Écija, un escenario global



Así podemos denominar a esta ciudad trimilenaria de la provincia de Sevilla, muy cerca de las provincias de Córdoba y Málaga, que desde tiempos de la Roma clásica desempeñó un lugar estratégico en el devenir de Hispania y de las relaciones del Imperio con Lusitania.
Han pasado casi cuatro décadas de que Écija como el resto de municipios españoles comenzó esa aventura de la transición, y con el devenir del tiempo ha transitado de las características propias de un pueblo a las de una urbe de tamaño medio agradable. Sin embargo, por el camino una serie de rasgos vitales se han mantenido y otros han quedado por el trayecto. La belleza de Écija se puede percibir desde que se arriba por la autovía y desde la lontananza se comienzan a ver su sucesión de torres y de otros edificios de una estética asombrosa. Llaman la atención desde la lejanía y seducen desde las distancias cortas para invitar al visitante curioso a cotejar y descubrir la suma de detalles que los adornan.
Cuando una persona camina por Écija, la mejor manera de conocer cualquier lugar y su gente porque nos permite llevar el ritmo adecuado, sin prisas, marcando los tiempos, parándonos en esos matices que requieren ser apreciados con sensibilidad, tiene la sensación que se comparte en muchos otros municipios pequeños y medianos de España. Posiblemente en la mayoría de ellos, con excepciones pocos afortunadas en los que se dan. La limpieza de sus calles, avenidas, plazas y edificios civiles públicos o privados, o el buen gusto por la arquitectura propia del lugar y de la comarca, se hacen presentes. ¿Qué se esconde tras esos matices?
Un sentido del respeto hacia lo propio y lo ajeno digno de mención. Una educación personal y cívica digna de elogio, y de ser exportada a cualquier lugar del planeta donde no sea así. Claro que siempre hay unos pocos que dan la nota, minoritarios y fáciles de identificar, que merece la pena que se haga, para que dejen de ser la nota discordante y se sumen a la buena cultura del vecindario y de la ciudadanía.
Écija, como la mayor parte de la Península Ibérica, está llena de restos de otros pueblos y culturas que forman parte del cuerpo histórico de España y Portugal. Dos naciones y Estados que hicieron que esa cultura recibida, de pura cepa occidental desde tiempos de la Grecia y Roma clásica, fuera exportada a través de los viajes trasatlánticos de finales del siglo XV en adelante. Dos países, el lusitano y el español que además como atestigua Julián Marías en la España inteligible siempre vivieron su condición de miembros de Roma desde una posición muy personal y marcando su distinción. Posiblemente en ese detalle se encuentre la raíz de que las regiones españolas o portuguesas tengan también marcada su condición peculiar respecto a las otras. Condición que, si se vive y se actúa con inteligencia y mesura, ha de sumar y nunca restar al conjunto. Y es que lo diferente y valioso que pueda ser injertado y exportado al resto, ha de ser entendido, asimilado y aceptado como un nuevo recurso o valor añadido.
Y es que precisamente hacer lo contrario, que es no sumarse a lo común ni aceptar lo valioso de lo diferente, es lo que conduce a lo que Ortega denominó invertebración. Y por debajo y tras toda invertebración se esconden el egoísmo y la envidia. De ellas tienen que librarse en un ejercicio de catarsis personal y colectiva los hombres y mujeres de España y de otras partes del Mundo para precisamente hacer la vida cotidiana más justa, sensata, alegre y placentera. Curiosas dos palabras aquellas, porque ambas tienen siete letras, comienzan por la misma y terminan por sendas vocales abiertas. Debe ser que contra más se practiquen cualquiera de los siete días de la semana, más se alejará cualquier hijo de vecina y su vecindario del sueño de lo que algunos llaman una utopía en este mundo. Y otros convertir este mundo en ese paraíso de fuentes bíblicas tan representado a lo largo de la historia de la Pintura.
Tiene Écija pasado y futuro, como el resto de ciudades de España y del Mundo. Desde la majestuosa escultura de la Amazona herida del siglo II a. C. hasta las nuevas empresas que se alzan para sacar adelante sus vidas y de sus familias como Rincón Lector La Galatea, Peque Tour Écija, la planta solar o las empresas aceiteras. Y en sus coquetas calles y callejuelas, los recovecos, los rincones, se suceden para múltiples actividades; un mercadillo de artesanos textiles entorno a los boliches, obras teatrales o musicales, o llevarlos al cine de la mano de la literatura para convertirlo en ese gran escenario que atesora en sus entrañas.
Hemos comenzado una nueva semana, no os olvidéis de disfrutarla. Las fotos son del compañero J. Bosco.

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