Vencer los obstáculos





Esto de ser orteguiano tiene su encanto. Y es que aunque estés pensando en enjaretar un último artículo o ensayo sobre los viajeros, de pronto, decides pegar un cambio de tercio porque la vida te lo pide y dejas un ratito aparcado ese escrito y te metes en otro. Es como cuando un pintor está en su estudio en la faena de una obra exigente, y un día decide tomar un descanso y cuando regresa en lugar de continuar, se da un tiempo libre para afrontar una obra modesta pero que le sale de dentro y le reclama. Y hete aquí que me encuentro por esos caminos de la vida con esta frase del filósofo grecolatino Epícteto de Frigia y él desde la Grecia clásica nos lanza este mensaje que quiero compartir con vosotros, mujeres y hombres del siglo veintiuno. Ha llovido desde entonces, como en estas dos últimas jornadas, pero su aseveración es actual: “No hay que tener miedo de la pobreza, ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte… hay que tener miedo al propio medio.”
Y al leerla se me vinieron a la mente, al espíritu y al cuerpo, Ortega, Cervantes, Jorge Manrique, Marías, Marañón, Ortega Spottorno. Se presentaron ante mí, El Cantar del Mío Cid, El Quijote, Las meditaciones del Quijote, el profundo comentario de Don Julián sobre aquella obra; Cervantes, clave española. Los Ortega y Coplas a la muerte de mi padre.
¿Se puede decir tanto con tan pocas palabras, en un par de líneas? Si aplicamos a la vida, a la nuestra, al Mundo en el que vivimos esta reflexión suya, y la pasamos por la perspectiva de la Filosofía de la Razón Vital, hemos de aplicar lo que Ortega denominó estar a la altura de los tiempos. Si ahora ciertas minorías oligarcas se obstinan en que el mundo está en crisis, y hay demasiada gente que les cree, habrá que preguntarse en serio ¿por qué lo está? ¿Qué tenemos que hacer para superarla? Y no de cualquier manera ni para interés de unos pocos, los mismos de siempre o los nuevos que se han aliado con los viejos oligarcas. Cuando empezamos a hacer este proceso de meditación y cuestionamiento, practicamos lo que María definió como profundizar en los tiempos. Siguiendo la figura del iceberg y teniendo como referente nuestra vida, con Ortega miramos y analizamos con detenimiento la parte que sale a la superficie. Y en ese camino que recorre nuestra flecha vamos con Marías profundizando en sus trayectorias posibles y vamos descendiendo por las otras nueve décimas partes.
        Al leer aquella frase de Epícteto de Frigia, se me vino a la mente la experiencia del propio Ortega cuando tuvo que ser operado del estómago a vida o muerte por un célebre médico francés en presencia de su amigo y doctor Gregorio Marañón. Aquel hecho ocurrió poco después de haber abandonado Ortega España en pleno inicio de la Guerra Civil en su primer destino en Francia. Cuando el médico francés abrió, lo vio muy negro. Y, sin embargo, Marañón conocedor del espíritu y carácter de Ortega le dijo: ¡opere usted, es un celtíbero! Superó la operación y vivió casi veinte años más.
        Si extrapolamos esa vivencia a cualquiera de las graves que hoy en día cualquier persona está viviendo, podemos aprender de ese y otros ejemplos que tenemos a nuestro alrededor, para primero afrontar cada jornada con la alegría e ilusión imprescindibles. Segundo, para volver a casa cuando completemos el día con la sensación de que ha merecido la pena vivirlo. Es normal que por el camino, las dudas o las dificultades aparezcan. Ahora bien, ¿vas a dejar, vais a permitir, que os amarguen el día? Pues no. Los proyectos pueden salir o no, las razones vitales duramente luchadas durante tiempo largo pueden completarse o no, pero si realmente se ha dado cuanto se es y se ha aprendido honestamente por el trayecto, hay que sentarse a la mesa, compartir los alimentos con una buena conversación e irse a la cama con una sonrisa.
        Y como si se tratara del juego de la oca, de frase en frase, vamos y nos topamos por el sendero con esta otra: Porque has visto, has creído. Es evidente que como tú sabes, como vosotros sabéis, tiene un origen religioso. Ahora bien, mirándola a través de las lentes de la Filosofía de la Razón Vital, ésta cobra un especial relieve. Es como, por ejemplo, Sierra Nevada cuando tenemos la fortuna de contemplarla desde un avión que ha salido desde el aeropuerto de Málaga. Recorrerla es maravilloso, como la majestuosidad de esa concatenación de montañas y valles.
Es obvio que se trata de una expresión de una persona de su tiempo para referirse a una vivencia concreta. A una experiencia vital, a un hecho, que el interlocutor y el destinatario están compartiendo. Pero es que además de estar compartiendo ese momento de pronunciación del mensaje, hay una serie de vivencias pasadas que ambos compartieron y que completan el sentido de la misma. Sin esa vida en común y compartida, no tendría sentido la literalidad de decirla. Ojo para lectores y navegantes, Ortega era agnóstico, pero tenía un especial respeto para las personas creyentes de cualquier confesión religiosa y para los ateos. Marías era un cristiano con su visión personal. Eso no les impidió nunca tener amigos y compartir proyectos con otras personas por sus creencias religiosas o no.
Echa esta acotación, sigamos analizando ambas frases dichas con siglos de diferencia entre ambos emisores, pero que nosotros podemos conectar. La vida se hace hacia delante. Pensemos en un ejemplo sencillo y actual. La realización de este artículo. Hace ya un rato que lo empecé a escribir. Literalmente hace horas, cuando comencé a mirar con el Rúas y el Doctor Perenne el Mundo. Ayer me invitaron a que lo contemplara con ellos. Y uno que es galante y gentil con damas y caballeros reales, que no ficticios, dijo: sí.
Cuando tú, cuando vosotros, lo vayáis leyendo, también habrá un tiempo transcurrido entre cada fase de lectura. Y en vuestras vidas habrán ocurrido acontecimientos entre ayer y hoy. Y, sin embargo, luego nuestras vidas continúan. Por tanto, es un quehacer o no quehacer cotidiano, que nos invita y nos obliga noblemente a una continuidad. Es la potencia que se puede convertir en acto si conseguimos poner a las circunstancias de nuestro lado.    
        Se abre ante nosotros el horizonte del fin de semana. El tiempo entra en una nueva dimensión. Para ir terminando esta tarea articulista habitual, os lanzo una caña de pescar: ¿Qué proyectos vitales quieres para tu vida? ¿Qué ilusiones quieres compartir?

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