Como decíamos ayer



Dijo Hamlet, como sabéis, que algo huele a podrido en Dinamarca. Me lo recordaba en la tarde noche de ayer la amiga Sofía, responsable de Ediciones FILO, durante la presentación del ensayo de Rubén Muñoz Martínez Elogio de la contemplación, Ediciones Anaquel.
Sofía, que integra el cuarteto con Rúas y Perenne, es una bella alemana que se afincó por estos lares del sur de Europa hace unos años y que afronta la vida con alegría y mesura desde su condición alemana que ha injertado la pasión, la profundidad y la chispa española a su discurrir cotidiano. Su porte es digno de los grandes maestros del noble arte de la escultura, desde Lisipo a Rodin. Mujer esbelta, de ojos claros, sin embargo, es su elegancia pulida con la experiencia de la vida y las decisiones tomadas lo que hace a cualquier hombre sensato que se precie, detenerse y girarse al verla pasar. Tener el goce de hablar con cercanía con ella de cualquier asunto importante de la existencia, sencillamente algo por lo que merece la pena levantarse cada jornada.
        Tuvo lugar el acto bautismal del nuevo libro del filósofo Rubén Muñoz Martínez en la sede del Círculo Mercantil, una casa sevillana de varias plantas, en las que el mármol del suelo, los azulejos de las paredes de reminiscencia árabe y los pedestales y macetones de cerámica en los rincones de las esquinas, han dotado de un estilo sui géneris a su fisonomía. Estilo que ha hecho costumbre y arquetipo entre las imágenes que se han llevado personas de otras partes de España y del Mundo tras sus visitas de Sevilla o Andalucía. Por cierto, la sala de conferencias es agradable para este tipo de actos, dada su ubicación dentro de la casa, la altura de sus techos y la luminosidad que tiene. Ahora bien, sus asientos recuerdan a los de otro bello e histórico edificio sevillano, el Teatro Lope de Vega. Ese en el que los miembros de la Generación del 27 se hicieron la célebre foto por el III Centenario de Góngora. Y recuerdan porque están hechos en sus dimensiones y distancias entre filas para personas de menos del metro setenta. Animamos a la institución a que con el temple de los artesanos introduzca esa innovación a la altura de las necesidades de nuestro tiempo. Se contempla, se mira, para elogiar lo presente hecho en el pasado, para dentro de lo posible alumbrar el futuro.
        Y se preguntaba Sofía, con esa personal y dulce voz llena de carácter, tras escuchar las palabras de los Doctores Sacristán y Villalobos que hicieron de padrino y testigo de la ceremonia del bautismo del nuevo libro de Rubén Muñoz, ¿qué tenemos que seguir haciendo y dejar de hacer para que en Dinamarca –que hoy es como decir el Mundo– deje de oler a podrido?
Estaban de acuerdo los tres doctores presentes en que la Universidad y la Prensa, que habían sido históricamente instituciones de fomento de la libertad, la coherencia, la honestidad y el compromiso, han dejado de serlo. Coincidían también en que hay oasis en ellas, algunos liberales y libertarios que resisten con gallardía como Quijote y Sancho, como Cervantes, dentro de sus aulas y redacciones. Ojalá le comenté a Sofía por lo bajini que esos exiliados interiores sean capaces de conectar con los presentes en el acto y con los ausentes peregrinos por los senderos de la vida, para entre la suma y la alianza en redes de unos y otros pasar de un tiempo de caverna triste a otro de luz transparente de estrella y faro.
Coincidíamos la musa Sofía y un servidor que, como decían nuestros abuelos, grano a grano se hace un granero. Por eso, a los presentes y a los ausentes que tengan noticia de esta cita y de otras de la misma esencia, se invoca a que con su labor cotidiana y su voz comprometida, se sumen a este acto de rebeldía que nace en la persona para compartirlo con otras personas y generaciones.
        Estuvo lloviendo ayer en la provincia de Sevilla, como en buena parte de España. Y antes de que las lluvias volvieran en el día de hoy y hasta mañana, parece que hasta el agua se quiso detener para participar a su manera en este encuentro humano e intelectual. Se detuvo el agua caída del cielo para que tras discurrir por los cauces naturales o construidos vayan a parar allí donde la necesitamos. Necesaria se hace la contemplación, la mirada, ya lo avisaban los dos más grandes filósofos españoles, Ortega y Marías. Aquellos de la misma altura y estirpe de Heidegger. Es más según el hispanista Harold Raley, algún día los españoles y los no españoles se darán cuenta de que, al igual que fue España la que tuvo la capacidad de descubrir América, también ha dado hasta la fecha a los dos más completos pensadores. Recordaban D. José y D. Julián que dos terceras partes de toda filosofía se hace mirando. La otra tomando decisiones. Y entre unas y otras, aplicando voluntad, análisis, asimilando la paciencia que requiere la vida. Ahora y antes de que en otro momento hablemos con Rubén, con el autor de Elogio de la contemplación, se hace necesario volver a la tranquilidad cotidiana de la vida para leerlo y seguir viviendo. 

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