Qué pasará si...


… el fútbol español no estuviera cautivo por el duopolio de dirigentes merengues y culés, consolidado por el duopolio televisivo (este desde los años noventa en que surgieron las plataformas televisas) y el contubernio de los ejecutivos de la LFP.
Anoche vimos una hermosa demostración de cómo el campeón de la Liga Europea, el Atlético de Madrid, daba un magistral repaso futbolístico al campeón de la Liga de Campeones, el Chelsea. Se desarrolló el partido como los pupilos de Simeone habían trabajado y planificado, haciendo realidad lo previamente ensayado. Ya nos lo avisó Ortega, la vida es hacer intentándolo, salga o no salga, vamos diciendo cómo queremos vivir. Su fútbol aunó esfuerzo físico en defensa y ataque, deseos e ilusiones coherentes por obtener la victoria, convicción en su método y hermosura en el balompié de contra ataque propuesto. Cuando el Chelsea se dio cuenta, ya solamente quedaba la otra mitad del partido a modo de inventario. Y como el póker es mejor mano que el trío, el central brasileño colchonero, Miranda, con la colaboración involuntaria de un rival hacía el cuarto.
Es evidente que el Barcelona ha hecho el más completo fútbol del último lustro, y que los éxitos logrados han hecho su historia y la del fútbol español, dejando huella imborrable en el balompié mundial. También lo logró el Real Madrid en el pasado siglo, coronándose como primer club del siglo XX por méritos propios. Ahora bien, los hitos alcanzados no se pueden perpetuar por intereses maniqueos, injustos ni cortoplacistas de unos y otros. Repercute en la calidad de la liga y copa nacional y, a la larga, puede repercutir en la otra gran expresión del fútbol en el último decenio, la Selección Española. Ya hemos hablado en este blog de este asunto en otras ocasiones.
Tampoco es justo para el resto de clubes europeos que ven cómo la ávara forma de distribución de recursos impuesta en la organización futbolística española, repercute en la sana competencia entre equipos a nivel internacional. Desde que comenzó el siglo XXI, los espectadores y aficionados españoles de cualquier club, hemos podido saborear que otras entidades como Sevilla, Valencia, o el Atlético de Madrid, viviesen y lograsen el sueño de anoche en Mónaco. Esa capacidad de alcanzar esas cotas ha permitido que la calidad de la Roja no se resienta, porque el rendimiento, de los jugadores que esos clubes y otros aportaban al equipo nacional, está siendo extraordinario. Eso explica el interés de entidades deportivas del resto de Europa en los jugadores españoles. En las últimas semanas y horas, hemos comprobado como desde las ligas más valiosas de Europa han llegado ofertas fuera de mercado o suculentas por esos futbolistas que han arribado a otros lares del Viejo Continente. Esperemos que los impuestos de todos esos fichajes, de esas fichas y de los emolumentos extras por objetivos alcanzados, también tributen en las arcas hacendísticas de España. Y que se redistribuyan para el resto de la ciudadanía, que en mayor o menor medida, también contribuyen desde hace décadas a hacer posible que esos jóvenes se dediquen a su vocación pelotera. Unos apoyándoles emocional y económicamente como aficionados; otros como ciudadanos que contribuyen con sus tasas al fomento de las actividades deportivas. Porque esa es otra laguna que el balompié nacional e internacional tiene que erradicar; la lacra de los paraísos fiscales en las operaciones de compra y venta de deportistas, y en los pagos de los salarios y extras de los deportistas. El dinero B tiene que dejar de ser una realidad del mercado deportivo. Eso repercute, como todo el dinero B que corre por cualquier mundo profesional, en la salud redistributiva y en los recursos con los que cuentan un país y el resto de naciones. Las entidades deportivas como cualquier empresa PYME, cooperativa, modesto autónomo o empleado por cuenta ajena, tienen que cumplir con la hucha común: las arcas públicas. Ya está bien de permitir desfalcos y otras tropelías. Eso empobrece a España, a Europa, al Mundo.
Y volviendo a la belleza que la persona puede desarrollar con una pelota entre los pies, haya nacido en Fuentealbilla, Los Palacios o Santa Marta; se llame Iniesta, Navas o Falcao, todo no es duopolio portugués argentino. Como la historia no fue solamente fría, y la realidad humana ha terminado mostrando las lagunas y miserias de esos extremos. Por el contrario, los campos británicos o alemanes están casi siempre llenos juegue el equipo que juegue. Porque desde las ciudades británicas y alemanas se recuerda a la capital del país y a su principal rival, se avisa a sus clanes mediáticos, que existen el resto de equipos. Y que con ellos hay que contar, sí o sí. Y que sin ellos son una triste realidad de egos vanidosos en penumbra, que más tarde lubrifican a sus pagados chicos de la prensa con el hierro que poetizó Quevedo, para comprar al chico estrella de provincias por el que babean para que se ponga su zamarra.
Y para ir finalizando, unos enlaces de fútbol con historia que muestran que no siempre ganan quienes dicen que solamente ellos ganan y ganarán, o que son los únicos que hacen del fútbol arte:

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