Tertulia profunda, tarde noche mágica



Martes lluvioso por las tierras de España, aunque seguro que en algunas de ellas ha salido el Sol. Decían nuestros mayores que en martes ni te casas ni te embarques. Me imagino, cada uno tendréis vuestro punto de vista, que ciertas normas como esta también están para hacer excepciones. Y lo vamos a hacer recordando lo que fue la presentación y, sobre todo, la tertulia posterior entorno a la novela Volver a amar (la catarsis) Ediciones Atlantis, del pasado sábado dentro de los actos de la Noche Abierta de la Biblioteca Municipal Rafael Alberti de Camas. Fuimos a participar en ella gracias a la mediación de la profesora y artista Ana Triano y a la entusiasta y gentil invitación del Director de esa Casa de la Cultura, Cristóbal. Todo el personal de la misma estuvo atento, amable y facilitándonos las tareas a todas las personas que participamos.
        La tarde del último sábado de octubre estuvo llena de vivencias y emociones gracias a la labor de los hombres y mujeres que llevaron sus inquietudes y creaciones hasta la Biblioteca de Camas. En sus instalaciones y en sus amplios alrededores, personas de varias generaciones, desde abuelas hasta nietos, se dieron cita durante más de ocho horas que se prolongaron hasta las primeras horas de la madrugada. Se iniciaron las actividades a eso de las cinco, hora poética y taurina, verdad Federico e Ignacio, pero muchos días de trabajo hubieron antes para hacerlo posible.
        Ana Triano, invocando a la figura del pintor Pollock, ocupó un importante espacio con telas de estampados y colores múltiples, para hacer sentir a la nueva generación de chiquillas y chiquillos la magia real de la pintura. Con esos paños sacados de los retales de algún mayorista o tapicero, invitó a aquellos a gozar de la invención pictórica. Iban ellos caminando entre varias escaleras de pintores, que recreaban las vías del tren, el gran homenajeado de la Noche Abierta, hasta ir transitando por sus tres estaciones y paradas, y mientras tanto ir desatando su creatividad con unas sencillas botellas con pintura. Recordaba esa manera de entusiasmar y atraer hacia el arte de los pintores y creadores a la que Giner y sus compañeros de la Residencia de Estudiantes lograron hasta que la Guerra puso punto y seguido a aquella maravilla de enseñanza y convivencia.
        Un grupo de bailarinas con sus danzas árabes y bailes corales compartió espacio y tiempo con los otros artesanos y artistas congregados para convertir la plazuela de la Biblioteca en un Gran Circo al Aire Libre. Si hubiera habido un grupo de payasos o unos trapecistas, cualquiera hubiera podido decir que el Circo y su gente se habían citado allí aquella tarde noche que precedía a la madrugada del cambio de hora. Había personas naturales de Camas, de Sevilla y de otras poblaciones. Esperemos que actos como la Noche Abierta, poco a poco, puliendo los detalles, sirvan para que personas de aquí y de allá se congreguen. Que esas salten del municipio en el que viven y se acerquen a otra ciudad hermana para ir rompiendo lazos de invertebración que existen. Cuando viajamos, aunque sean cinco kilómetros al sur, al norte, al este o al oeste, nos expandimos si lo hacemos con el alma y la mente abiertos a dar y recibir. ¿Será posible? Eso ya depende de ti, de nosotros.
        Y la artesanía tuvo su espacio dentro de la Noche Abierta, porque desde hace varios milenios alfareros, tejedores y otros, han hecho posible que esos artes crezcan y perduren. Después de días bregando con máquinas audiovisuales, de haber recorrido parte del Aljarafe en otro mercadillo artesanal, Juan puso a disposición de la gente los cuencos, los incensarios y frascos de perfume.
        La tarde iba transitando en Camas, entre cafés, infusiones, pasteles caseros y algún licor. Y las colas con alegría e interés se iban sucediendo para rendir el sentido homenaje al gran protagonista: el tren y los ferroviarios. Allí estaba el antiguo Jefe de Estación, vestido como durante muchos días de varias décadas, compartiendo entusiasmado con los visitantes el recorrido por las fotografías, la preciosa maqueta y las piezas de la antigua estación y de las vías y coches de aquel tren. Las imágenes conservaban no solamente la belleza de la época sino, sobre todo, el trabajo auténtico y constante de los hombres y las mujeres que hicieron posible el progreso cotidiano en aquellos años complicados.
        Y aunque el novelista está más habituado a la tarde, la tertulia como ocurrió en los salmantinos Los directos del Milú alrededor de Volver a amar (la catarsis) emergió en la noche cuando el reloj llegó a las diez. Cualquier hora es buena para hablar con atención e interés. Sonaron las campanas, nos sentamos en la sala habilitada, y tras unos minutos presentando los por qué de esta novela y de la lectura de algunos pasajes; lo mejor emergió como siempre cuando hombres y mujeres se cruzaron palabras, vivencias y sentimientos acerca de esas dos realidades que son el amor y el desamor. Y para transitar entre una y otra, el viaje catártico que es necesario. Tatiana, llegada desde Rumanía, para hacer realidad su sueño de socióloga admiradora de Manuel Castells, nos preguntaba sobre las diferencias emocionales entre los hombres de una y otra generación. Y alzó su voz reflexiva y entusiasta para dejar el interrogante de cómo llora el hombre el desamor.
        Rosa, Montaña, Ana, Concha, Isabel, Lola, entre otras, participaron con entusiasmo, profundidad y cercanía, ayudándonos a todos los presentes y especialmente al autor a hacer el acto cercano y entrañable. Como escritor, he de decir, y lo podéis comprobar en otras crónicas, que esa empatía que se ha tejido en cada una de las presentaciones muestra esa energía compartida y la importancia del tema tratado en nuestro tiempo. Puedo decir que me alegro aún más ahora de haber elegido el tema para novelarlo. Ha pasado un año y la novela está viva, ¿por qué?
Y la tertulia también se adentró en las vicisitudes que implica hoy editar, publicar y promocionar de la mano de la reflexión del escritor Teo Palacios, y de los otros participantes que se animaron al fragor de las meditaciones y sensaciones compartidas. Vivencias que traspasaron las paredes de la Rafael Alberti, cuando los estómagos y paladares ya pedían su espacio y tiempo, para continuar luego con un sencillo tapeo nocturno cuando la luna nos alumbraba en compañía de ellas y de Vicente, Antonio, Carlos, Andrés…

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