Diferencias intergeneracionales 1




Mirar alrededor, con espíritu de curiosidad sana, genera la capacidad de ir visualizando lo que se comparte y lo que no. Cuando uno se detiene a ver cómo las personas de otros países o de otras regiones viajan de su lugar de procedencia a un destino elegido, aprecia matices diferentes en las formas y en los contenidos de aquellos ciudadanos. Las diferencias generacionales, como consecuencia de la educación recibida y aceptada, se muestran así también en esta circunstancia de la vida. Ahora bien, cabe hacer matices. No todas las personas nacidas en el arco temporal, por ejemplo, de 1952 a 1966 viajan de la misma forma. Como tampoco lo hace la gente de la siguiente generación, la que va de 1967 a 1981.
        Las mejoras en las condiciones de vida que se produjeron a partir de la década de los cincuenta del pasado siglo, sobre todo, en el mundo Occidental y en sensibles zonas de Asia, gracias al trabajo cotidiano de esos hombres y mujeres, repercutió favorablemente en que los flujos viajeros fueran creciendo. No solo los viajes por descanso, también por trabajo o negocio, expediciones científicas y artísticas, … Ahora bien, el propósito o el proyecto que cada persona o grupo de personas que realizan un viaje se marcan, muestran la forma de relacionarse también con los nativos o residentes de los países o regiones a los que se viajan. Y en ese detalle, en esa realidad, vamos a centrar este artículo, esta meditación.
        Independientemente de la generación a la que ese viajero pertenezca ­–y empleo aquí el término en su uso neutro como en otras muchas ocasiones para referirme a los dos géneros–, la cortesía, la educación cívica básica, está presente en los hábitos de esas personas, independientemente del país de origen. Eso es muy positivo, valioso, ya que muestra la importancia que esos hombres y esas mujeres dan a los usos, a las costumbres, de interrelación básicas. Y constituyen la base porque nos permiten a cualquiera de nosotros relacionarnos con amabilidad, energías positivas, respeto y cortesía. Por tanto, a que el espacio y el tiempo, a que las vivencias compartidas, sean agradables. Una sencilla sonrisa con alguien o una pareja a la que nunca posiblemente vamos a volver a ver. O un gesto de dejar pasar a alguien en lugar de uno mismo. O facilitar el acomodo en una zona común. Esos y otros comportamientos humanos muestran esa capacidad mutua de convivencia o coexistencia pacífica, cívica. Esos usos también se extienden a las unidades familiares. Y he aquí una de las diferencias en los hábitos que ya empiezan a darse entre las personas de una generación y de otra, con las ya mencionadas al principio diversas excepciones.
Por ejemplo, entre quienes pertenecen a la generación de 1952 a 1966, y la anterior, que va de los nacidos en 1937 a 1951, está marcado el hábito de los viajes por paquetes turísticos con autobuses grupales con sus guías. Tengamos presente que entre esas personas, e insistimos no todas, hay significativas minorías que son sus propias brújulas y cuentan con amigos de esas zonas que les orientan, se han dedicado mayoritariamente a trabajar como proyecto cardinal de sus vidas. Y lo han hecho en profesiones muy dignas y valiosas, cuya formación no era universitaria. No todo el mundo tiene que ser universitario, aunque toda persona ha de tener el derecho a cursar unos estudios universitarios. Se trata de vocación, de ilusión, de razón vital irrenunciable como en el resto de circunstancias de la vida. Pues estos ciudadanos de aquí y de allá, hacen su viaje en su condición de turistas. Miran a la realidad que visitan, sus calles, ciudades, paisajes, a sus gentes, desde su realidad nacional, desde fuera. Digamos que coexisten y apenas conviven. Eso ayuda a explicar que por ciertos estudiosos e investigadores de las Ciencias Sociales se haya hablado de multiculturalismo. Evidentemente, existe. Sin embargo, hemos de preguntarnos como otras veces, ¿cuáles son sus aspectos positivos? Algunos ya los hemos enunciados. Pero nos vemos obligados noblemente a cuestionarnos, ¿qué carencias presenta ese paradigma? ¿Qué se están perdiendo ellos, quienes les reciben, e incluso sus amigos o familiares con quienes conversan después de sus viajes?
Ahora bien, hay excepciones muy llamativas. Por ejemplo, hombres y mujeres de ese tiempo que no pudieron cursar estudios universitarios por diversas circunstancias –principalmente por la situación socio económica familiar– y, sin embargo, su capacidad e inquietud les han convertido en excelentes lectores y rastreadores. Lo que en jerga universitaria se llamaría un ratón de biblioteca. Apoyados en los textos de los clásicos, en colecciones excelentes audiovisuales, han sido no solamente capaces de viajar a ese destino elegido con la intuición de estar en un lugar conocido. Si no también de asesorar a sus hijos o conocidos cuando esos se han desplazado al lugar que ellos durante años han leído y conocido a través de sus libros.
Es obvio que estamos hablando desde viajar solo a hacerlo en pareja, con amigos, en familia, o en grupos que se van tejiendo en los propios viajes. Como decían nuestros maestros clásicos, está bien por hoy. Mañana seguiremos hablando sobre esta cuestión. Merece la pena seguir indagando sobre ella. Nos puede arrojar mucha luz sobre el devenir cotidiano y, a partir de ahí, proyectar sobre posibilidades que se conviertan en certezas ilusionantes y valiosas para cualquiera de nosotros. Mientras tanto, seguís disfrutando de esta jornada otoñal. Es un día más en tu vida, en nuestra vida, toca vivirlo con alegría. 

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