Sonidos en la noche



Hace años, este periodista y escritor comenzó a tomar distancia de los medios de comunicación. No es que antes hubiera sido un entregado a ellos, pero sí los miraba con cierto entusiasmo. En ello radicaba parte de mi vocación. Aunque ésta siempre se sustentó más en la necesidad de aprender para la vida, y hallar primero en el periodismo y luego en la escritura de libros parte de mis razones vitales. Algo que comenzó a consolidarse cuando tuve la buena fortuna de coincidir en mis tiempos de estudiantes con profesores y compañeros como Santiago Coca, Gaspar Garrote, Fernando Velasco, María Antonia Iglesias, Sara Núñez, Bienvenido Gazapo, J. L. Sastre, López Carrillo, Dulce Chacón, Vázquez Medel, J. Mª Prieto, Pepa, Juanjo, Machuca, Luis Fernando, Daniel, Javi, Antonio, Isidro, Marga, los otros dos Danieles, Elena, Fernanda…
        Ya por entonces, aunque devoraba con el impulso de la juventud varios diarios y emisoras de radio, iba solamente dejando la televisión para las buenas películas, ciertos documentales y el telediario de La 2. Os estoy hablando de la década de los noventa del pasado siglo. Poco a poco, algún dolor de estómago y lo que sigue a éste, y es real, me hizo pasar del fuego de la primera juventud por absorber, a seleccionar lo asimilado. Entraba en juego el aprendizaje de la buena edición. Entonces se fueron cayendo de mi dial determinados programas de radio informativa y muchas páginas de los periódicos, porque lo que en ellos básicamente se ofrecía no era información ni interpretación coherente, sino manipulación de unos intereses creados. Ese fenómeno personal se agudizó tras las vacaciones veraniegas de 2004, cuando decidí no levantarme durante años con la radio informativa antes de irme a trabajar. Han pasado ocho años, y sigo siendo leal y fiel a mi decisión. Prefiero los sonidos del paisaje o de la buena radio musical (nada de histrionismos de discoteca cutre).
        Por aquellas calendas, imaginaba que eso podía pasarme también con la prensa escrita. Aún nos quedaban por entonces las terceras de D. Julián Marías y algunos otros, algunas páginas de reportajes sobre investigación, desarrollo e innovación en diarios nacionales y provinciales. Y ciertas entrevistas y artículos de opinión. Junto a ellas, la sección de Deportes del Diario de Sevilla, excelente en su visión del panorama futbolístico sevillano, nacional e internacional.
Tras este tiempo transcurrido, en los últimos meses, se ha liberado aún más mi interés informativo, y apenas leo periódicos más allá de las citadas páginas de deportes, el blog de Andrés Ortega, la Contra, y poco más. Me informo a través de otras vías e interlocutores. Curiosamente, y ahora entramos en faena, uno clave es el reportero de la calle, como recordaba junto al buen periodista canario Juan García Luján en una entrevista que tuve la alegría que me hiciera por mi novela Volver a amar (la catarsis).
        Uno de esos reporteros de la calle es mi amigo el Dr. Perenne –nombre ficticio de una persona real–. Ayer, cuando comenzábamos la jornada de trabajo paseando por la playa, como en otras ocasiones, me comentaba lo que había vivido en el Hospital durante su jornada de guardia. La primera paciente a la que tuvo que atender durante aquella guardia fue una mujer de unos cuarenta años que le llegó con síntomas, según ella, de infarto. Cuando ésta le comunicó sus síntomas, previa pregunta de él, ella le contestó:
       Doctor, me duele el estómago y en la espalda a la altura del omóplato derecho.
       Señora, no se preocupe, no tiene un infarto sino gases y un pinzamiento. Son dolorosos esos síntomas pero se los solucionaré con un masaje en la espalda, Aerored y crema Voltarén.
Mi amigo Perenne, le aplicó el masaje con Voltarén a la paciente, le dio un par de Aerored, y cuando ésta comenzó a liberar gases a diestro y siniestro, sintió como su cuerpo se iba liberando de sus dolores.
       Doctor, ya comienzo a sentirme mejor. ¡Muchas gracias!
       Para eso estamos, respondió él.
Y le dio un volante para que su médico de familia le recetase el Aerored y el Voltarén para los próximos días.
El Doctor Perenne, cuando regresaba a casa en un taxi, vio como una sucesión de jaimas se hallaban en la mediana de una doble vía urbana en pleno centro de una vía muy comercial. Le preguntó a su amigo el taxista, quien como él también había estado trabajando aquella madrugada, y aquel le comunicó –que estaban montadas desde la noche anterior.
Para que después digan en Berlín, Bruselas o Pekín que en España no se trabaja con eficiencia y eficacia. Otra cuestión muy diferente es cuándo se cobra, cuánto se cobra y cuánto se cotiza a la Seguridad Social. Pero aunque la realidad en ese sentido es jodida en parte significativa, no difiere en demasía de la tan laudada Alemania, por no hablar de los gigantes de pies de barro que asoman por el sudeste asiático y otras de las denominadas economías emergentes. Y es que según datos de Eurostat, la institución encargada de las Estadísticas en la Unión Europea, si entorno al 25% de la riqueza en España, Italia o Grecia radica en la economía sumergida o B; en Alemania está en torno al 15%. Dirá usted, querido lector o lectora, que hay un diez por ciento de diferencia, siempre que las estadísticas de Eurostat estén bien hechas, que esa es otra, pero por lo que se ve en Alemania de la Señorísima tampoco atan a los perros ni a Rocinante ni Rucio con longanizas o salchichas bávaras.
Y caminando de la mano de mi amigo el Dr. Perenne, convenimos que en España la sanidad, las farmacias de guardia, los taxistas nocturnos, y los montadores y vigilantes de stands, tienen curro por delante. Y que, por supuesto, van a necesitar profesionales bien preparados y con experiencia para nuevos servicios.
–Sí, amigo periodista, me contestó él. Ahora lo que hace falta es que les paguen buenos salarios y sus cotizaciones, y no se especule con los bienes y servicios básicos: educación, alimentación, vivienda, sanidad, justicia, información, I+D+i…
–En eso coincidimos plenamente, Dr. Perenne, y para ello no necesitamos la partitocracia legalizada. Por cierto, se te ve bien, después de veinticuatro horas de urgencia.
–Sí, es que además de la experiencia, cuando llego a casa, suelo escuchar una sinfonía majestuosa, llena de humanidad.
–¿De Bach, Händel, del Maestro Rodrigo?, pregunté yo ignorante e inocente.
–¡Qué va muchacho!, son mis vecinos aspirando y suspirando en el escenario de su dormitorio a la luz de la luna.

Tras oír aquellas sabias palabras del Doctor Pe-ren-ne, dije esto es periodismo para la vida y no la Cadena Perpetua institucionalizada. ¿Recuerdas tú bella lectora lo que le ocurría a los presos que salían de la cárcel hasta que llegaron a su situación los personajes interpretados por Morgan Freeman y Tim Robbins? Mientras lo recuerdas, una recomendación cinematográfica, la española Asignatura pendiente, con los magistrales Pepe Sacristán y Fiorella Faltoyano.

Comentarios

  1. !Qué bueno!

    Respecto a la tele, no te digo más que no tengo ni el TDT. Ósea, que no puedo verla (ni ganas).

    Un abrazo

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  2. Salud Rafael que te regalas a ti y a tu familia.

    Un abrazo

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