Timbres de voz estresados



Estamos en víspera de fin de semana, ¡qué bien el descanso para todos los que estamos liados con las tareas cotidianas! Aunque mirado con detenimiento, el descanso se vive cada vez que paramos en nuestras ocupaciones, sobre todo, cuando salimos del trabajo o terminamos de hacer los quehaceres del hogar. Sin embargo, mi amigo el Dr. Perenne, con quien he estado desayunando hace un rato, me ha puesto ojo avizor sobre otra realidad de nuestro tiempo. Estos médicos, sobre todo, si alcanzan el grado de Doctor en los planos intelectuales y de la vida diaria, son maravillosos porque nos ayudan a mirar a donde pocos miran, pero hay que observar porque nos aporta información sensible sobre el devenir de la gente.
        Me comentaba Perenne entre sorbos de café y te rojo –servido este último con rodaja de limón, para que la garganta sienta sus propiedades balsámicas–, que descubrirás a quien vive entre el estrés, la ansiedad y el ombliguismo por su timbre de voz. Al hacerme ese apunte Perenne, me eché la mano izquierda a la barbilla y comencé a escucharle con especial interés.
¿Y cómo es el timbre de voz de los estresados? –le cuestioné a mi colega.
        Pues fíjate, amigo, como la persona estresada y ansiosa quiere que todo el mundo y el Mundo giren alrededor de ella. Tiene un timbre de voz que reverbera sobre el cielo de su boca. Su timbre de voz produce un eco que impacta sobre la bóveda de su paladar y ese sonido lo emite hacia fuera sin apenas abrir los labios ni su quijada. Le sale interdental el sonido pero con la fuerza agresiva que genera precisamente esa reverberación sobre el cielo de su boca.
        Curiosa descripción y análisis, amigo Perenne, ­–le indiqué. Y andándome cada vez más metido en la conversación y curioso sobre el asunto, le cuestioné, ¿qué otros síntomas, actitudes y comportamientos presenta una persona así?
        Perenne tomó su taza de café bombón, le dio un sorbo, la saboreó en el interior de su boca, y tras darle un bocada a la tostada de pan con aceite que estaba tomando, me señaló:
        – Es una persona que gesticula de manera impetuosa, desordenada, agresiva, cuando habla. Tiende a querer llevar la razón siempre o en la mayoría de las ocasiones. Vive en actitud de alerta y desconfianza hacia la gente con la que trata con frecuencia a diario, o con quien se relaciona ocasionalmente.
        Ahora fui yo quien le di un nuevo trago al delicioso te que me había servido la bella y excelente camarera de la cafetería, una morena de ojos verdes, digna de una paleta de Sorolla o Picasso, y le indiqué a Perenne: pues casi todos los políticos de cualquier partido presentan esos rasgos.
        Sí amigo, pero también muchos profesionales de la administración, de las empresas, de los sindicatos, amas y amos de casa, hasta abuelos. Cuando precisamente a la edad de ser abuelo más gozosamente habría que estar disfrutando de la vida. Hay abuelos que parece que son hermanos gemelos de dictadores que conocieron y a los que tuvieron que soportar durante parte de su trayectoria vital. ¡Viven estresados!
        Miré emocionado a aquel médico, ante la sensibilidad y coherencia con la que Perenne se estaba expresando, y comencé a pensar en la gente que conozco y vive así. Camareros de bares, cajeros y personal de mantenimiento de supermercados, delegados comerciales, profesores, … Hasta hay bebés estresados, ante lo que en mi interior me pregunté –¿será ya ese estrés en los niños algo genético o algo vivencial? ¿Qué incidencia tiene cada posibilidad en la realidad de esos pequeñazos?
        La inteligente Paola, la morenaza, metro setenta y seis, que nos suele atender, se vino hasta nosotros y con gentileza y elegancia nos sirvió un par de vasos de agua mineral. Cortesía de ella y de la casa a los clientes leales. Sonreímos Perenne y yo ante tan delicado gesto femenino, y bebimos la mitad del agua degustando el maravilloso sabor del líquido elemento. ¡Esto es vida!, pensábamos al unísono Perenne y yo, mientras el agua caía desde el interior de nuestra boca hasta la profundidad de nuestros estómagos, para alojarse en ellos con el placer y la suavidad de quien sabe masajear con la yema de los dedos. Beber un café o un te; tomar una sana tostada; sentir la pureza del agua cayendo sobre la faringe y la laringe; una grata conversación; una flor femenina que aparece delante para recordar la belleza clásica. Eso es vivir, amigas y amigos del Rick. Mañana un poquito más, sin prisas, como los buenos artesanos. Y mientras tanto, saca un hueco para homenajear al Ars Amandi. 

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