Elogio al manuscrito y a la primera edición




Cualquier sensación es agradable cuando se recibe y se acoge con placidez, alegría y capacidad de compartir sanamente. Eso es lo que se siente y se piensa cuando los artistas, literatos, científicos o cualquier otro profesional, te confía la lectura de un manuscrito o de una primera edición o reimpresión. En ese doble proceso de otorgarse confianza se va generando una actitud de compromiso y reciprocidad. Posiblemente, y siguiendo al poeta Pablo Neruda, podemos afirmar que ese sea un buen camino para gestarse una cívica y humana convivencia entre las personas. ¿Por qué te preguntarás, os preguntaréis?
        Vamos a intentar dar respuesta a esa cuestión. Porque se va generando entre las personas implicadas una vinculación de compromiso, honradez y coherencia que permite que las relaciones interpersonales y los proyectos que se vayan gestando, poco a poco, con esfuerzo, tesón y constancia, vean la luz. E incluso en ocasiones, cuando las circunstancias se tornan adversas hasta llegar a una situación extrema, que obligan a las partes implicadas a pararlas, que se halle sensatez en esa decisión de parar lo proyectado y trabajado. Eso permitirá dotar de mayor claridad a lo intentado, aprender de la experiencia y ser consciente de la adversidad de la etapa vivida. Para a partir de ahí, quedarse con lo valioso y positivo, y dejar para más adelante cualquier proyecto vital que pueda tener visos de concretarse.
        Hablamos desde el título de este artículo, de los manuscritos y de las primeras ediciones. Hablando aristotélicamente, el manuscrito es el acto de una potencia soñada, el propio manuscrito u obra. Y, a su vez, el manuscrito es la potencia de un acto soñado, la primera edición en formato libro. Podemos decir que Gutenberg y sus continuadores a través del invento de la imprenta tradujeron la potencia del manuscrito en el acto del libro. Y los viajes trasatlánticos y la dinamización de las relaciones humanas y comerciales, la mejora en las condiciones de vida, permitieron que el libro se convirtiera en un recurso básico y de primera necesidad. Aún muchos no han entendido ni asimilado ni aceptado la valía de un buen libro. Ese sencillo hecho repercute a diario en la calidad de las relaciones humanas y cívicas, dado que hay gente que no se para a coger un libro y leerlo, haciendo comprensión de lo leído, extrapolándolo a su vida y a la sus semejantes y, por tanto, a replantarse cómo vive y convive.
        Hoy en día, y junto a los compañeros Rúas y Perenne ya hemos hablado de ello, por cierto que se ha sumado últimamente a la tertulia la editora Sofía, la gente tiene móviles y no sé cuantos aparatos más. Y se sienten libres y dichosos por el número de correos, wasap y ciberamigos que envían y reciben, que tienen. Aunque a la hora de la verdad, se estén quejando de que no se entienden con su pareja, con su hija, con su vecina, con su jefa o compañero de trabajo. Y, por supuesto, no comprende como el partido político reinante en su autonomía y ayuntamiento desde hace no se cuantas décadas, siga gobernando tras sus corruptelas e incompetencias mostradas a la luz del Sol y de la Luna. Cuestiones todas esas y otras de manuscritos y primeras ediciones que se precien.
        Nos advertía Julián Marías en los años cincuenta del pasado siglo, dentro de la serie de ensayos incluidos en el Tercer Volumen de sus Obras, que para la persona de nuestro tiempo, para el científico de cualquier disciplina, se estaba ya tornando casi imposible todo lo producido sobre su materia de estudio y dedicación. Han pasado seis décadas de aquellas palabras y reflexiones, y la realidad le ha dado la razón. Se ha mostrado que supo intuir, meditar y analizar lo que ya entonces estaba acaeciendo y las consecuencias posteriores de aquello. Otro error, rectificable como cualquier yerro, de la sociedad de consumo exacerbada. Y se desvela evidente que no es necesario editar mucho sino lo bueno. Que los buenos libros, aquellos que con el tiempo se tornan clásicos, van sumando ediciones y reimpresiones en la lengua materna de quien lo escribió, y también en otras lenguas a que es traducido. ¿Hasta qué punto se tiene esto presente por el mundo editorial, lector y científico hoy? ¿Qué consecuencias está teniendo?
      Poner los recursos, cualquiera que sean esos, en manos sensibles, inteligentes, permite que sean usados y convertidos en frutos buenos y que se multipliquen. Es más, evitar que caigan en manos no diestras, evita que sean equivocadamente utilizados. Y las consecuencias es que no puedan dar los frutos esperados o necesitados. La diferencia entre lo uno y otro también radica en la conservación o en la pérdida, depende del punto de vista que se adopte, del espíritu artesanal. No es igual entrar a una tienda de ultramarino de alguien que siente y vive su oficio cortando queso y despachando especies o legumbres, que hacerlo en un macro centro donde se va a ganar un jornal porque de algo hay que vivir.
        Por eso cuando en los últimos días, cuando he recibido manuscritos y reimpresiones de los poetas Luisa, Rubén y Salvador, he sentido la alegría de seguir adentrándome en algo que merece la pena y de ello iremos dando noticias en su momento. Hasta entonces, saboread este martes sin lluvias en parte de la Península, que mañana anuncian nuevas precipitaciones que también habremos de gozar. 

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