Estilos viajeros 2



La lluvia copiosa ha llegado a España con el comienzo del otoño. La necesitamos tras el periodo de sequía del otoño invierno pasado. Y el agua del cielo puede aportar nuevos matices a quienes viajan. Total, se trata de disfrutar de la compañía con la que se viaja, de la gente a la que se conoce, de los lugares que se andan y recorren, y de los intercambios culturales y, por tanto vitales, que se realizan. Calzado y ropa cómodos, un chubasquero bien impermeabilizado y un paraguas, y amanece un nuevo día que disfrutar. Te estoy, os estoy, retratando lo que podría ser el diario de un viajero, de cualquier hombre o mujer de cualquier edad y generación. Sin embargo, como apuntábamos ayer, habiendo hecho las matizaciones oportunas para cada grupo generacional y, dentro de ellos, marcando los detalles por los que cada persona, pareja, familia o pequeña camarilla de amigos, adoptan en función de sus filosofías viajeras.
        Entre los miembros de la generación de 1967 a 1981, hay un grupo muy significativo de quienes viajan a su manera. No requieren de autobuses concertados; ni paquetes completos en hoteles ya que prefieren solo desayunar en su alojamiento y hacer el resto de las comidas en las ciudades o en los pueblos que visitan. Esta última circunstancia, esta realidad, es consecuencia de que prefiere mezclarse con la gente y los lugares que visita. Tiene un espíritu que podemos llamar de navegante, en el sentido original del término, de aprender a descubrir por sí mismo el mundo y sus gentes por los que va transitando. También influye su formación universitaria o profesional especializada, lo que unido a las posibilidades de documentarse con más facilidad y criterio, le permiten autogestionarse su viaje. Es una manera más libre y personal o interpersonal –cuando se viaja con pareja o amigo– de conocer los sitios y sus hábitos de vida. Pensemos también que en este fenómeno humano y social que estamos radiografiando influye el hecho de que son precisamente las personas de esta generación las que han podido comenzar a disfrutar del Programa Erasmus y similares en la Europa comunitaria. O en América, desde el norte al sur, se han fomentado y más aún han de hacerse, los viajes estudiantiles. Este hecho tampoco es nuevo. Desde que el hombre y la mujer lo son, la maravillosa Odisea de viajar se ha convertido en un elemento esencial de nuestro vivir. Con el impulso viajero que supuso el descubrimiento de América y la construcción de aquella comunidad iberoamericana de civilización, los pueblos hemos vivido un salto cualitativo. Ya en pleno final del siglo veinte, precisamente como consecuencia de las mejoras en las condiciones de vida y de la redistribución de los recursos, se han potenciado los flujos viajeros. Y llegado a este punto, hemos de introducir una nueva variable para seguir profundizando en la cuestión que estamos abordando: ¿qué escoden las quejas de ciertos elementos por los viajeros más modestos? Ojo que aquí empleo intencionadamente el concepto de modesto para reflejar la realidad de cientos de millones de personas, la mayoría, que tienen sus trabajos y cobran sus sueldos, o son autónomos y tienen también aquellos salarios y complementos que se establezca. Ser modesto también está asociado a ser honrado, libre, comportarse gentilmente con el otro. En definitiva, haber desarrollado inteligencia y sensibilidad para la convivencia. 
Hay determinada gente del mundo del turismo excesivamente centrada y obsesionada con una minoría de gente que viaja despilfarrando sus dineros. Aquellos que hacen ostentación de riqueza. Lo que en la España de los años sesenta, y lo refleja muy bien un tipo de cine social crítico español con una finura de mirada extraordinaria, se conoció con el fenómeno del nuevo rico. Este hecho no es único de nuestro país. En cualquier Estado del Mundo esa realidad se produce y reproduce a lo largo de la historia. Es más, en sentido real y antropológico, la persona, como demostraron Ortega y Marías, nace sin riquezas. Porque los recursos con los que pueda contar pertenecen a su familia. Y, por tanto, para poseerlos, habrá de trabajar para ser consciente de lo que cuesta ganarse el pan, el techo y una vida digna a diario. También queremos matizar el hecho de que una persona concreta con su noble, coherente y honrado trabajo se enriquezca y ayude a enriquecer a sus empleados, regiones o países, es un elemento positivo. Pero claro, hay casos y casos.  
Viajar menudo goce, porque nos permite quitar las caretas a los intérpretes mundanos y diarios. Si alguien no te mira a la cara ni a los ojos, ya sabemos que ese tipo encierra inquina, rencor y envidia a quien así saluda. Por tanto, que es boya a quien dejar naufragar en su isla patética. También hay que tener presente a aquel otro que te rinde excesiva pleitesía, en la acepción 4ª del término en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Dicho en español maravilloso del amigo Sancho Panza “lobo con piel de cordero”.
Y viajando, viajando, llegamos hasta estas líneas finales por hoy, pero como hay todo un día por delante que seguir saboreando y un mañana que nos espera, dejaremos el viaje de los inmigrantes para una nueva cita contigo, con vosotros, queridos amigos de este viajante bloguero. ¡Hasta pronto y feliz jueves lluvioso, encapotado, nevado o soleado!, depende desde donde me leas.

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