otros lugares de España, sobre todo de las ciudades capitales de provincia más pobladas (Madrid o Barcelona), distinguimos el exceso de estrés y ansiedad que en esas urbes se producen y se intercambian entre cientos de miles de personas cada jornada. Por tanto, de eso extraemos otra lección de vida: el temple para la vida del pueblo canario es más inteligente que el desarrollado en las macro ciudades. Y lo es porque sabe elegir un camino, unas actitudes y unos comportamientos en los que la pausa y el diálogo son posibles. Eso también se ejemplifica en un rasgo dialéctico propio desde los abuelos a las nietas canarios: la dulzura en su hablar. Eso no quita para que, como en todo rebaño humano, haya almas que aún no hayan desarrollado una sensibilidad básica. O que si algo no quedó claro a uno de los interlocutores, el otro lo exponga con total claridad o incluso sequedad. Eso no quita para que, como en todo colectivo humano, haya determinada gente que conjuga la expresión ser hipócrita. Como en otras partes del mundo, esa minoría también se manifiesta y actúa de múltiples formas, destacando quien va con maneras suaves e incluso cercanas, pero a la hora de la verdad muestra su talante de lobo o loba. En ese sentido, vemos que un fenómeno local, nacional y global, como es el exceso de poder y la plutocracia también se están dando en estas maravillosas islas. Para que una sociedad, un pueblo y un país puedan caminar hacia una convivencia cada vez más sana, justa y solidaria es necesario ir eliminando día a día esos privilegios desmedidos de unos cuantos a favor de una redistribución humana y coherente de los derechos hacia todas las personas que cumplen con sus obligaciones cotidianas. Por ello, el ámbito público y privado, que en el fondo son las dos caras de una misma realidad humana; la convivencia entre personas, grupos e instituciones, tiene que caminar hacia la eliminación de sueldos en B, bases de cotización por debajo de la responsabilidad laboral asumida. También son necesarios el aprendizaje de todos y cada uno de los miembros de una familia o de una institución de las obligaciones cotidianas para que cada uno contribuya solidariamente con sus semejantes.
Un fenómeno socioeconómico curioso, desde la perspectiva de alguien que la mayor parte de su vida ha vivido en la Península Ibérica, es la variedad gastronómica canaria desconocida en el resto de España y de Europa. Cualquiera que vaya a Canarias, y se adentre en sus carnicerías, pescaderías, charcuterías, reposterías o verdulerías, descubrirá recursos alimenticios realmente valiosos. En todo el mundo se conoce la universalidad de su plátano. Ahora bien, ¿por qué no se conocen sus carnes rojas? ¿Por qué sus recursos pesqueros en plena costa limítrofe con la subsahariana –uno de los más ricos caladeros mundiales– no se exportan a otras regiones o países? ¿Por qué sus excelentes quesos semicurados pasan desapercibidos para los amantes de este alimento en el resto de España o del mundo? El mojo es conocido, ¿se está haciendo todo lo posible por intentar comercializarlo en sus múltiples variedades a otras zonas del planeta? Pero si hablamos de sus aguas minerales, algunas como las de Teror son sencillamente únicas. Estamos acostumbrados a ver aguas de Lanjarón, Mondariz, Font Vella, en los establecimientos de cualquier parte de España. ¿Por qué no entran en escena las aguas canarias en esos u otros mercados? Desde luego desde empresarios a emprendedores, desde medios de comunicación a entidades de marketing, desde políticos a trabajadores de allí y de acá, tienen que hacer una labor de meditación seria y honrada de porque todos esos por qué están sin contestar.
Y para que los servicios y los productos, y el talante ante la vida vayan de un lugar a otros, y para que un pueblo fomente sus injertos valiosos en otras sociedades, es indispensable contar con los medios de transporte, las vías de comunicación y los medios de información. Respecto a los medios de transporte y a las vías de comunicación, comentaremos que en Canarias ver a sus guagueros y conductores civiles conducir por las estrechísimas, curveas y empinadas carreteras es una doble delicia. Por una parte, porque el paisaje es de una belleza extraordinaria. La combinación de piedras volcánicas y graníticas milenarias de múltiples alturas con árboles, arbustos y otras plantas bajas dotan al viaje de un sabor especial para los paladares más sensibles. Pero si a esos le sumamos, las brumas entre montañas con los paisajes marinos costeros de fondo, cualquier fotógrafo o pintor que se precie tiene en sus numerosísimos escenarios fuentes de inspiración. Durante los viajes por Canarias, cualquier persona puede sentir que la relajación, la limpieza interior y la paz propia y compartida se pueden desarrollar.
Y, por otra, al ver transitar como decíamos más arriba a guagueros y a conductores civiles, observamos la toma de conciencia de unos y otros respecto a las condiciones difíciles de las vías. Estas, por lo general, en buen estado, dadas las dificultades orográficas de las tierras canarias, hacen que esas personas conduzcan responsablemente. Sin prisas, dando tiempo al tiempo, y al otro, para evitar en lo posible los percances automovilísticos. Frente a las carreras sin sentido en las macro urbes, con el estrés por llegar al trabajo o a una cita interpersonal, en Canarias la gente va a otro ritmo. Les animamos a que lo comprueben ustedes mismos. Y, por ejemplo, tomen la ruta hacia Agaete en Gran Canaria. O bien, como nosotros, vayan hasta la histórica localidad tinerfeña de La Laguna. En esta segunda, ver conducir a sus mujeres y hombres es ya el sumo del deleite humano. Parece como si fuera un tiovivo artístico porque en cualquiera de sus calles cuando te topes con un conductor al volante, éste te dará el paso incluso habiendo aminorado la ya de por sí reducida velocidad de su vehículo. En La Laguna, créanme, da ganas de emplear un par de recursos muy taurinos cuando los toreros están finos y transmiten: aplaudirlos y agitarles el pañuelo blanco. 
Y ahora antes de irme preparando para el próximo escrito, y de desearles que disfruten de este fin de semana, les dejo con su libre y personal visión acerca de estas líneas y párrafos. Si realmente les gustaron, seguiremos en ello. Y, si no, volveré a intentarlo… Próxima estación, cantos canarios.

Comentarios

  1. Me has convencido. ¡Yo de mayor quiero ser canario!

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  2. Podrás seguir disfrutando de otra de tus pasiones: la naturaleza.

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